Benito festeja el único gol de los amarillos ante el Sporting. / cober

La UD sonríe pese a otro atraco (1-0)

Benito vacuna a un pobre Sporting en un encuentro de un solo color y marcado por el gol injustamente anulado a Enzo

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA Las Palmas de Gran Canaria

Que en el abono de la UD pone en letra pequeña que este equipo nació y morirá sufriendo no lo duda nadie. Por eso es tan bonita ser amarillo. Con la soga apretando el cuello se presentaron los de Mel contra el Sporting, sabedores de que otro pinchazo les sacaba de los playoffs de ascenso. Pero Las Palmas se aferró a su plaza con corazón y fútbol. Ni otro error grotesco del colegiado, que siempre caen en contra, todo sea dicho, frenó la resurrección insular. Apareció Benito, que está completamente loco y en pleno idilio con el gol, para estallar el éxtasis en el Gran Canaria. Así fue como llegó la ansiada victoria. Un triunfo que espanta la crisis y que devuelve la sonrisa.

Solo hubo un rival sobre el césped. Lucía camiseta amarilla y tenía sed de puntos. Además, contaba ese equipo con un mago que ama ganar. Porque anoche había que dar un golpe sobre la mesa y Jonathan Viera se encargó de romper la madera de tal puñetazo que pegaba cada vez que conducía la pelota. De hecho, con la visión del mediapunta llegó el tanto de Benito. Lo encontró el de La Feria y el aldeano negó otro destrozo que habían cantado Arcediano Monescillo y el VAR. Ni con esas se vino abajo Las Palmas, que tiró de raza y coraje.

Todo empezó entre el toque suave y coral de la UD en el inicio del duelo, llegó el primer avisó del Sporting, que lanzó un balón al galope de Rodríguez. El extremo la dejó en la frontal para que Gaspar la rompiera, pero le salió al centro de la puerta y ahí respondió bien Raúl Fernández. Solo corría el minuto 5 del choque y a Viera ya le habían tirado al césped en varias ocasiones. No iba a permitir Las Palmas otro tropiezo más y hasta Jesé corrió hasta la zona de Cardona para robar un balón.

Con el paso de los minutos, el dominio isleño se agigantaba, pero no terminaban los amarillos de encontrar el pasillo hacia el gol. Caracoleos de Moleiro por aquí, galopadas de Cardona por allí. Eso sí, nadie le llevaba la pelota a Jesé para que se midiera con Mariño. En uno de sus desmarques Lemos le metió un pase por arriba al ariete, que controló de manera acrobática, pero se le echaron encima los defensas. Era un quiero y no puedo. Mucha posesión, escaso peligro. Eric, que volvía al once, apagaba cualquier chispa que pudiera provocar fuego atrás. Todo señalaba al empate al descanso y así fue, polémica incluida. Porque a Enzo le anularon un gol por un fuera de juego posicional de un Viera que no estorbaba en la visión del meta visitante. Otra más de los árbitros. Y van unas cuantas. El mediapunta la acarició en un disparo de falta que entre Mariño y el palo negaron.

Le había fastidiado la enésima injusticia a Las Palmas, que salió de vestuarios con aires de grandeza y hambre de gloria. Mordió y metió a los asturianos en su campo desde el primer minuto del segundo acto. En el 54 la tuvo Clemente tras una jugada trenzada de los amarillos, pero sigue negado el tinerfeño, que se estrelló con Mariño cuando tenía toda la portería para elegir hacia dónde quería mandar la bola. Y Viera, otra vez de falta, casi hacía explotar al público, pero su disparo se abrió más de la cuenta. Estaban cerca los de Mel, que no paraban de asediar. Lemos, en el 60, se topó con la madera y a Clemente, en el rebote, se la sacaron debajo de los palos.

Quien no iba a perdonar era Benito, que está casado con el gol. El aldeano suplió a Óscar, se arrimó al carril derecho y desde ahí vio la luz. Porque Viera encontró una autopista y el aldeano, con algo de fortuna en su disparo, pues tropezó en dos rivales, ajustició los méritos de la UD. Tardó en entrar la pelota, pero ya mandaba en el marcador Las Palmas.

Fue una victoria por la mínima y trabajada hasta el final. De las que saben. Uno, porque evita un atraco a mano armada en otro error grotesco de los árbitros contra los insulares. Dos, porque la Unión Deportiva necesitaba un triunfo para salvar su puesto en promoción de ascenso. Y, de paso, aleja la crisis de resultados para volver a creer.