Siniestro total en Córdoba (4-1)

Las Palmas firma el mayor ridículo de la temporada en tierras andaluzas tras perder por un contundente 4-1. El gol de Rubén fue un simple espejismo. La nave amarilla volvió a naufragar a domicilio y se despide virtualmente del ascenso.

DANIEL HERRERA

Pese al dominio de pelota destilado por los amarillos, el juego de la UD se antojaba edulcorado y algo estéril por momentos, algo que le otorgó más que oxígeno a los andaluces, que se sentían cómodos verticalizando el juego en diversas fases.

Salvo una ocasión de Araujo en el minuto 8 tras pase de Galarreta, el encuentro entró en una fase anestesiante, con poco chicha y muchos nervios en un Arcángel que se antojaba en un campo poco propicio para la épica.

Ya en el ecuador de la primera parte, el encuentro se animó tibiamente en ambas áreas, iniciando las hostilidades Jaime Romero en el 23’, con un remate desde fuera del área que se marchó por encima del larguero.

Dos minutos después, los isleños destilaron por fin un pequeño destello de fútbol asociativo, con Danny Blum asistiendo a un Rafa Mir que estuvo a punto de sellar el 0-1, pero su testarazo terminó siendo abortado por el cancerbero local al borde de la línea de gol.

Sin embargo, aquel fogonazo resultó ser un espejismo, ya que en el 28’, Jaime volvía a acechar la trinchera visitante, ahora con un remate con la izquierda desde el costado derecho que terminó alojándose al palo contrario. Nuevamente, la defensa amarilla volvía a hacer aguas.

En la reanudación, Paco Herrera apuró sus cartuchos ofensivos metiendo en el campo a Rubén Castro, en este caso sacrificando a un Danny Blum que estaba siendo lo más rescatable del once amarillo. Pero le salió bien la jugada.

Al minuto 56, y sacando petróleo de un barullo entre Mir y Araujo, el grancanario supo arañar un balón en el área para firmar el 1-1 en un tiro raso y cruzado. Oxígeno inmediato para un equipo que se veía en coma hasta el momento.

Pero el aire, irónicamente, no dio para más. Pese a que eran los mejores minutos de los visitantes, de nuevo el Córdoba golpeaba con una segunda diana, esta vez a través de Federico Piovaccari, que había salido al campo y, simplemente, pasando por el área, enganchó un remate a quemarropa que batió al guardameta amarillo (2-1, min. 65).

Pero la hemorragia se hizo mayor en el 73, que de pasar a un posible 2-2, con un remate a ras de suelo de Araujo, se terminó desembocando en el 3-1, con un remate desde el centro del área de Andrés Martín que le llevó a dictar sentencia (minuto 73).

Pero el siniestro amarillo siguió a niveles casi oníricos y surrealistas. Al 84, una cabalgada de Federico Piovaccari propició el 4-1, para más sorna. Ni mucho menos fue el slálon de un tal Mbappé o Ronaldo, pero daba igual. La defensa no se veía capaz de desactivar los ataques cordobeses y el naufragio ya se había vaticinado media hora antes.

Las dudas se multiplican ahora en el proyecto amarillo, que prácticamente se despide de cualquier objetivo que no sea ahora la permanencia.