«Sin la UD, el fútbol se hubiese muerto en Gran Canaria»

22/08/2019

En octubre cumplirá 95 años. Conserva los detalles al milímetro goza de una salud envidiable, lo que le permite ocupar su butaca cada quince días en el Gran Canaria «aunque tenga que coger un avión desde Lanzarote», donde pasa largas temporadas de descanso. Testigo privilegiado de la vida de la UD desde su fundación en 1949, es testimonio obligado e imprescindible.

— Usted ya estaba allí, al pide del cañón, cuando se funda la UD en 1949...

— Así es. Entonces colaboraba con varios medios de comunicación, compatibilizando esa gran afición mía por el deporte con mi profesión de funcionario de la Marina. Llevaba cuatro años en Gran Canaria tras haber llegado de Valencia, la tierra en la que nací. En 1949 todavía no había entrado en Radio Las Palmas, pero ya escribía en Canarias Deportiva, Palestra o Guiniguada. Fue un privilegio ser testigo directo de aquel gran momento, de aquella fecha histórica del 22 de agosto de 1949.

— Escribía para Canarias Deportiva y, con su célebre artículo ¿Por qué ha sido así?, defendió sin rodeos la cración del denominado «equipo único».

— Es que era necesario para nuestro deporte y para el fútbol canario. Aquí los jugadores no tenían futuro porque los clubes que existían por esos años, apenas tenían masa social y medios económicos para competir a nivel nacional. Marino y Victoria eran los escudos señeros, pero, aún con la tradición que tenían, prestigiosa y respetada, su número de socios era muy reducido, al igual que la capacidad de crecer. Hay que recordar que los mejores futbolistas se iban fuera. Y eso que ya existía aquel gran estadio, el Estadio Las Palmas, luego denominado Insular, que construyó en 1944 Eufemiano Fuentes. Pero nos faltaba ese gran equipo... Y hay que reconocer que la unión entre Marino y Victoria, sin desmerecer a los otros tres equipos, fue clave. Sin el Marino o el Victoria hubiese sido imposible. Por suerte, se alcanzó el acuerdo entre los dirigentes, todos cedieron, todos fueron generosos. Se eliminaron todos los equipos de fútbol en favor de la UD. Fue un gesto definitivo para que no surgieran rencillas o rivalidades posteriores. Y tuvimos el proyecto tan ansiado, tan importante.

— Que iba a ser la UD Las Palmas...

— Yo, en ese artículo al que se hacía referencia, le preguntaba al aficionado que qué ocurriría si salía campeón, por poner un ejemplo, el Arenas y debía jugar contra Real Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla en caso de subir a Primera. Y decía que no era una utopía tener un club unificador y fuerte. Ya la UD se había creado en agosto y la publicación de mi reflexión fue en octubre, cuando todavía el proyecto andaba con dudas.

— ¿Cómo se acogió en la ciudad aquella iniciativa?

— Cada barrio tenía su equipo. La capital y el Puerto. No había más. Con los años fue la locura la UD, todos a una, con colas que llegaban del Insular a las piscinas de Julio Navarro. Y de Vegueta al Puerto. Se paralizaba la vida los días de partido. Fue muy importante subir tan pronto a Primera División. Aquel ascenso de 1951 disparó todo. De repente, venían por aquí el Madrid con Molowny, el Barça de Kubala, Ben Barek y el Atlético, el Athletic de Venancio. Un sueño, vamos. Y aunque bajamos pronto, ya los cimientos estaban fuertes. La UD fue fundamental, llegó en el momento justo para salvar nuestro fútbol. Sin nuestro club, el fútbol en Gran Canaria hubiese muerto.

— Pero la UD germinó fuerte.

— Como todo, tuvo sus dificultades. Valga una anécdota: para sus primeros viajes a la península, se pensó en hacerlos en barco porque en avión los costes eran enormes. ¡Pero es que en barco se tardaba una semana en llegar desde aquí a Cádiz! Y si luego debías ir a Madrid o a Barcelona, pues todo se hacía interminable. Pero todo fue madurando, se estructuró la entidad y, repito, pisar la Primera División tan pronto resultó de providencial ayuda para que se madurara en la dirección correcta. De hecho, en pocos años la UD se consolidó en el panorama nacional.

— Y Pascual Calabuig al micrófono...

— No hacíamos retransmisiones como tales. No había posibilidad. Hacíamos un programa previo, donde explicábamos qué rival venía, sus figuras, sus características. Y, posteriormente, un resumen de lo que había pasado. Debuté en la jornada inaugural de la temporada 1951-52, cuando vino el Madrid y nos ganó 1-4. Cedrés hizo el gol del honor.

— ¿Imaginó, en los albores de la UD, que el club tendría el arraigo que hoy le permite cumplir 70 años?

— Era imposible plantearse esto en aquellos años. Se iba al día, por decirlo de alguna manera, aunque con el paso del tiempo la consolidación fue evidente. Grandes jugadores, buenos dirigentes, la afición siempre ahí, aunque a veces cundieran momentos de desánimo...

— ¿Los dorados sesenta fueron lo mejor hasta ahora?

— Teníamos un equipazo, como así lo dicen los resultados. Competirle los títulos al Madrid o al Barcelona se dice pronto y quien no lo vio puede que ni se lo crea. Pero aquella UD de Germán, de Mamé, de Tonono, de Guedes, de Martín Marrero, de José Juan o de Castellano sí supo hacerlo. Posteriormente hubo grandes equipos también y nos mantuvimos en Primera con grandes individualidades.

— Y con cantera, el sello inconfundible de este club.

— La mayoría de los grandes jugadores de la UD han sido de aquí. Y eso que el jugador canario no se caracteriza por el físico o por la lucha generalmente. Pero, claro, tiene una calidad, un don para jugar el balón, que le hace único. Así se ha demostrado en la historia.

— Nombres propios. ¿Se atreve con una selección de los jugadores y personalidades del club que más huella le han dejado?

—Complicada la pregunta porque los recuerdos son muchísimos. Juanono, Naranjo, Manolín, Germán, José Juan... Y Guedes y Tonono, que fallecieron en activo y nos llenaron de lágrimas. Como Vieira en los cincuenta. Recuerdo estar por su casa de La Isleta cuando se nos fue y ver a la gente llorando a gritos, fue desgarrador. Dirigentes destaco a Eufemiano Fuentes, a Juan Trujillo, un gran presidente y que se parece mucho a Miguel Ángel Ramírez por el ímpetu que pone en todo. Una vez perdimos en Valencia y me dijo que yo era el gafe del equipo. Nos teníamos mucho cariño. García Panasco igual. No quiero dejarme a nadie fuera. La UD ha sido demasiado grande y ha tenido grandísimos jugadores y gentes.

— ¿Qué ha supuesto para usted ser parte de la vida del club, desde su nacimiento hasta hoy?

—Un orgullo, una satisfacción, un gran privilegio. Todavía hoy voy al estadio, que conste. Y eso que estoy a punto de cumplir 95 años. Pero conduzco, veo bien y si hace frío me abrigo, que el estadio en el que jugamos ahora no es lo más cómodo del mundo.

— Habló de pasado. ¿Presente y futuro?

— Mire, cuando el club cumplió 60 años, una década atrás, percibía el mismo ambiente desangelado que ahora. En Segunda, sin ilusiones... Ahora se está notando y mucho que me duele. Ojalá el equipo comience fuerte y todos se ilusionen. Hay que volver a Primera. Es la solución.

— ¿Hasta el ochenta aniversario?

— Eso espero. Sería ya por encima de los cien años. Pero me veo con fuerzas. Hace poco pasé unos análisis y estoy como un chaval. Me lo dicen los médicos.

«Sin la UD, el fútbol se hubiese muerto en Gran Canaria»

Un periodista que marcó escuela y estilo

Pascual Calabuig (Valencia, 1924) es el periodismo deportivo en Canarias. Más de siete décadas de pasión («ni cuando me jubilé, en 1987, pensaba que lo iba a dejar y aquí sigo») y que, camino de los 95 años, sigue mostrando una perspectiva nítida y documentada de lo que ha sido la transformación social, ligada a las distintas modalidades, de la sociedad canaria, en la que ha enraizado y que siente como propia. Ejerció en varios medios escritos y ya en las ondas, en Radio Las Palmas y Radio Nacional, antes de dar el salto a la Televisión Española, se hizo una celebridad. Suya fue la primera entrevista por radio a Di Stéfano, entre otros hitos, y sigue siendo icónicas sus careos, frente a la cámara, con Guedes, Tonono, Germán y todas las leyendas de la UD. En el gremio informativo ha alcanzado todas las distinciones y condecoraciones y, pues no faltaría más como rezaba su coletilla característica, en su vitrina guarda un especial valor la insignia de oro y brillantes del club.

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