Setién de Feria y la UD de funeral (1-0)

20/04/2018

La UD salió del Benito Villamarín condenada. Los de Jémez firmaron su sentencia de muerte y el Gran Canaria presenciará este domingo el descenso matemático –salvo milagro–. Ni un tiro a portería, como si el empate arreglara algo. Al final, otra derrota. Menos mal que esto se acaba ya.

Tardó en llegar. Aguantó la UD más de noventa minutos, pero, como siempre, acabó cayendo. Y lo que es peor, sin disparar ni un solo tiro a puerta. Se limitó a defender, como si con un empate se saliera del descenso. Sometida de principio a fin por un Betis que mereció el triunfo porque, sin lugar a dudas, fue el único equipo que ayer propuso fútbol sobre el césped. Nada de nada.

Nadie imaginaba en verano que la UD iba a visitar el Benito Villamarín en tales condiciones. Enfrente, Quique Setién. Lo que pudo ser y no fue. Un técnico que maravilló a una isla y recibió el respeto de muchas partes de España gracias a su fútbol de toque. Elegante como pocos, fiel a unas ideas. Las mismas que le llevaron a decir basta y a buscarse un nuevo hogar. Y en esa casa, teñida de verde y con aroma festivo, está bordándolo. En plena Feria de Abril, no podía pasar otra cosa que no fuera un festín andaluz. Mientras, Las Palmas, preparaba el funeral al que podría acudir este domingo en el Gran Canaria.

Una temporada para olvidar. Llena de despropósitos. Uno tras otro. Y lo de anoche, uno más en la lista. Avisó Jémez de mover piezas en la previa, pero lo que no esperaba ningún aficionado era ver en el mismo once inicial una defensa de cinco hombres, Aquilani de brújula en la medular y Nacho Gil con misiones de puñal en la banda. El mejor, de nuevo, el guardameta. Y esta vez, para sorpresa de todos, no fue Leandro Chichizola. Tampoco Dani Giménez. El bético bien podría haberse dejado los guantes en el vestuario. Fue Raúl Lizoain. Paró todo lo que pudo parar. Se hizo grande y amargó la noche a Sergio León. Ya sobre la bocina no pudo hacer nada para evitar el tanto de Junior.

Saltó bien al césped el conjunto de Quique Setién. La premisa, la que ofreció durante tantos encuentros en el Gran Canaria. La monomanía del preparador cántabro no variará jamás. Toque, toque y más toque. Y se gustaron los Joaquín, Boudebouz, Fabián y compañía. Fue una delicia para el espectador local y una auténtica tortura para el grancanario.

El Betis, mágico con la pelota en sus pies, se gustaba en cada acción. Primero fue Fabián. El canterano disparó y Raúl paró. Hasta ahí, todo en orden. Luego vino una arrancada de Marc Bartra. El zaguero catalán fue dejando camisetas amarillas en el camino, se la dio a Boudebouz, que intentó rizar el rizo con una picadita para Sergio León. Primera jugada del manual de Quique Setién, con el amor por el balón como aval e idea irrefutable. El Villamarín rugía, Joaquín regateaba y Boudebouz bailaba rompiendo cinturas visitantes. Así llegó la más clara del encuentro. El mediapunta francés se fue de dos defensores amarillos y le puso un caramelo a Junior, que mandó el esférico a las nubes. La UD aguantaba como podía las acometidas sevillanas. Raúl hacía amigos y se llevaba los pitos. Cada saque de meta era un suplicio. El de Escaleritas arañaba segundos al cronómetro. Y como le gustaban los decibelios al guardameta, sacaba una mano de película para evitar el gol de Sergio León. Los de Paco Jémez defendían su fuerte y se marchaban al descanso con tablas. Demasiado viendo lo que ofrecían unos y otros. Incluso se pudo adelantar si le hubiera caído el esférico a cualquier otro futbolista que no fuera Nacho Gil. El extremo se trastabillaba solo dentro del área y se empeñaba en demostrar que no tiene calidad para Primera.

Ya en la segunda mitad, el Betis ponía toda la carne en el asador. Un contragolpe a punto estuvo de romper las tablas en el electrónico. Guardado conduce hasta la frontal, deja solo a Boudebouz, pero Sergio León se entromete y la manda al muñeco. En la siguiente, de nuevo el siete verdiblanco. Remató como pudo y Raúl se estiró como un felino para salvar a los suyos. Minutos de asedio total. Gálvez metía la pierna en el momento justo, cuando Joaquín había roto a David García y encaraba a Raúl. Estaba escapando loco el representativo, totalmente sometido al toque del Real Betis.

Jémez movía ficha y metía a Vicente Gómez. Halilovic, al banco. Nacho Gil, todavía sobre el césped. El preparador grancanario parecía firmar un punto que no le servía para nada a Las Palmas. Se defendía como buenamente podía la UD. El conjunto hispalense las tenía de todos los colores. Dani Castellano ejercía de muro e impedía que Tello viera portería. Se iban con todo arriba los locales. Mientras, los isleños no probaban las manos de Giménez. El arquero, un mero espectador del hostigamiento sevillano. Corría el reloj, entraban las prisas y se olía el nervio en la afición bética, que se veía victoriosa antes del pitido inicial. Y a falta de diez minutos para el final, Nacho Gil, si no fuera por su excesiva inoperancia, podría haberle metido el susto en el cuerpo en una contra.

Cayendo el final del partido, Macedo veía la segunda amarilla y cogía el camino del túnel de vestuarios antes de tiempo. Entrada criminal del brasileño a Guardado que pudo haberle hecho bastante daño. Casi el mismo daño que le causó la expulsión a la UD. Cinco minutos de añadido que se hicieron eternos hasta que, por justicia divina, cayó el gol de Junior. No dio tiempo para más.

Final devastador. Símil perfecto a una campaña para llorar. La Unión Deportiva no tiró ni a portería en todo el partido. Como si la cosa no fuera con ella. Se limitó a defender, perder tiempo y a esperar un milagro. Y con eso no basta. Ni mucho menos. Este domingo, casi con total seguridad, se certificará el descenso matemático a Segunda División en el Gran Canaria. Estancia lacónica la del representativo en la liga de las estrellas. El año pasado se acabó el sueño y este, al menos, parece que ya va a concluir la eterna pesadilla de un cuadro que pasó de exhibir con sonrisas su amarillo a dar lástima.

Preparen los pitos, si aún quedan fuerzas para acudir al estadio. Una temporada desastrosa a todos los niveles. Duele ver en lo que ha quedado aquel conjunto que sorprendió a todos. La vuelta al infierno, de donde tanto esfuerzo costó salir, estaba cantada con tanto entrenador diferente y casi cuarenta futbolistas. Pifias como Nacho Gil son el claro ejemplo de lo que no se debe hacer para mantenerte en la élite.