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Rubén Castro, en sus tres etapas más laureadas. c7

Rubén Castro cuelga las botas 771 partidos y 309 goles después

Fútbol ·

El delantero se retira a los 42 años siendo el máximo goleador de la historia del Betis y solo por detrás de Messi y Cristiano Ronaldo en goles entre Primera y Segunda

Kevin Fontecha

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 7 de junio 2024, 15:50

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Larga vida a Rubén Castro, leyenda del fútbol español y grancanario de nacimiento. A sus 42 años, el pistolero de La Isleta se despide del deporte que tantas alegrías le dio. Lo hace emocionado y agradecido. También dejando cadáveres de porteros rivales y varios récords a tener en cuenta. Es el máximo goleador en la historia del Real Betis Balompié, con 147 goles, y el tercer máximo artillero entre Primera y Segunda División, con 288, solo superado por Leo Messi (474) y Cristiano Ronaldo (311), casi nada. El punta se retira.

Su historia no fue sencilla, hubo baches y turbulencias por el camino. Pero las fue superando a base de trabajo y, cómo no, goles. De todos los colores, vaya. Debutó, con Las Palmas, el 21 de febrero de 2001. En la temporada 2003-2004, en Segunda División, se proclamó pichichi del campeonato con 22 dianas. Al concluir el curso pone rumbo al Deportivo de La Coruña, donde encadena varias cesiones sin pena ni gloria hasta que acaba recalando en el Real Betis (2010-11). Luego de 147 dianas con el Betis, en 2018 deja el club verdiblanco y, ese mismo año, firma con la UD Las Palmas.

En esa segunda etapa como amarillo mete 30 tantos (15 en 2018-19 y otros 15 en la 2019-20). Después se fue al Cartagena y al Málaga, donde ya no dispararía más. Ahora, y justo después de un año en blanco consensuando qué hacer, anuncia su retirada del fútbol profesional, dejando mensajes de elogio para Pepe Mel, su entrenador valedor y a quien siempre le ha mostrado amor eterno.

Cuando era un crío.
Cuando era un crío. c7

Elogios infinitos también hacia la UD que le vio crecer, le hizo debutar y le dio un nombre en el fútbol profesional y, cómo no, al Betis, donde hizo carrera hasta meter miedo a los defensas rivales. «No soy capaz de hacerme a la idea de que esto ha terminado», expuso Rubén Castro, que ya es historia viva de LaLiga.

Contra el Tenerife en el Gran Canaria. c7

Lea su carta de despedida

Me ha costado llegar a este momento. Qué digo. Todavía me cuesta verme alejado de la pelota. No soy capaz de hacerme a la idea de que esto se ha terminado. Quizás por eso he tardado tantos meses en anunciaros que mi etapa como futbolista en activo toca a su final. Lo hago porque me considero un afortunado. Aquel muchacho que se divertía en el Club Artesano, el modesto equipo de Las Palmas donde empecé, ha superado todas las barreras que ni siquiera hoy soy capaz de imaginar: disputar como delantero casi 800 partidos oficiales y celebrar como propio más de 300 goles. Con todo esto en la mochila del fútbol y de la vida considero que es el momento de dejar descansar al balón.

Me despido con cariño, respeto y admiración especialmente a dos clubes y a dos personas que han marcado mi carrera. He defendido los colores de once equipos durante más de veinte años como profesional, del norte al sur de la península y hasta una aventura en China. De todos guardo su estima porque de todos recojo maravillosas vivencias que nunca me abandonará allá donde esté. Pero tengo que ser honesto con todos: dos clubes son especiales, dos clubes los he sentido como propios. Sí, la UD Las Palmas y el Real Betis Balompié me hacen sentirme un privilegiado. Pertenecer a la historia de ambos me congratula. Con ellos, me hice mejor, me superé como persona y como futbolista y solo me queda expresar mi gratitud eterna a sus dos aficiones y a esos seguidores que me apoyaron en las buenas, y sin dejarme caer en las malas.

En esta despedida, mirar atrás me abruma. Agradezco la oportunidad que me concedieron técnicos, empleados y compañeros de esa lista interminable de equipos en los que desarrollé mi felicidad. Voy a nombrar dos muy particulares. No significa que no me acuerde de muchos otros, pero singularmente la figura de Pepe Mel se encuentra grabada a fuego en mi trayectoria. Nadie me entendió mejor que él, como con nadie me entendí en el césped como con Jorge Molina. Esos años en el Villamarín nunca tendrán fin en mi memoria.

Concluyo con el orgullo de pertenecer al mundo del fútbol, al que de alguna u otra manera seguiré vinculado, dónde si no. Hasta aquí hemos llegado y desde aquí, con humildad, buscaré seguir amando a la pelota.

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