Permuta entre querer y poder

18/10/2019

No le salió nada a la UD en el Carranza. Lo intentó de todas las maneras posibles, pero siempre pecó de lentitud a la hora de mover la pelota. El Cádiz, sin fisuras, anuló el fútbol a base de palos, con permiso, además, del árbitro. Los locales repartieron con gusto y la primera amarilla les cayó en el minuto 83. Y, encima, pitó un penalti que vio él solo.

La eterna permuta entre querer y poder. Así vivió anoche la Unión Deportiva. Plantó cara al Cádiz. Lo intentó una y otra vez pero siempre le faltó algo. Tal vez esa fluidez que regala Pedri partido sí y partido también. Lentos e imprecisos, los de Mel perdieron fútbol ante el líder de la categoría, que bien se dedicó a esperar su momento para asestar la puñalada mientras repartía estopa por los cuatro costados. Así es la Segunda División. El que golpea primero, golpea dos veces. Lo hizo el conjunto local y ya luego fue imposible toserle. Será por eso por lo que van primeros. Y, encima, si el árbitro te permite zurrar, pues puedes ir siempre con un poco más de agresividad que el visitante.

Así cayó Las Palmas en el Ramón de Carranza. Y miren que propuso fútbol y toque. Tanto que acabó con el 76 por ciento de la posesión del esférico. Pero en este deporte mandan los goles y ayer, por desgracia, el que los subió al electrónico fue el escuadrón andaluz. A los grancanarios no les salió absolutamente nada. Aunque perder en la casa del primer clasificado siempre está permitido. Mel acabó desquiciado y en el vestuario antes de tiempo. Protestó al árbitro y lo expulsaron. Estaba desatado. Luego se disculpó, pero seguía pensando lo mismo de la permisividad y del trato del colegiado.

Lo que funciona, mejor no tocarlo. Eso debe tener Mel entre ceja y ceja porque, ya con Mauricio Lemos para batallas, el único movimiento en el once inicial fue el esperado. Kirian cubrió la plaza de Pedri y Galarreta volvió a coger el timón del equipo. Y no tardó Las Palmas en funcionar. Estrenando casaca roja ante un Cádiz que asustaba debido a sus impecables números como local, el conjunto insular salió a dominar. Sin miedos y sin miedos de altura. Pase, pase y más pase. El riesgo era máximo. Los colmillos del Choco Lozano, todo velocidad, siempre estaban al acecho. Posesiones largas y con calma. No había prisas. La idea estaba clara. Para puntuar en tierras andaluzas no se podían cometer errores. En esta categoría, el que falla, la acaba pagando. Y la Unión Deportiva no quería ser la víctima, aunque acabase siéndolo. Así, con Galarreta, Fabio, Viera y Kirian combinando por el centro, el Cádiz corría y corría detrás del esférico.

Todos los acercamientos al área eran isleños. Primero fue Pekhart, con una confianza que le tiene como una moto, pero su lanzamiento se encontró con un defensa. Luego fue Galarreta desde la frontal del área en una jugada ensayada desde el saque de esquina. Faltaron bastantes centímetros, pero el equipo carburaba y no se guardaba nada. No había venido a Cádiz a especular con el marcador. Eso sí, había que tener todos los sentidos puestos en Salvi, que buscaba una y otra vez la espalda de Alberto De la Bella. Por ahí iba a sufrir el lateral, pues enfrente tenía a uno de los jugadores más verticales de la categoría.

Jonathan Viera se divertía entre regates y dejadas a los compañeros. Fabio ejercía de balanza y Las Palmas dominaba pero no llegaba a puerta con claridad. Y cuando se acercaba, ya se encargaba Fali de pegar un codazo a Viera para frenar la intentona. Para colmo, el central, que bien podría haber estado en la calle, se elevaba en un saque de esquina para batir a Josep y justificar el liderato. Así es el conjunto andaluz. Se deja someter y, cuando menos te lo esperas, te deja inconsciente de un mazazo certero y despiadado. Viera, enfurecido y pidiéndole explicaciones a Fali, no había dicho su última palabra. Las Palmas, aturdida. El Cádiz, espabilado. Olió la sangre insular y se fue a por el cuadro visitante. Solo Viera imponía algo de peligro. De la Bella y Lemos estaban desbordados entre las acometidas de Perea y Salvi. Por algo va primero el conjunto de Cervera. No regala nada y salen como cohetes.

Avisaba De la Bella con un latigazo que repelía, con clase, Cifuentes. Y por si fuera poco, saltaban las alarmas. Mantovani se tiraba al césped, entraba la camilla y Mel aprovechaba para corregir a sus jugadores. No terminaba de estar satisfecho el madrileño. Javi Castellano, que se acercaba a la banda, le pedía a Jonathan Viera que buscara más el carril izquierdo. No podía el central argentino y entraba Mauricio Lemos al lío. Se tendría que quedar el charrúa calentando en lugar de bajar a vestuarios, pues apenas dio tiempo para más. Así se marchó la UD al túnel. Cayendo por la mínima y sin haber hecho nada peor que el rival. Pero así es el fútbol.

Tras el intermedio, el Cádiz seguía exhibiendo más ímpetu y agresividad que Las Palmas. No escatimaban en la carnicería los de Cervera. Aythami erraba un pase y subía los decibelios en la grada. Lozano salía como un disparo y costaba la vida misma frenar al delantero local. Tenía que despertar el representativo y hacerlo de manera urgente. Pasaban los minutos y se iba acrecentando el nivel de dificultad para puntuar en el Carranza. Avisaba Kirian tras una galopada y un control exquisito de Álvaro Lemos a pase de su tocayo de apellido. Le pegó bien el tinerfeño, pero la muralla gaditana salió al paso y Cala, viejo conocido, taponaba el ensayo.

Para estudio también la función de Ais Reig, colegiado de la contienda. No sacaba una tarjeta ni por desgracia. A Álvaro casi lo dejan sin espalda y ni con esas. Encima, levantó la risa de la grada cuando Srnic se fue a encarar con Perea y el propio árbitro, al ir a separar, se pasó de frenada y arrolló al jugador del Cádiz. De locos.

Movía ficha Mel con la entrada de Juan por un desaparecido Srnic. Se agotaba el tiempo y costaba encontrar los espacios. Cerraba el Cádiz, que tenía el tesoro de los tres puntos muy bien encarrilado. Lo intentaba Viera con un disparo lejano que le salió muy centrado. Estaba frustrado el de La Feria. Entre patadas y marcajes lo tenían seco.

Y, en una contra cuando Las Palmas se iba a por el empate, llegó la sentencia. De la Bella tocó a Alejo dentro del área y el árbitro, con complejo de protagonista de serie mal hecha, pitaba penalti y amonestaba al lateral. Luego se fue al banquillo y expulsó a Pepe Mel. El madrileño, hecho una furia, se volvía loco en banda. No marró Álex. Acertó Josep el lado, pero no llegó. Y no era para menos. La balanza siempre se decanta a favor del rival del conjunto grancanario. Fíjense cómo fue la película, que el Cádiz se llevó la primera tarjeta amarilla en el minuto 83, después de sacar la pica y el palo durante todo el enfrentamiento. Al final se impuso el conjunto de Cervera, que a este ritmo ascenderá el mes que viene.