Luis Helguera, en su presentación del año pasado acompañado por Patricio Viñayo, director general de la UD Las Palmas. / JUAN CARLOS ALONSO

Luis Helguera y un aniversario condicionado

Mañana se cumple un año desde que el club anunció su llegada a la dirección deportiva. En este tiempo ha lididado con pandemia y fuertes restricciones

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Mañana se cumple un año desde el anuncio oficial realizado por la UD del regreso de Luis Helguera al club, después de una primera etapa como secretario técnico (2015-18), y que era fichado con máximas atribuciones al frente de la cartera de director deportivo. La repentina dimisión del italiano Rocco Maiorino por sus desavenencias con Toni Otero creó un vacío de poder en la cúpula ejecutiva que Miguel Ángel Ramírez resolvió en cuestión de horas y recurriendo a una solución conocida.

Helguera, que estaba sin destino profesional tras finalizar un ciclo reciente en el Levante, firmó contrato hasta 2023 y se subió en mitad de camino a un proyecto del que heredaba todo su andamiaje: Tonono como plenipotenciario en la cantera, un subordinado directo en sus funciones estratégicas (Toni Otero), Pepe Mel de entrenador en el primer equipo y el gran activo patrimonial ya vendido (Pedri al Barcelona). Conocía a la perfección la casa pero lo que no esperaba ni podía imaginar es que nada más aterrizar, la pandemia eclosionara y parara la competición. De hecho, su primera presencia formal con la plantilla fue en el viaje a Gijón para jugar ante el Sporting justo el fin de semana antes de que cesara el calendario.

Desde entonces, su regencia ha estado condicionada por los rigores del coronavirus y que, en la UD como en el resto de clubes profesionales, se ha llevado por delante previsiones económicas, vías de ingresos y presupuestos. Y con un margen de maniobra mínimo bajo estas finanzas de entreguerras, Helguera ha tratado de ir aplicando las correcciones que consideraba (aceptó la sugerencia de traer a un hombre de la casa como Tino Luis Cabrera para sustituir a Toni Otero en los despachos), dar continuidad a lo que entendió que funcionaba (renovación de Mel) y confeccionar la plantilla dentro de los parámetros que le han permitido, tarea más que ardua al manejar, además, una necesaria contención de gasto y reducción salarial impuesta por el fair-play de LaLiga.

La irregularidad de la UD en la competición (el curso pasado no tiró hacia arriba en el arreón final y en esta campaña todo apunta, de nuevo, a una permanencia solvente sin más) también influye en su radio de influencia que, por lo que vislumbra, va a tener que moverse en el escenario de Segunda y con la máxima categoría como reto más a largo plazo, como ya apuntó días atrás.

La creación de una base de datos actualizada, que permite un exhaustivo control del mercado con la utilización de herramientas de última tecnología, así como el establecimiento de unas sinergias de trabajo profesionalizadas constituyen sus grandes legados.

Ramírez asegura estar más que satisfecho con el balance de estos doce meses de Helguera pese a que la incorporación más rutilante llevada a cabo (Jesé) no ha correspondido a sus gestiones directas. Y, además, opina que en un entorno más normalizado, hasta ahora imposible y que se espera para los próximos tiempos en función del control del virus, los frutos de su trabajo serán más efectivos. A corto plazo, su hoja de ruta no contempla más horizonte que eludir cualquier riesgo de descenso y abordar la continuidad de Mel, asunto todavía por decidir. Luego llegará el turno de las luces largas y echar a rodar una nueva UD en la que, espera, su sello sea más visible.