La UD acaricia lo paranormal

28/01/2019

Ni contra el colista, ni jugando contra diez durante más de veinte minutos es capaz de vencer a domicilio Las Palmas. El primer tiempo fue un asedio del Nástic, que hizo de los isleños un equipo vulgar y sumiso. Momo tuvo en sus botas, en dos ocasiones, el triunfo. Lo que le pasa a los grancanarios no tiene explicación. Mejor olvidarse ya de la palabra ascenso

Otra vez la misma historia de siempre. Desde septiembre lleva la UD sin ganar fuera de casa y ayer no fue capaz de hacerlo ni contra el colista. Y eso que se quedaron con uno menos en el minuto 69 los locales. El primer tiempo fue un auténtico espanto. El último de la tabla parecía Las Palmas. Pipa, al que Dani Castellano convirtió en el Cristiano Ronaldo del United, hizo y deshizo a su antojo. La sala de máquinas patinó de principio a fin y ni en superioridad numérica pudieron los de Herrera facturar los tres puntos para la isla.

Increíble que este equipo no le gane a nadie a domicilio. Algo falla cuando, jugador por jugador, la plantilla amarilla tiene un poderío que no se demuestra sobre el verde. Es algo surrealista. Lo que le pasa a Las Palmas ya acaricia lo paranormal.

Dani Castellano puso la alfombra en su carril y convirtió a Pipa en internacional absoluto

No mentía Paco Herrera en la previa cuando avisaba que solo iba a hacer un cambio en la alineación. Dicho y hecho. Maikel por el sanción Galarreta. Araujo, al banquillo. No quiso tocar absolutamente nada el técnico. La megafonía anunciaba el dorsal ocho de la UD y el público recibía a Maikel con una pequeña pitada. El plástico rojo de las gradas escondía el recibimiento hostil a Mesa, que volvía a la que fuera su casa el curso pasado. De hecho, en el primer balón que tocó el mediapunta, cazado al vuelo, los aficionados aplaudieron.

En el inicio, intentó apretar el Nástic bajo el viento que rugía en Tarragona. Mientras, los amarillos mantenían el tipo e intentaban hacerse con el dominio el balón. Peñalba dibujaba, Eric mordía en defensa y Mesa buscaba el control del encuentro. Tenía Las Palmas una oportunidad de oro para vencer finalmente a domicilio, cosa que no lograba desde septiembre de 2018, y quería sacar los colmillos desde el primer momento de juego. Pero ni con esas iban a regalar nada los locales, que encontraban en la banda de Dani Castellano una autopista para buscar la yugular de Raúl Fernández. Un balón a la espalda del gemelo provocó el primer susto para los isleños. Pipa llegó a línea de fondo y la puso atrás, pero Cala taponó con el cuerpo el misil de Imanol.

Como respuesta, Fidel tuvo el gol tras un balón peinado de Maikel Mesa. El onubense controló y golpeó a portería, pero la defensa estuvo rápida para evitar que su golpeo acariciase la red. Le duró poco el miedo a los tarraconenses, que en el ecuador de la primera mitad ofrecían mejores sensaciones que la Unión Deportiva. Pipa probó a Raúl y el vasco tuvo que despejar como buenamente pudo a saque de esquina. Se defendían los isleños con uñas y dientes y la sala de máquinas no terminaba de carburar. Peñalba se incrustaba entre los centrales, buscando fútbol, pero todo se limitaba a un pelotazo al cielo del Nou Estadi.

La UD acaricia lo paranormal

Y entre la escasez de fútbol grancanario, Eric Curbelo salvaba los muebles en una acción en la que se jugó la roja y el penalti. Entraba Thioune solo en una concatenación de errores amarillos y un contragolpe de manual rojillo y el defensa satauteño se dejó el alma para impedir que los locales asestaran una puñalada letal. Fue al césped con todo y barrió todo el peligro. Junto con Mantovani, infranqueable por arriba, estaban siendo los dos salvavidas de Las Palmas.

Dani Castellano se empeñaba en hacer internacional a Pipa, que le desbordaba cuando le entraba en gana y con una falicidad descomunal. Peñalba y Timor no se hacían con el timón del partido. Maikel, perdido en sus guerras individuales. Rubén, un islote. Mir y Fidel, demasiado retrasados como para ser capaces de crear algún tipo de peligro a Bernabé. Y Sergio Araujo, sentado en el banquillo...

Paco Herrera pedía una tregua y ya hacía fuerzas para que llegase el descanso. Raúl perdía tiempo en cada saque de meta y la UD no se encontraba. Una estirada del arquero, justo antes de llegar al descanso, volvía a dejar el marcador a cero. Una primera mitad para olvidar. Las ideas rasposas de Las Palmas alargaban la sombra de un pasado no muy lejano y cohibían las mejoras ofrecidas ante el Osasuna. Los insulares pecaban de avezados inertes, sumidos en una depresión de fútbol y a merced de la escuadra catalana. No le daba ni tiempo a coger oxígeno al cuadro grancanario.

La segunda mitad comenzaba como mismo acababa la primera, con un auténtico asedio catalán. Intentaba levantar un muro la UD para frenar el vendaval rojillo. Mantovani sacaba la escoba para barrer peligros y sustos varios. Timor se multiplicaba en el centro del campo y Mir, el único de arriba que ofrecía chispa, intentaba galopar como le gusta.

Con el equipo amarillo enterrado en su área, Herrera movía ficha. Fidel, fuera. Lemos, al césped. Con el gallego esperaba el técnico ganar en oficio y en potencia por el carril derecho.

67 minutos duró Araujo en el banquillo. Se complicaba la cosa, con un Nástic que no dejaba de apretar y una Unión Deportiva carente de todo lo que se necesita para vencer, Herrera sabía que necesitaba una individualidad para romper el maleficio a domicilio. Se marchaba Maikel Mesa entre los pitos y los insultos de la grada y en el argentino se ponía toda esperanza amarilla para lograr los tres puntos.

Álvaro Lemos le daba otra cara al equipo y cada una de sus acciones al galope eran un peligro para los locales. El gallego, incombustible pegada a la línea de cal, sacó su guante derecho a pasear y ya se masticaba que podía caer un gol grancanario. En un centro por abajo enmudeció el Nou Estadi. Le faltaron centímetros a Rubén para conectar con el esférico. Era la última acción del ariete de La Isleta antes de dejar paso a Momo. Al de Las Torres no le quemaba la pelota.

Un balón al cielo de Raúl, con salto de Eric y Thioune, provocó que Las Palmas se quedara en superioridad numérica. El mediocentro senegalés sacó el codo a pasear y vio la segunda cartulina. Oxígeno para soñar que el triunfo podría volar a la isla.

Tras un pase de manual de Timor a la espalda de Pipa casi llega el gol de Momo. Dani pisó línea de fondo y dejó un caramelo para el que llegase desde atrás. El extremo le metió demasiada rosca a su disparo y el balón se marchó por muy poco. Era la mejor ocasión del encuentro. Jamás había estado tan cerca la UD.

El Nástic no se rendía pese a estar jugando con diez. En una falta casi llega el tanto de Noguera. Acto seguido respondió Rafa Mir con un latigazo desde la frontal. Bernabé la mandó a córner y en el lanzamiento de esquina volvieron los mismos protagonistas. Mir peinó en el primer palo y el guardameta del Nástic le negó el gol. En el rebote, Momo se topó con un defensa cuando ya todo el mundo asimilaba el 0-1. Como si la hubiera mirado un tuerto, Las Palmas empujaba y, a cinco minutos para el final, seguía sin meter. Al final, lo mismo de siempre. Cadáveres varios sobre el césped y futbolistas de renombre que no justifican sus emolumentos.

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