Viera, gran novedad en el once de la UD Las Palmas. / cober

La UD sucumbe a los golpes (2-3)

El Zaragoza, con un Christian Álvarez superlativo, asalta el Gran Canaria y factura la primera derrota como local de los amarillos

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA Las Palmas de Gran Canaria

Sucumbió Las Palmas en su feudo, lo que es noticia, porque hasta esta fecha nadie había logrado la machada en el Gran Canaria. Lo hizo el Zaragoza, además, en una exhibición de fútbol amarilla. Cosas de este deporte, el que se llevó el triunfo fue el visitante, con su meta Álvarez siendo el mejor de los maños. Viera y Benito hicieron los tantos de una UD que mereció la victoria, pero que en defensa fue un desastre.

No tardó la UD en exhibir su hambre de gloria. Presión alta, con Fabio casi por detrás de Jesé y Viera y con Loiodice también haciendo gala de tentáculos en la recuperación. Un robo del de Ingenio bien pronto causó el primer susto en el Zaragoza. Luego fueron Viera y Jesé, con una pared diabólica dentro del área, y con disparo del mediapunta, quienes avisaron. Acto seguido, en el 13, Kirian se topó con la mala fortuna, después de una buena conducción y un buen disparo desde lejana distancia. Su intento rebotó en los dos palos de la portería. Se lamentaba el tinerfeño, pero seguían mordiendo los de amarillo. Las Palmas va en serio y quiere su ascenso.

De hecho, fue una apisonadora de principio a fin. Tocando y bailando sobre el césped, cada llegada de Cardona por la izquierda era dinamita. En una de esas y tras varias paredes, la puso atrás y Viera, con el interior de su pie, se estampó con Christian Álvarez, que ya batido sacó su bota y dejaba las tablas en el marcador. El baño isleño estaba siendo grotesco en una falta pasó lo que parecía estar ya escrito. Porque esta historia la hemos visto demasiadas veces. Cogió Viera el balón. Sí, Jonathan. Ese que hace tres semanas se fracturaba un dedo del pie y al que se le estimó una baja de dos meses. Romario le dijo a todos que tirasen hacia adentro con gestos en su mano derecha. Y ahí fue el esférico. A la red. En la clase de Siete Palmas, el veintiuno siempre es el más listo.

El único lunar que tuvo Las Palmas, lo supo aprovechar al conjunto maño, que con un balón largo y un buen taconazo de Fran Gámez, subió las tablas al electrónico. No falló Bermejo, con un disparo en el 33 dentro del área. Le tocaba a la UD volver a hacer el mismo fútbol y ponerle las mismas ganas. En cambio, le costó a los amarillos encontrarse, al menos hasta que Clemente montó una contra y lanzó un latigazo con su derecha, que mandó a córner el meta visitante.

Tras el intermedio, la vida siguió igual. Viera y Jesé probaron fortuna en los primeros cinco minutos. Con Benito en el costado, que salió por Fabio, Mel hizo una declaración de intenciones. Pero en una de esas también la tuvo Bermejo, que obligó a Raúl a poner los guantes. Quien no la iba a desaprovechar era Álvaro Giménez, que puso el interior a tiro de Narváez en otro desajuste en la retaguardia en el saque de esquina. Remontaba el Zaragoza. Se le escapaba de las manos a los amarillos. Raúl tuvo que evitar el tercero, en otro desliz atrás. Intervención de mérito ante Narváez, que dio otro aire. Fue con todo el técnico madrileño, que también apostó por Sadiku. Eso llevó a Jesé al extremo izquierdo, como antaño. Y por ahí llegó el empate de la UD en el 67, con un servicio exquisito que el punta no cazó y que Benito empujó a la red con el corazón. Con la escuadra grancanaria volcada arriba, Álvaro, en el 75, volvió a dar una puñalada. El delantero metió el dedo en la llaga de una zaga que echaba de menos a Eric Curbelo. Era el 2-3. Y así morirían los insulares. De manera injusta, todo sea dicho.

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