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Desolación en Lemos, Valles, Kirian y Alex Suárez después de que la UD encajara el 1-0 que sería ya definitivo ayer ante el Leganés en Butarque. EFE
Tres minutos fatales en Leganés

Tres minutos fatales en Leganés

Después de una primera parte de dominio y llegadas, la UD cae por la roja a Aythami y, a renglón seguido, un desajuste atrás

Domingo, 13 de septiembre 2020, 07:07

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La UD regresa con las manos vacías de Leganés sin merecer tanto castigo y dejando ratos de buenas maneras, a falta de una mayor armonía y orden. Todos los equipos andan así ahora y más tras un verano que ha sido de todo menos normal. Pero si por el camino llenas la despensa de puntos, todo se hará más fácil a la hora de la verdad. La primera jornada, por lo pronto, deja la cara de resignación que queda tras un encuentro decente que penaliza al máximo, como así sucedió en Butarque. Desajuste aislado atrás, cuando ya tocaba remar con diez tras la roja a Aythami, gol del rival y no se habló más. Fue un estreno que permite conclusiones moderadas, con mucha tarea por delante en la pizarra de Pepe Mel, aunque ya es fuego real, hay clasificación de por medio y la derrota supone un pellizco de los que no gustan.

CD LEGANÉS

1 0

-

UD LAS PALMAS

  • CD Leganés: Cuéllar; Rosales, Rodrigo Tarín (Bustinza, min.80), Sergio González, Jonathan Silva; Róber Ibáñez (Shibasaki, min. 46), Rubén Pérez, Luis Perea, Dani Ojeda (Avilés, min. 66); Eraso (Juan Muñoz, min. 46) y Sabin Merino (Borja Bastón, min. 66).

  • UD Las Palmas: Valles; Lemos, Suárez, Aythami, Castellano; Kirian, Ruiz (Aridai, min. 78), Loiodice (Mesa, min. 78), Benito (Cardona, min. 73); Rober (Pejiño, min. 62) y Espiau (Mendes, min. 78).

  • Gol: 1-0, min. 74: Juan Muñoz.

  • Árbitro: Toca López (Comité cántabro). Amonestó a Rosales (m.60), Perea (m.83), Kirian (m.86), Dani Castellano (m.94). Expulsó a Aythami por doble amonestación (m.55 y m.71).

  • Incidencias: Partido disputado a puerta cerrada en Butarque.

Durante largo tramo del partido, el dominio fue propio y las mejores ocasiones correspondieron, también, el repertorio de Las Palmas. Llegar al descanso con empate sin goles ya camuflaba la desigualdad vista, con una UD decidida y con arrojo, mejor parada que el anfitrión y con hasta tres llegadas de mención. Cierto que al límite del intermedio, Valles sacó un estirada soberbia para despejar un trallazo de Dani Ojeda. Pero, en lectura de méritos y verticalidad, todos los indicadores ponían las camisetas rosas en crecida. La tuvo y no la metió en su tramo estelar y ahí se cimentó el castigo posterior porque el Leganés, con mucho menos, terminó haciendo sangre y llevándose el botín mayor. No es la primera vez que esto ocurre. Tampoco, probablemente, la última. Hay margen para aprender y minimizar daños porque la versión que se vio ayer admitará matices, mejoras y nuevos actores. Conviene, por tanto, relativizar los lamentos.

Siempre duele caer, más cuando se dieron argumentos para no hacerlo. Si esto permite crecer y sacar moraleja, terminará en el cajón de anécdotas y accidentes típicos de septiembre, un mes en el que las trascendencias no existen.

Mel no pide un delantero más por capricho. Se añora un animal de área que intuya, llegue a todas y las meta

Mel salió con lo que tenía, si acaso sorprendiendo con su apuesta arriba por Edu Espiau, que implicó la suplencia de Pejiño, a quien se le otorgaba el peto de titular. El resto entró en los cálculos, con Kirian como eje, Benito y Rober abiertos a banda y Loiodice y Sergio como escudo de seguridad, y le permitió al equipo una evolución sostenida, de menos a más y frente a un Leganés al que terminó metiendo en el fondo de su parcela y que soportó con evidentes apuros la acometida decidida del visitante. Benito y Rober, indescifrables por los costados, orientaron al área contraria cada posesión. Y se sucedió la catarata de intentos. Kirian, hasta en tres ocasiones, y Benito, con un galope marca de la casa, pretendieron, sin suerte, encontrar la red. La mala puntería o el cruce afortunado de un adversario les privó del obejtivo. Transcurría el tramo final del primer acto y todo correspondía a la UD: balón, ritmo, llegadas y control. Empequeñecido, el Leganés se limitó a cumplir en su ejercicio de supervivencia, un hábito respetable y valiosísimo. De hecho, salir sin daños de su peor tramo le permitiría, luego, asestar el golpe crucial

La UD se quedó en el amago. Mel no ha pedido más delanteros por capricho. Con Araujo recién salido de la cuarentena, Espiau por hacer y Rober acostado en una banda, ahí arriba se abre un latifundio. Por muy buenas bandas y centros que se pongan, se añora un animal de área que intuya, llegue a todas y, claro está, termine metiéndolas. Eso anda la dirección deportiva y convienen que acierten el tiro. Porque hay jugadores de buena pierna para que todo funcione si se adjunta el finalizador.

Era normal que el Leganés, candidato a todo y que defendía territorio, buscara soluciones a la trampa en la que estaba y Martí no pudo tener mayor inspiración en sus cambios. Muñoz, a la postre el goleador, Gaku Shibasaki, un pelotero de categoría, y, ya adentrado en minutos, Avilés, asistente en el 1-0 y que forzó la roja a Aythami, elevaron a su equipo. Lo que antes fue normalidad, esto es, que la UD acechara a Cuéllar, pasó a la historia y la posesión de balón, antes desigual, también se equiparó. Dio la impresión, también, de que fallaron los pulmones a los que más habían expuesto. Y entre unas cosas y otras, el encuentro avanzó, ya en sus curvas decisivas, ofreciendo riesgos, justo lo que quería evitar Mel. Tanto tiempo con la pelota lejos de Valles y, de repente, tráfico por el rectángulo propio y Aythami cargando con una amarilla. Mal negocio.

Para desgracia de la UD, poco tardó en confirmarse lo que todos temían. Aythami acabó en la calle tras atropellar a Avilés en una contra. No le quedó otra. Quizás hubiese convenido que saliera al cruce Álex Suárez, libre de cartulinas. Fue el capitán, se ganó la tarjeta roja y, a pocos segundos después, recién ingresado Cardona pero con la defensa aún en fase de recomposición, un carrerón de Avilés por la derecha, con centro raso y medido al segundo palo, no encontró oposición defensiva y sí el interior de Muñoz para mandarla a la jaula. Con diez y 1-0 en contra, Mel sacó todo lo que tenía en un abordaje desesperado. Ya era tarde. Estuvo más cerca el 2-0 que el 1-1. No era el día. Ni en las buenas ni en las malas. Pasen página.

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