Nadal celebra su victoria ante Fritz. / Adrian Dennis (Afp)

Cuartos de final

Nadal no entiende de rendiciones

El español remonta con el abdominal tocado en una tarde de épica ante Fritz en Wimbledon

ENRIC GARDINER

Su familia le pedía que se marchara, que se rindiera, que no tenía sentido seguir. Su padre y su hermana le hacían gestos. «Rafa...», musitaba ella. Nadal se dirigía al vestuario. Tenía el abdominal tocado, no podía sacar bien y los gestos de dolor eran visibles. La retirada estaba cerca, la retirada era la opción más lógica, la que hubiera escogido la gran mayoría de tenistas.

Todos quizás, menos Rafa Nadal, el hombre que emergió de su propio dolor para imponerse a Taylor Fritz (3-6, 7-5, 3-6, 7-5 y 7-6 (4)) y clasificarse a unas semifinales de Wimbledon que durante muchos minutos fueron poco más que una quimera.

Nadie en la pista central confiaba en que Nadal le pudiera dar la vuelta al encuentro cuando iba un set abajo. Los problemas físicos ya estaban confirmados y ni siquiera su gente más cercana creía que el balear pudiera salir victorioso de este choque. En toda la grada no había nadie que creyera, el único que confiaba estaba en la pista. El único que tenía fe era el propio Nadal.

A mediados del segundo parcial, después de que Nadal dilapidara un 3-1 a favor en el primer parcial y un 3-0 en el segundo, el balear se sumergió en su banquillo. No es una imagen habitual en él, poco proclive a mostrar sus emociones negativas en una pista. Pero había algo que no funcionaba. El abdominal, ese que se había protegido estos días atrás y del que no quería hablar en rueda de prensa, le estaba dando la tarde. Le empujaba a retirarse.

Tuvo que llamar al médico, tuvo que retirarse al vestuario a recibir tratamiento. Desde la grada le pedían que pusiera fin a su sufrimiento, pero él confió una vez más. Hubo unos segundos de dudas, mientras se acercaba a su silla y existía el runrún de si pararía. Cogió la raqueta, que reposaba en la silla, y se lanzó a una aventura descomunal: Remontar estando lesionado.

Ningún tenista sabe mejor que él lo que es convivir con el dolor y por eso adaptó su servicio, redujo la velocidad y comenzó a sufrir con el saque y sacar ventaja con el resto. Resurgió en el segundo set, de manera inverosímil para el público, y poco a poco comenzó a confiar en sus posibilidades.

Épico

La derrota en el tercer parcial la compensó con la épica del cuarto y el quinto, tras haber ido con rotura a favor, no podía terminar de una forma distinta a unsuperdesempate final. El primero que llegara a diez puntos ganaba.

Nadal, que había actuado de forma cauta durante casi cuatro horas, se comenzó a desatar. En los juegos previos al 'tie break' sacó el puño a pasear, avanzó las celebraciones y pegó un grito al asegurarse el desempate.

Fritz era un manojo de nervios, un tenista blando e incapaz de generar ventaja de la situación que le regalaba la lesión de Nadal. Ya cayó en cinco sets contra Novak Djokovic lesionado en Australia 2021 y aquí sufrió un destino parecido.

En el 'tie break' apenas dispuso de oportunidades, apenas se las creó. Comenzó con un manotazo de 5-0 a favor de Nadal y, aunque remontó hasta el 5-3, no volvió a acercarse. Cuatro puntos seguidos dejaron al manacorense con siete oportunidades para sentenciar esto. El partido, uno de los más rocambolescos de su carrera, cayó a la segunda oportunidad.

Nadal, de una forma inverosímil, se hizo con el triunfo en una pista central que se frotaba los ojos ante el último truco de magia de un genio del tenis. «Durante varios momentos pensaba que no podría acabar», admitió el español, con gesto serio y reconociendo a la grada el papel que había jugado. «Me da una energía especial».

La victoria le permite pisar sus octavas semifinales en el All England Club, donde se enfrentará al australiano Nick Kyrgios, que pudo con el chileno Cristian Garín por 6-4, 6-3 y 7-6 (5). Será el décimo choque de sus carreras, con ventaja de 6-3 para Nadal. Kyrgios y el manacorense se han visto las caras en dos ocasiones aquí en Wimbledon. La primera en 2014 se la quedó el de Canberra y la segunda, en 2019, Nadal.