Luzhniki proclama al nuevo rey

15/07/2018

Francia y Croacia disputan hoy una final inesperada en el estadio emblemático del torneo, dos equipos que comenzaron la competición fuera del grupo de grandes favoritos y que le otorgarán un soplo de aire fresco. Solo estas selecciones han conseguido progresar hasta el momento de la verdad.

José Antonio Pascual (EFE) / Moscú

El estadio Luzhniki, el estadio emblemático del Mundial de Rusia 2018, proclama hoy a los nuevos reyes del fútbol. Los elegidos saldrán de un choque inesperado entre Francia y Croacia, dos equipos que comenzaron el torneo fuera del grupo de grandes favoritos y que le otorgarán un soplo de aire fresco.

El nuevo rey será Francia, que tratará de obtener el segundo título de su historia, o Croacia, que intentará convertirse en el noveno campeón. Solo estas dos selecciones han conseguido progresar hasta el momento de la verdad, cada uno con su estilo, Francia y Croacia, una desde un modelo eficaz y pragmático y la otra con mayor juego combinativo y muchas angustias, con tres prórrogas y dos tandas de penaltis incluidas, pero sobre todo con una fe inquebrantable.

Didier Deschamps ha conseguido hacer una selección muy a imagen y semejanza que aquel equipo que se coronó en Saint Denis en 1998 con Zinedine Zidane estelar y decisivo al superar a la Brasil de Ronaldo en la final, aunque para ello tuvo que dejar en la cuneta en semifinales, precisamente, a Croacia, aquel equipo que sorprendió a todo el mundo y que tocó la gloria con los imborrables Davor Suker, Zvonimir Boban, Robert Prosinecki, Robert Jarni, Slaven Bilic e Igor Stimac, entre otros.

Francia ha sabido encontrar una fórmula que mezcla la sobriedad y la firmeza atrás con la calidad hacia adelante de Antoine Griezmann y el vértigo de Kylian Mbappe. Ambos se postulan, por otro lado, a ser elegidos mejores jugadores del torneo y quién sabe si al Balón de Oro y al The Best de la FIFA, galardones a los que llegaría también ese aire fresco.

Aspira también, aunque obviamente sea lo menos importante para los protagonistas, Luka Modric, capitán y referente de esta Croacia junto a Ivan Rakitic. El madridista y el barcelonista, tantas veces rivales en los últimos años y que juntos hacen tan buena pareja, forman la base desde la que se construye el fútbol de la Croacia de Zlatko Dalic. Los ajedrezados ya ha hecho historia al plantarse en la final, pero no quieren parar ahí. Estarán presentes en la grada del Luzhniki los medallistas de bronce del 98. Pero este equipo quiere escribir aún una página más brillante.

Tácticamente se presenta una final muy interesante. Habrá que ver, de partida, cómo se ha recuperado la selección croata, que llega con un choque más disputado por las tres prórrogas acumuladas desde octavos a semifinales. Por carácter, confianza y fe no será.

Francia exhibirá su equipo de gala, ese que es firme atrás con Pavard, Varane, Umtiti y Lucas Hernández, que expone músculo en la medular con Kante, Pogba y Matuidi y que busca el desequilibrio con la calidad de Griezmann, el vértigo de Mbappe y el trabajo incansable de Giroud. El centro del campo. No puede ser otro escenario. Ahí estará buena parte de la final. Saber si el poderío físico de los mediocampistas franceses podrá con la calidad de Modric y Rakitic, y con su escudero, Brozovic.

Francia, como hizo en partidos previos, intentará ahogar al madridista y al barcelonista. Si lo consigue tendrá mucho ganado. Además para su modelo es clave robar balones en posiciones ventajosas y salir a toda máquina con Mbappe y Griezmann para superar en velocidad a los Lovren, Vida y compañía.

Mientras, en el otro sentido, Rebic, Perisic y Mandzukic, el trío ofensivo balcánico, tratarán de ser de nuevo una pesadilla en el trabajo de presión y en la búsqueda de espacios para hacer daño al conjunto galo. Perisic, no obstante, es duda, pues no se ejercitó en la última sesión preparatoria. De no llegar a tiempo uno de los héroes de la semifinal su sustituto podría ser Andrej Kramaric.