Mazda

Mazda CX-5, de dentro hacia fuera

26/05/2017

Seis años han transcurrido desde el debut del SUV japonés de la serie 5, periodo en el que ha acaparado un 25 por ciento del volumen de ventas de Mazda, con más de un millón y medio de unidades comercializadas.

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Dicen que lo que funciona es mejor no tocarlo en demasía, premisa que Mazda ha aplicado a la segunda generación del súper ventas CX-5, cuya evolución estética ha tendido a minimizarse. De hecho, el fabricante hace mucho más hincapié y profundiza en la evolución del habitáculo, sometido a la corriente “Jinba Ittai”, donde el factor humano tiene prioridad sobre el resto de consideraciones, fusionando hombre y máquina.

En cuanto a dimensiones, el nuevo SUV compacto es 10mm más largo que el modelo al que sustituye (4.550 mm) y 35mm más bajo (1.680mm), conservando la distancia entre ejes (2.700mm) y aumentando ligeramente el ancho de vías hasta los 1.595mm. Del mismo modo, el pilar A ha retrocedido 35mm, mientras que el frontal muestra una expresión más baja y ancha debido a la incorporación de unos nuevos grupos ópticos más estilizados y posicionados en un plano inferior.

El logo de Mazda embutido en la parrilla alada cobra mayor tridimensionalidad, pues la trama de la rejilla disfruta un diseño en forma de pirámide, curvada suavemente hacia el interior (estilo Aston Martin), que acentúa la profundidad.

De perfil, la línea de cintura es ligeramente más baja, quedando resaltada por la coloración en negro de los pilares B y C, evolucionando hacia la elegancia y la sutilidad de las formas, con el remate en la incorporación del nuevo color ‘Soul Red Crystal’, cuya profundidad y brillo forman unos reflejos y dibujan los volúmenes del CX-5 con suma sensualidad.

Otros ocho colores componen la paleta del nuevo CX-5: Machine Grey Metallic, Sonic Silver Metallic, Titanium Flash Mica, Eternal Blue Mica, Deep Crystal Blue Mica, Jet Black Mica, Snowflake White Pearl Mica y Arctic White.

Los ocupantes, lo primero

Con un meticuloso análisis y desarrollo de cada uno de los elementos que componen el habitáculo, Mazda ha llevado al CX-5 a un nuevo nivel, en el que sus ocupantes reciben una atención exquisita por el detalle, en la búsqueda de la excelencia, comenzando por el conductor, hacia quien se dirigen los elementos de control principales, comenzando por el cuadro de mandos que queda frente a su vista.

Mazda se ha desvinculado de la típica configuración del display central TFT flanqueado por velocímetro y tacómetro, desviando hacia el extremo derecho la pantalla de información de 4,6 pulgadas y agrupando los instrumentos de velocidad y revoluciones a la izquierda.

Otra importante aportación es la elevación en 40mm la altura de la consola central y, por ende, de la palanca de cambios, quedando más a mano no solo el manejo de la caja, sino el pomo giratorio del sistema multimedia MZD Connect, además del mando del volumen de audio utilizable por el acompañante.

Mazda ha colocado en lo alto del salpicadero la pantalla de 7” del sistema de infoentretenimiento, el cual acoge todas las funcionalidades como telefonía, navegación, comunicación, música, configuración del vehículo, etc, además de ofrecer la posibilidad de descargar aplicaciones propias de la marca con el fin de controlar el estado y uso de algunos sistemas del vehículo, como el freno regenerativo i-ELOOP.

El volante presenta un nuevo diseño en el que destaca la parte central más pequeña y los detalles metálicos satinados más estilizados. Por otro lado, se ha hecho un especial esfuerzo en el confort y nivel de sujeción de los asientos, tanto delanteros como traseros. Estos últimos presentan una disposición 40/20/40, con posibilidad de reclinar los respaldos en dos etapas: 24 y 28 grados.

Como novedad en la serie 5 y elemento opcional, se ofrece el portón trasero eléctrico, accionable directamente en los bajos de éste, o pulsando el botón situado junto al puesto de conducción, o desde el mando remoto de la llave, dando acceso a un volumen de carga de 506 litros, incluyendo el compartimento inferior del plano del maletero, cuya capacidad ha crecido hasta los 30 litros.

Tres son los acabados que conforman la gama CX-5: Origin, Evolution y Zenith, con un generoso nivel de equipamiento desde el modelo de acceso, cuyo precio arranca en 26.600 euros, un costo ligeramente superior al del modelo saliente, pero con una dotación muy superior.

Tres motores, dos cambios

Fiel a la tecnología SKYACTIV, el fabricante japonés ofrece una motorización 2.2 turbodiesel con dos niveles de potencia, y una 2.0 gasolina atmosférica, con la particularidad de que ambas comparten relación de compresión: 14/1, anormalmente alta para un gasolina y baja para un diesel, si bien es cierto que la pérdida de adeptos al concepto ‘downsizing’ ha acabado dando la razón a Mazda y sus generosas cilindradas de alta compresión.

El propulsor de gasolina, atmosférico de 2 litros, es capaz de ofrecer 165 CV en versión tracción delantera y 160 CV en tracción total, con un nivel de consumo de 6,4 litros y 149 g de CO2/100 km en emisiones, pudiendo ir acoplado a un cambio automático o manual, ambos de 6 relaciones.

En turbodiesel, la potencia arranca en 150 CV para un consumo de 5 litros/100km, quedando coronada la gama por la versión 175 CV, en la que destaca su abrumadora cifra de par: 420 Nm a 2.000 rpm.

En todos los casos es de reseñar el contenido peso que Mazda ha logrado en el nuevo CX-5, partiendo de los 1.360 kg de la versión 2.0 gasolina con tracción delantera y cambio manual, lo cual le permite lograr unos aquilatados valores de consumo, además de la característica agilidad de movimiento de la firma nipona, enfatizada con la incorporación del sistema GVC (G-Vectoring Control).

Éste se encarga de optimizar la maniobrabilidad del vehículo disminuyendo a aumentando el par que reciben las ruedas motrices en aceleración o frenada, provocando una ligera transferencia de masas que facilita el guiado del CX-5 sin que el conductor prácticamente perciba las oscilaciones.