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Lewis Hamilton celebra su victoria en Mugello. AFP
Hamilton sobrevive a la masacre de Mugello
GP de la Toscana

Hamilton sobrevive a la masacre de Mugello

El británico gana una carrera que tuvo tres salidas, dos banderas rojas y varios accidentes, uno especialmente grave en el que estuvo involucrado Carlos Sainz

david sánchez de castro

Madrid

Domingo, 13 de septiembre 2020, 07:04

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El Gran Premio de la Toscana, cita posiblemente única en la historia de la Fórmula 1, acabó con la victoria del de casi siempre, con segundo el que normalmente acaba segundo y tercero un piloto del único equipo que les puede dar respuesta. Sin embargo, el desarrollo de la misma fue de todo menos normal.

Lewis Hamilton ganó a Valtteri Bottas y a Alex Albon, que suma su primer podio en Fórmula 1 tras rozarlo en varias ocasiones. Hasta aquí puede ser un resultado más o menos previsible, si no se tiene en cuenta que sólo acabaron doce pilotos de 20 y se vivieron tres salidas desde la parrilla merced a dos banderas rojas por sendos accidentes, especialmente grave el primero.

Desde la misma salida ya se vio que iba a ser una carrera inusual. Hamilton se marcaba un Bottas y se quedaba clavado en la arrancada, mientras su compañero era quien tomaba el liderato. Verstappen perdió todo su motor antes de llegar a la primera curva, lo que le mandó al final de la parrilla. Verse en el pelotón, en la siempre caótica primera vuelta de un GP y en un circuito muy estrecho no era el mejor presagio para él, y acabó como en la anterior carrera: abandonando. En esta ocasión, él y Pierre Gasly (ganador en Monza) acabaron empanzados en la grava, con Grosjean y Räikkönen como supervivientes. La consecuencia fue la salida de un coche de seguridad, el gran protagonista del devenir de la carrera.

El reagrupamiento de la carrera en la segunda vuelta le vino bien a Carlos Sainz. El madrileño había cometido un trompo cuando estaba intentando pasar a Lance Stroll, con lo que verse pegado a los de arriba le permitió ser optimista de cara al resto de la carrera. El problema llegó con la reanudación. Ocho vueltas después, la nueva normativa de la FIA sobre los coches de seguridad quedó al descubierto.

Bernd Maylander, piloto del coche de seguridad (rojo en esta carrera en honor a los 1.000 GPs de Ferrari), apagó la luz de su Mercedes SLS muy tarde y obligó a que los de atrás frenasen de golpe, ya que está prohibido que les adelante antes de la línea de meta. El cambio normativo es clave aquí: antes había una línea del 'safety car' que estaba más atrás y que daba un margen para que el pelotón se reagrupase antes de reiniciar la carrera a alta velocidad. A Bottas y Hamilton no les afectó, dado que estaban tras ellos, pero sí a los de atrás: se provocó un efecto acordeón, que obligó a ir frenando a todos… hasta que Kevin Magnussen clavó los hierros y provocó el caos. Algunos le esquivaron, pero Nicholas Latifi, Antonio Giovinazzi y Carlos Sainz no. Las imágenes de los coches subidos unos encima de otros asustan. De no ser por el halo, el Alfa Romeo de Giovinazzi habría acabado encima del McLaren de Sainz. Este incidente traerá mucha cola.

Dos reinicios de carrera

La consecuente bandera roja para retirar los coches que se habían quedado en la recta de meta propició una nueva salida desde parrilla. Esta vez Hamilton no se quedó clavado, sino que fue Bottas (algo más habitual). Empezó entonces el paseo del hexacampeón hacia su 90ª victoria, mientras por detrás había pelea a tres bandas entre Daniel Ricciardo, Alex Albon y Lance Stroll, una vez que el impotente Charles Leclerc se hundía lastrado por un SF1000 que tiene más de John Deere que de Ferrari.

El guión de esta carrera tenía escrito un nuevo golpe, nunca mejor dicho, de efecto. Se lo dio Stroll, que soñaba con sumar su segundo podio consecutivo, y que acabó impactando con violencia contra las protecciones de la segunda Arrabiata. Fue tan fuerte que las barreras quedaron destrozadas y hubo que parar, de nuevo, la carrera. De nuevo, el coche de seguridad quedó en entredicho antes de la bandera roja, ya que se equivocó de Mercedes a la hora de neutralizar el pelotón y en lugar de parar a Hamilton, que iba líder, para reagrupar a todos, lo hizo con Bottas, lo que dio una ventaja muy grande al británico. El parón evitó mayores problemas.

En la carrera al sprint a 13 vueltas todo quedó visto para sentencia en el momento en el que Bottas aguantó los envites de Ricciardo, primero, y sobre todo de un Alex Albon que se conformó con un tercer puesto que, de momento, es su techo en la Fórmula 1. La nonagésima victoria de Hamilton le coloca a sólo una del récord absoluto de Michael Schumacher. Salvo sorpresa, en dos semanas le igualará en Rusia, un trazado anodino y sin salsa que no gusta ni a pilotos, ni a técnicos ni a espectadores (que habrá en las gradas, como hubo en Mugello). No se espera espectáculo... salvo que haya coche de seguridad.

Sainz: «No se debería volver a repetir»

No fue el peor accidente de su vida en Fórmula 1, porque lo ocurrido en Rusia 2015 aún está muy presente en su memoria, pero sí uno de los que podría haber tenido consecuencias en más pilotos. Nicholas Latifi, Kevin Magnussen, Antonio Giovinazzi y Carlos Sainz se estrellaron por culpa de un fallo, cuyo responsable no está claro aún: bien el coche de seguridad, bien Bottas o bien la FIA por esperar demasiado para avisar a Bernd Maylander. Sainz lo vivió en primera persona, y no oculta su preocupación porque esto se repita. «Estoy contento de que todo el mundo esté bien. Aparte de la frustración de no haber podido acabar la carrera, lo que ha pasado hoy es una situación muy peligrosa, que recuerda a otra que sucedió el año pasado y que no quiero recordar ahora. Cuando vas a 250km/h y te encuentras coches parados en medio de la pista es una situación muy peligrosa que no se debería volver a repetir», pidió el madrileño.

Sainz se hizo daño en la mano y la muñeca, algo que visto lo visto es poco, pero el susto no se le quitará en un tiempo. «Por la mitad trasera de la parrilla creíamos que la carrera se había relanzado. Hemos tenido que frenar y ha habido un efecto dominó. Hemos ido chocando todos con todos. Yo iba de los últimos, cogiendo el rebufo del de delante para atacar, y cuando se han empezado a abrir todos y me he encontrado con el barullo de frente ha sido una sensación que no se la deseo a nadie. A velocidad muy alta. Es una situación realmente peligrosa», explicaba en Movistar F1.

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