Sergio Pérez, entre Charles Leclerc y Carlos Sainz, en el podio del GP de Singapur. / afp

GP de Singapur

'Checo' Pérez se agiganta bajo los focos de Singapur

El mexicano gana a Leclerc y a Sainz en una complicada carrera que empezó una hora más tarde por el agua en pista, con abandono de Alonso el día de su récord

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Sergio Pérez tiene cuatro victorias en su carrera deportiva, de las cuales tres son en circuitos urbanos. Está claro que el piloto mexicano de Red Bull se crece en trazados entre muros, y el complicado domingo en Singapur lo dejó patente. 'Checo' Pérez logró una victoria de prestigio, porque fue un día muy complicado. La salida se tomó una hora más tarde de lo previsto porque durante la mañana cayó un chaparrón tal que hizo temer incluso por una posible suspensión definitiva. Tanto esperaron que, de nuevo, los neumáticos de lluvia extrema se quedaron en la estantería.

Desde la salida, quedó claro que iba a ser una carrera para el mexicano. Apenas tardó unos metros en retratar, otra vez, a Charles Leclerc, que marró una vez más una pole sin convertirla en victoria. Van siete veces este año que hace primero el sábado y no el domingo, que es cuando cuenta. Esta vez se quedó a una decisión de la FIA de lograrlo, ya que Sergio Pérez fue investigado después de la meta por no respetar la distancia máxima de diez monoplazas con el coche de seguridad en dos reanudaciones.

Fue un GP de Singapur con mucho trabajo para Bernd Maylander, el piloto del 'safety car'. Seis pilotos abandonaron por diversos motivos, dos de ellos por rotura de motor (los Alpine) y el resto por diversos golpes. Los primeros fueron Guanyu Zhou y Nicholas Latifi, cuando el canadiense demostró una vez más que no sabe o no quiere mirar por los retrovisores y se llevó puesto al chino. Le endosaron cinco posiciones en la parrilla del GP de Japón, que a efectos prácticos no supondrá nada: quien sale último, último se queda.

Fue una carrera compleja con un factor que determinó las estrategias de todos: el agua. La altísima humedad de la pista impidió que se hiciera carril seco hasta el final de la prueba, aunque no llovió, lo que propició que muchos se complicasen mucho las estrategias. En estas circunstancias, uno de los más perjudicados fue Carlos Sainz, que en ningún momento se sintió a gusto. Corrió en tierra de nadie, y al final tuvo que dar gracias a que un coche de seguridad le benefició cuando pudo salir por delante de Lando Norris, con el que acabó peleando en las últimas vueltas. El bajón de rendimiento del español en esos giros determinantes acabó siendo menos importante de lo previsto, pero no quedó del todo satisfecho.

Puede dar gracias Sainz que acabó luchando con Norris y no con Lewis Hamilton, que de manera totalmente sorpresiva, no falló una, sino dos veces. En una de esas, acabó contra el muro, obligando a sus mecánicos a hacer trabajo extra para cambiarle el alerón delantero. Ahí dijo adiós a sus opciones de cajón y se tuvo que conformar con un pobre noveno puesto final.

Alpine destroza a Alonso y Ocon

Además de los citados Zhou y Latifi, también que quedaron sin completar la carrera –que una vez más acabó por tiempo y no por número de vueltas previstas– Albon, Tsunoda… Alonso y Ocon. Los dos Alpine sufrieron sendos KO por culpa de lo mismo, una rotura de motor que destrozó las opciones de ambos, especialmente del español.

El día comenzó con un homenaje del paddock al piloto con más carreras disputadas en la historia de la competición, 350 (o 351, en función de si se cuenta el polémico GP de EE UU de 2005 o no). La jornada empezó complicada para Fernando Alonso, porque no tuvo una buena salida y se vio pronto luchando por ser sexto y no tercero, como soñaba el sábado. Después de superar el primer tercio de la carrera, su defensa sobre Max Verstappen estaba siendo más que elogiada. El campeón del mundo reinante era incapaz de meterle el coche al Alpine, que sin grandes aspavientos ni una defensa férrea le estaba sujetando.

Sin embargo, en la vuelta 22, su motor decía basta. Alonso, absolutamente devastado, se sentaba con las manos en la cara, incapaz de asumir que una vez más le dejaba fuera un fallo de fiabilidad. Para Alpine, la debacle fue absoluta cuando unas vueltas después le pasaba algo similar a Ocon, aunque este fue un abandono con un sonoro 'crack' acompañado de una característica humareda blanca, señal de una rotura total de la unidad de potencia.

Para más inri, a McLaren, su principal rival por el cuarto puesto del Mundial, le salía todo bien. Daniel Ricciardo, que salía desde el fondo de la parrilla, acabó en una más que decente quinta posición, lo que unido a la cuarta de Norris permite a la escuadra de Woking adelantar a los anglofranceses en la general.

No habrá tiempo para muchos debates, porque la F1 vuelve en apenas unos días. El GP de Japón será, con relativa facilidad, el escenario donde Verstappen se convierta en bicampeón del mundo. La opción más 'fácil' para lograrlo: victoria y vuelta rápida.

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