Matías Jiménez, el Invencible, en su época de plenitud. / c7

Matías Jiménez el Invencible y otras leyendas del siglo XIX

Pese a los intentos de la nobleza y el clero de erradicar el deporte vernáculo por su pasado aborigen, las fiestas populares lo propulsaron

PEEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria

La historia de la lucha canaria dice que, después de la conquista en los siglos XVI, XVII y XVIII, el vernáculo deporte logró sobreponerse a los intentos de algunos nobles y parte del clero que buscaban su desaparición por su pasado aborigen. Fue todo baldío porque los campesinos consiguieron que se siguiera luchando como parte de la costumbre y de la tradición en las fiestas de cada lugar. Pocos detalles se tienen de estos siglos por la escasa documentación que hay al respecto.

Llegados al siglo XIX la aparición de los medios de comunicación escritos hizo que, especialmente a partir de 1850, se conocieran ya las luchas y los luchadores, casi siempre de Gran Canaria o Tenerife por lo que el despegue fue espectacular, aunque ya sobre 1892 aparecían crónicas de los luchadores de todas las islas que iban a luchar a Tenerife o Gran Canaria con más asiduidad, pues era donde se montaban los grandes espectáculos y había importantes compensaciones económicas.

Emilio Rivero en sus 'Crónicas de la lucha canaria' de los años cuarenta del pasado siglo, habló de la lucha de la media montaña, en 1834, con 402 participantes y que duró tres días, entre los luchadores del sur y del norte de Tenerife. Ahí se conoció que Pancho Melián, del norte, era el mejor de la época y tuvieron que usar malas artes para poder derribarlo, un luchador conocido como Correista. Por el sur el más popular era Cartaya, que al final quedó en pie.

Seis años más tarde nacía en San Gregorio (Telde) Matías Jiménez que tendría gran trascendencia años más tarde, cuando fue conocido por el Invencible.

En 1947 la revista 'La Aurora' publicaba una historia sobre una agarrada, con dibujo incluido. «Dos campeones ocupan el terrero; el uno es bajo, pera fornida, denota su presencia suma viveza, es del partido de abajo. El otro es alto y delgado, nótesele mucha flexibilidad en los miembros; es del partido de arriba». Así comenzaba la historia y era un ejemplo de lo que la lucha significaba para los isleños.

En los años 50, ya con periódicos y gacetillas públicas, se pudo comprobar cómo en las fiestas había grandes luchadas. Se publicaban las de Tenerife y Gran Canaria principalmente.

'El Ómnibus' del 26 de noviembre de 1856 escribía: « La afición a las luchas continúa en aumento. El domingo último en la plaza de la Iglesia de la Concepción de Jinámar se reunió de todos los pueblos de la isla una numerosa concurrencia que presenció las luchas entre los mejores aficionados de los cantones del sur contra los del norte».

Las Fiestas de la Naval, que eran una de las más populares de la isla, junto a las celebradas también en la capital por la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla, eran las que más atención tenían de los medios de comunicación grancanarios.

Igual en Tenerife

En Tenerife pasaba otro tanto, ya que las fiestas o ferias de la capital además de las de La Laguna, tenían siempre luchas que los medios publicaban. En 1853, en 'El Eco de Comercio' de Santa Cruz de Tenerife se podía leer: «Una lucha magna tendrá lugar en esta capital en los días 4 y 5 del corriente, 3º y 4º de la feria. Dará principio a las doce en punto, concluyendo al oscurecer. Lucharán los aficionados de esta Villa en unión den los forasteros y los pocos que vengan de las Bandas del Sur, con los de La Laguna, Esperanza y parte del Norte». También se hacía mención a que si se tumbaba más de un adversario tendría premios en metálicos, en función del número.

En la feria de diciembre de ese año, el mismo periódico escribía: «La luchada fue interrumpida por la lluvia a las dos y media, pero fueron premiados Julián Medina por La Laguna con 40 reales, Martin Campos por esta Villa, con 20 y Eduardo González con 80». El 15 de mayo del año siguiente, en la Feria volvía a escribir sobre las luchadas programadas para la misma. Otro medio como 'El Noticiero de Canarias' ocupaba una buena parte con las normas para las luchadas, además de los premios con uno especial de «media onza de oro al luchador que hubiera vencido a más adversarios en los dos días». El 5 de mayo 'El Noticioso de Canarias' publicó la crónica de la luchada donde ya se empezaba a conocer a un gran luchador como era Zarabanda (para otros medios, Sarabanda) ,que fue el que más contrarios tumbó.

En 1856, el 27 de diciembre, el periódico tinerfeño 'El Eco de Comercio' publicaba una noticia del Ómnibus grancanario. «Se anuncia para la primavera próxima una gran luchada dispuestos por algunos aficionados a esta clase de espectáculos; en ella parece que tomarán parte los luchadores de Tenerife contra los de Canaria, habiendo como en los torneos antiguos, premios para el vencedor. Una de las novedades que introducirán en estas luchas es la de pesar en una romana antes de agarrarse. También se piensa construir un local con capacidad suficiente para 12.000 espectadores». Esto hace pensar de la importancia de la lucha ya a mitad de siglo.

Esta luchada y aviso de construcción de un «palacio de cristal» como decía el periódico 'La Fe' del 14 de enero, pide a los luchadores de Tenerife que «mediten si las seguridades de orden, justicia y alicientes de premio serán dignas compensación de los sacrificios que tendrían que hacer para trasladarse por mar a Canaria- por Gran Canaria- y si todo merecerá el trabajo de ir a complacer allí a sus vecinos y lucir sus estraordinarias- por extraordinarias- y sobresalientes habilidades en el juego de la lucha».

En Tenerife, Zarabanda o Sarabanda, seguía haciendo en las luchadas de las suyas, derribando siempre a numerosos adversarios y en Gran Canaria comenzaba a sonar, en la década siguiente, el guiense Mariano Santana o Capitán Mariano, que se convertiría en uno de los luchadores con más fama y poder y al que se calificó como el campeón de la isla al derrotar a los luchadores del norte y del sur con los que se enfrentó.

La aparición del teldense Matías Jiménez el Invencible elevó la rivalidad entre ambas zonas geográficas de la isla y el interés por el vernáculo deporte.

El rotativo 'El País' del 15 de septiembre de 1868 se hacia eco de la gran luchada entre el Norte y el Sur y el desafío entre el Capitán Mariano y Matías Jiménez el Invencible, en la Plaza de la Feria ante unas 8.000 personas. Así lo narró en sus páginas: «La concurrencia era asombrosa. De todos los pueblos de la isla habían venido curiosos y luchadores a disfrutar del espectáculo y de la luchada monstruosa anunciada a bombo y platillo entre los valientes campeones del norte debían medir sus fuerzas con los no menos acreditados de las bandas del sur. En la Plaza de la Feria, en el nuevo barrio de Arenales, el local parecía un gran circo con sus toldos y ventorrillos. Poco incumbe a nuestro intento saber si los vencidos lo fueron por medio de levantada, el garabatillo, el cango, el desvío o la media cadera.

Propicia fue la suerte para los del sur que lograron derribar a cuarenta y dos de los de los más afamados luchadores del norte, entre ellos al célebre Mariano, conocido como Capitán, y que tan alto logro poner su nombre en la lucha que tuvo lugar en Guía el 21 de junio último en unión de los de Gáldar y Agaete contra los de Arucas, Firgas, Moya y la costa Lairaga.

El Capitán Mariano encontró un rival invencible en Matías Jiménez de Telde, quienes por convenio mutuo agarraron tres veces, siendo en todas ellas derribado el célebre Mariano, confianza de los del norte y en cuyo adalid fundamentan sus principales esperanzas, a pesar que antes el mismo Mariano había sido vencido por otro muchacho de Telde de 22 años. Sin embargo, Matías Jiménez derribando las tres veces a Mariano conquistó el lauro de la victoria, logrando ser coronado héroe verdadero de aquellos valientes atletas y nadie se atrevió a disputarle la gloria. Por parte de los del sur cayeron diez y seis. El desaliento cundió en los luchadores del norte después de ver en tierra a su capitán y convencidos, a la vista del número considerable de contrarios, que era una temeridad continuar y se dio fin a la lucha después de declararse la victoria de la banda del Sur que por su esfuerzo y valor se hicieron acreedores del aplauso de la multitud».

Rivalidades

'El Federal' del 26 de septiembre de 1869 publicaba el desafío de Matías Jiménez a los luchadores de Los Llanos de Telde.

Cuatro luchadores teldenses habían comentado que ellos ya habían tumbado a Matías Jiménez por lo que éste, en el periódico 'La Tribuna' del 18 de otubre de 1870, los desafiaba para el 23. El 1 de noviembre el mismo rotativo publicaba que tras lo ocurrido que esos bregadores, dos nuevos luchadores de Los Llanos desafiaban a Matías Jiménez. Era tal la superioridad, que en 'La Correspondencia', el 6 de noviembre de 1877, anunciaba en una carta de desafío, Agüimes y Telde, pero se pedía que no fuera Matías Jiménez. Un año más tarde, una carta dirigida al periódico 'La Correspondencia' se quejaba que en el desafío entre Matías Jiménez y Sebastián Viera se diera vencedor a Jiménez cuando, según dicha carta, no hubo decisión. Esta carta se publicó en otros medios como el periódico 'Las Palmas' y hubo unos meses de mucha polémica en los medios. La rivalidad con Viera fue importante en esa época y en 1879 y 1880 se volvía a repetir lo mismo con desafíos según los periódicos 'El Independiente' y 'La Correspondencia'.

Matías Jiménez se retiraba en 1888 y pasó a ser juez de las luchadas hasta final de siglo. La última vez que luchó, y con carácter de exhibición, fue con 66 años ante Juan Castro, según recoge Santiago Henríquez en su libro 'Historia de la lucha canaria. Telde 1870-1985'.