Carmen Martín realiza un disparo ante la guardameta austriaca Lena Ivancok. / EFE

España destroza a una mermada Austria para afrontar la segunda fase

Las Guerreras pasan a la siguiente ronda con todos los puntos y se medirán ahora a Brasil, Croacia y Japón

ELOY DE LA PISA

España certificó su pase a la segunda fase del Mundial de balonmano con una cómoda, y un punto relajada, victoria. Austria fue la víctima, como ante lo fueron argentinas y chinas. Y fue cómoda tanto por la diferencia de juego y calidad que hay entre ambas escuadras como por el brote de coronavirus que afecta a las centroeuropeas, que les hizo presentarse con solo 12 jugadores al partido que cerraba la primera fase. Demasiadas ventajas para una España que circula por una alfombra roja en este campeonato del mundo. Solo cabe esperar que la falta de rivales de mayor entidad en el primer tramo no repercuta en los momentos clave del torneo.

Lo cierto es que las austriacas salieron derrotadas al campo. Su lenguaje corporal y su ritmo de juego indicaba que su fe en llevarse el partido partía de cero. Y motivos tenían para ello. Cuatro, en concreto: las paradas de Silvia Navarro y Merche Castellanos (más de veinte entre ambas, una salvajada); la desaforada actividad defensiva de las españolas, que provocaba robos y lanzamientos complicados o directamente pérdidas infantiles; la dirección magistral de Alicia Fernández, que volvía a jugar y decidió darse un homenaje de los buenos; y la velocidad en las circulaciones, lo que suponía un desgaste añadido.

Visto que el partido tenía pocos visos de ser de esos que se atragantan, José Igancio Prades rotó mucho a sus jugadoras y buscó probar situaciones y rotaciones al objeto de buscar que sus chicas se vayan acostumbrando a situaciones diferentes para cuando llegue la hora de la verdad.

Y entre prueba y prueba, pérdida de las austriacas, contraataque de las españolas y despistes fruto de la pérdida de tensión competitiva fue transcurriendo el partido.

Austria nunca amenazó a las Guerreras. Y cuando estas se sintieron amenazadas no tenían más que apretar ligeramente, muy poquito, el acelerador y elevar la actividad defensiva para poner en su sitio a las rivales. Y, si por lo que fuera, se atascaban, no había más que mirar al banquillo de Austria: 1, 2, 3, 4, 5. Esas eran las reservas que tenía el rival. Y en estos niveles ver tanta carencia en la banda produce mucha tranquilidad.

Era claro que los problemas solo se los podían crear las españolas a sí mismas. Por obcecarse, por relajarse o por confiarse. O por entrar en el juego premioso de sus rivales. Hubo momentos en que pareció que tales circunstancias podían darse, pero fueron solo situaciones del juego, nada que deba preocupar. Porque la serie, más larga de lo aconsejable, de errores en los lanzamientos son claramente achacables a la comodidad del encuentro. No se mueve la muñeca ni se arma el brazo con la misma eficacia cuando vas uno abajo o uno arriba que cuando estás ocho arriba en el luminoso y queda aún toda la segunda parte por jugar.

Víctimas de la desesperación Austria se encomendó a la heroica en el arranque del segundo acto: ataque sin portera y a quemar la energía que quedara en una defensa agresiva hacia el frente y veloz en los desplazamientos laterales. Y España se quedó parada, sorprendida durante cinco minutos por un equipo que de pronto parecía un grupo ambicioso. Puro espejismo. Las hispanas aumentaron la cadencia defensiva, incrementaron la velocidad de circulación, provocaron la exclusión de un rival y con ello detuvieron en seco las ansias competitivas austriacas.

A partir de entonces todo fue fluyendo con la necesaria elegancia como para divertir al entregado público de Torrevieja. Empezaron a gustarse las españolas, que sin perder el respeto a un rival que se diluía a cada segundo que descontaba el reloj buscaron la fantasía en el ataque -rosca va rosca viene de Carmen Martín, pases de dibujos animados- y la contundencia en la línea propia pese a ciertas descoordinaciones en los cambios que provocaron conceder más lanzamientos de siete metros de los aconsejables.

Ahora llegan Japón, Croacia y Brasil. Las sudamericanas, desde luego, palabras mayores y el gran rival de la segunda fase, pero si las Guerreras siguen manteniendo el juego rápido y la intensidad defensivas, serán ellas las que asustarán.