Inaugurados los Juegos de Invierno de Pekín bajo el boicot diplomático occidental

Tras la Olimpiada de verano de 2008, la capital china vuelve a deslumbrar con otra espectacular gala que aboga por «un futuro compartido» pese a la tensión internacional

PABLO M. DÍEZ Enviado especial a Pekín

Pocas veces un lema olímpico, 'Juntos por un futuro compartido', podrá estar más alejado de la realidad que se vivió este viernes en la inauguración de los Juegos de Invierno de Pekín 2022. A pesar de los nobles intentos del olimpismo por unir a los países a través del deporte, la grada de autoridades escenificaba la nueva Guerra Fría a la que se enfrenta el mundo, recrudecida además por la pandemia del coronavirus.

Con el boicot diplomático de Estados Unidos y otras democracias occidentales contra el autoritarismo de China y la represión en Hong Kong y Xinjiang, al presidente Xi Jinping solo lo acompañaban una docena de dirigentes donde los más importantes eran su homólogo ruso, Vladímir Putin, y el príncipe de Arabia Saudí, Bin Salman. A la ausencia de diplomáticos estadounidenses, británicos, canadienses, australianos o japoneses se sumaron a última hora los indios, molestos porque uno de los relevistas de la antorcha olímpica había sido uno de los soldados chinos heridos en una escaramuza fronteriza a palos, pedradas y puñetazos que acabó con varios muertos en ambos lados. Una clara muestra de que las proclamas olímpicas van de cara a una galería, la internacional, y la propaganda política del régimen a otra, la doméstica, para seguir exacerbando el nacionalismo gracias al imparable auge de China.

Buena prueba de ello es la ovación que recibió Xi Jinping al entrar en el estadio acompañado del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach. Xi, que lleva sin salir de China desde que estalló la pandemia en Wuhan hace ya dos años, apareció con mascarilla, no como en los cónclaves del Partido Comunista que preside a cara descubierta porque el coronavirus está en este país mucho más controlado que en el extranjero. Una eficaz política de 'covid 0' que, como se puede ver en la burbuja bajo la que se celebran estos Juegos, legitima aún más al régimen y llena de orgullo a sus ciudadanos junto a estos grandes fastos.

Por primera vez en la historia, una misma ciudad, Pekín, acoge los Juegos Olímpicos de verano e invierno y, además, se inauguran en el mismo estadio, 'El Nido', en una gala ideada por el mismo director, el reputado cineasta Zhang Yimou. Al igual que aquel 8 de agosto de 2008, que este corresponsal recuerda como si fuera ayer, la apertura fue un espectáculo de gran belleza plástica pero alejado de la grandiosidad de entonces. Sin aquellos 2.008 tambores que atronaron hace 14 años, también faltaron las 91.000 gargantas rugiendo en las gradas, ocupadas ahora solo por selectos grupos de invitados por las restricciones del coronavirus. Aun así, fue una gala mucho más popular porque no cantaron ni actuaron estrellas de la música o el cine, solo gente corriente al gusto de la vuelta a las raíces socialistas que pregona el presidente Xi Jinping. A tono con su discurso, la bandera china pasó de mano en mano entre representantes de las 56 etnias que hay en este país, ataviados con sus trajes tradicionales.

'Un mundo, una familia'

Con esa filosofía popular y el lema de 'Un mundo, una familia', que recuerda al 'Un mundo, un sueño' de 2008, la gala tuvo como motivo principal los copos de nieve, que simbolizan el invierno y de los que dicen que no hay dos iguales. En un espectacular arranque de la gala, la alargada pantalla central que presidía el estadio proyectó una cascada de agua que se heló como un lago en una pista de LED ovalada de 11.600 metros cuadrados. De ella emergió un cubo de hielo, como una de las sedes de estos Juegos, que al derretirse desveló los anillos olímpicos. De esa pantalla central también salieron los deportistas, que desfilaron durante una hora encabezados por azafatas que portaban los nombres de sus países en carteles también con forma de copos de nieve. Al acabar el desfile, formaron un copo gigante en el centro de la pista.

Ante dicho copo y los anillos olímpicos, el presidente del COI, Thomas Bach, dio las gracias a sus anfitriones en mandarín y se congratuló del plan del Gobierno de popularizar los deportes de invierno entre 300 millones de chinos. «Mostramos al mundo que es posible derrotar a los rivales y vivir en paz y de forma respetuosa. Esa es la misión de los Juegos Olímpicos, reunirnos y construir puentes, no muros», señaló en clara alusión a la creciente tensión internacional.

A continuación, el presidente Xi Jinping declaró abiertos los Juegos de Invierno de la XXIV Olimpiada y una traca de fuegos artificiales iluminó el frío cielo de Pekín. En otro tributo al pueblo, 76 jóvenes de todo el mundo desfilaron por la pista del estadio antes de que sonara el himno 'Imagine', de John Lennon mientras la figura de un esquiador de colores se elevaba en las alturas. Portada por seis campeones y medallistas de invierno, la bandera olímpica fue izada mientras su himno era entonado por un coro de niños de las montañas de Hebei, la provincia vecina de Pekín que aporta dos sedes a estos Juegos.

Tras el juramento olímpico y un vídeo de los campeones del mañana, los niños que dan sus primeros pasos y caídas sobre el hielo y la nieve, llegó el momento más esperado y emocionante: el encendido del pebetero con la llama olímpica. Portada por siete antiguos campeones de varias generaciones, fue elevada por dos de los últimos hasta el copo de nieve gigante mientras un ejército de niños cantaba y movía globos iluminados con forma de paloma. Si en 2008 fue el exgimnasta y empresario Li Ning quien voló sobre 'El Nido' para prender el pebetero, en esta ocasión la llama se encendió dentro del enorme copo y se elevó sobre el estadio en medio de la traca final de fuegos artificiales. Por segunda vez, la llama olímpica arde en China, ahora en el gélido invierno pequinés.