El equipo de K4 500 español, durante un entrenamiento. / J. L. Cereijido (Efe)

Tokio 2020 | Piragüismo La revolución del piragüismo: en busca de la palada perfecta

El laboratorio creado por el entrenador Miguel García y el ingeniero David Calvente alrededor del equipo de K4 ha impulsado a la piragua nacional, que aspira a mejorar en los Juegos de Tokio sus excelentes resultados de Río 2016

EMILIO V. ESCUDERO Enviado especial a Tokio

Andaba estos días deprimida media España, más pendiente de las medallas que se habían esfumado que de las que estaban a punto de llegar. Ansiedad que se acabó con los metales logrados en las últimas horas, que han animado de nuevo al personal de cara a la semana final de los Juegos. Además, comenzó este lunes el piragüismo de velocidad, el deporte que más alegrías le dio al país hace cinco años y que confía en mejorar aquellos resultados en esta cita olímpica. Vuelve a ser Saúl Craviotto el protagonista principal. Lo fue en la inauguración, orgulloso abanderado junto a Mireia Belmonte, y lo quiere ser también en el canal Sea Forest, creado entre dos islas artificiales en plena bahía de Tokio.

Para conseguirlo, el cuádruple medallista y el resto del equipo de K4 500 han recibido durante este ciclo olímpico la ayuda de un ingeniero informático de Castellón, cuyos recursos técnicos han contribuido para que la embarcación diera un salto de calidad que les permitió ganar por primera vez a los alemanes en la última Copa del Mundo, única prueba de nivel celebrada este año.

Ese laboratorio del K4 nació casi de casualidad y se ha perpetuado en el tiempo por el interés mutuo de Miguel García, entrenador del equipo, y David Calvente, un enamorado del piragüismo y una mente brillante e inquieta. Fue su avidez de conocimiento lo que le llevó a buscar ayuda en la federación, donde tras muchas llamadas infructuosas terminó hablando con el técnico asturiano y exponiéndole sus ideas. Calvente quería saber cómo era la palada perfecta; García quería escuchar qué podía aportar para mejorar al equipo. Cuando se conocieron, poco antes de Río, comenzó un idilio que ha podido desarrollar su trabajo con más ahínco en estos últimos cinco años, en los que el K4 ha pasado del diploma conquistado en Río a ser el principal favorito al oro en Tokio.

«Yo había diseñado un sistema que servía para analizar la calidad de la palada en el agua y hablé con Miguel porque se lo quería enseñar. Viajé 900 kilómetros hasta Trasona –cuartel general del K4 en Asturias– y cuando se lo mostré y lo probamos nos dimos cuenta de que tanto en el K1 como en el K2 (los barcos con los que Craviotto iba a ir a Río si se clasificaba en el preolímpico) teníamos una carencia en la primera fase de carrera», explica Calvente a este medio, rememorando aquellos inicios que resultaron complicados para todos.

Ese trabajo llevado a cabo con teléfonos móviles, giroscopios y sensores de movimiento, dictaminó que había que mejorar en las salidas. Se perfeccionó el invento con una aplicación más completa, que permitía grabar los entrenamientos en tiempo real y, mientras tanto, se enfrascó el ingeniero en idear una máquina para corregir la técnica en el momento. «Se trata de un artefacto de seis metros de largo y unos carriles como la vía de un tren en los que se monta la piragua para simular una salida en condiciones reales, pero fuera del agua. Se puede corregir más fácil la técnica así y luego ya se hace transferencia al agua. Antes de aquellos clasificatorios para Río la utilizamos mucho. Rozamos el límite de la lesión, pero pasamos de unas salidas mediocres que obligaban a remontar, a salir mejor que todos», apunta Calvente, orgulloso de haber sido parte del éxito en aquella clasificación y en las dos medallas posteriores que se consiguieron en Río 2016.

A por el oro en Tokio

Aquello reforzó la confianza de la federación en su trabajo, aunque siempre manteniendo las distancias, sin ser una persona ajena a la organización, pero sin estar realmente dentro. Así ha seguido colaborando durante todo el ciclo olímpico, centrado ya exclusivamente en el K4 y en el objetivo del oro en Tokio. «La suya es una relación casi altruista. Comenzó así en 2015 y sigue siéndolo. Gracias a sus conocimientos tenemos a nuestra disposición diferentes artilugios que nos permiten estudiar y corregir el gesto técnico dentro y fuera del agua. Su ayuda fue un salto en el tiempo», explica Miguel García, encantado con el que se ha convertido en su mano derecha durante los últimos cinco años. Juntos han implantado un sistema que mide las aceleraciones del barco en todos los ejes y también las deceleraciones, como los movimientos hacia los laterales que frenan mucho el deslizamiento de la embarcación. Esos datos, analizados luego en profundidad, han permitido estudiar a cada palista y corregirle casi al milímetro. También los asientos móviles, que facilitan la palada y reducen la fatiga del deportista, han encontrado un sitio en el equipo del K4, aunque la auténtica obsesión de Calvente iba más allá de todo eso. Miraba al origen. A la palada perfecta. El gesto que hace mover la embarcación y cuyo movimiento no había sido estudiado nunca en profundidad.

Estudio pionero

Se lanzó Calvente a la tarea, decidido a poner luz en un ámbito inexplorado. Removió cielo y tierra buscando respuestas. Llamó a los fabricantes más importantes del sector, a piragüistas de todo el mundo y probó, por sí mismo, todas las palas que le enviaron. «Me pasé remando veinte días con cada pala, explorando sensaciones y buscando el por qué de su comportamiento en el agua. Pero aquello no me valía, tenía que ir más allá», apunta.

Inconformista, indagó en el origen de estas palas 'wing' –conocidas así por su semejanza al ala de un avión– y terminó contactando con Rasmussen, palista veterano que fue el encargado de revolucionar hace décadas esta herramienta. Entre lo que había indagado y lo que le contó el noruego se hizo una idea más cercana para seguir con su estudio. «A partir de ahí, lo que hice fue escanear cada pala en 3D e introducirla en el software de análisis de fluidos para ver cómo circulaban las partículas de agua en cada lado. Fueron meses de trabajo y práctica. Cuando acabé ya sabía cómo había que remar con cada una. Solo quedaba saber cuál era la que más se adaptaba a los miembros del equipo», explica el ingeniero.

Entró en juego entonces un factor complicado. Porque no siempre es fácil convencer a un deportista de élite que tiene que hacer cambios. Hubo ciertas reticencias al principio, pero los resultados conseguidos hasta entonces le daban cierto crédito con los piragüistas. «David es un cerebrito. Un crack. Tiene una forma de explicar las cosas que lo hace muy sencillo para nosotros. Nos ha ayudado mucho en este ciclo olímpico y el tándem que hace con Miguel es magnífico. Uno es el teórico y el otro es el que nos ayuda a ponerlo en práctica», señala Craviotto, el marca del K4 y el principal exponente de un equipo de piragüismo que llega a Tokio con varias opciones de medalla que comenzaron este lunes con Portela y que seguirán este martes con Arévalo y el propio Craviotto en K1.