Leyendas españolas

La reina del baile acuático

Andrea Fuentes, enamorada de la danza en la piscina, es junto a Mireia Belmonte y Arantxa Sánchez Vicario la deportista española con más medallas olímpicas, cuatro

JAVIER BRAGADO

En la natación sincronizada hubo un antes y un después. El 'antes' fue y será Gemma Mengual. El 'después' todavía continúa encarnado en la figura de Ona Carbonell. Pero el eslabón que unió ambas generaciones y que refrendó el acceso de España al Olimpo del deporte que combina la danza y el atletismo en la piscina tiene el nombre de Andrea Fuentes.

Estaba predestinada a triunfar en el baile acuática. Ella misma bromea con su complicado nacimiento por culpa que el cordón umbilical se agarró con tres vueltas a su cuello. «Creo que fue ahí cuando empecé a practicar la apnea», suele comentar con su particular de hablar y con una sonrisa quien encadenaba ejercicios de 35 segundos sin sacar la cabeza a la superficie. Andrea se curtió en los momentos en que la natación sincronizada española daba sus primeros golpes a la puerta de los mejores, pero sufrió la decepción de no acudir a Sídney 2000 por un solo puesto en el torneo preolímpico. Después, formó parte del relevo generacional postMengual -fue plata con la pionera en Pekín 2008-. Ya con Ona Carbonell como compañera saboreó el hito de superar a una pareja china en una competición olímpica. La nueva estrella siempre supo que debía cogerse a su mano: «Con Andrea también teníamos mucho nombre».

En el trayecto, Fuentes se empapó de lo que podía aportar a la natación sincronizada. Además de las innovaciones de Anna Tarrés, la nadadora formó parte del ascenso español gracias que se enamoró de su deporte. Ayudó gracias a la elección y arreglos de las músicas para las coreografías y a su capacidad para intimidar a las rivales con su seguridad antes de zambullirse. La seguidora de Pink Floyd y Depeche Mode danzó al son del flamenco por piscinas de todo el mundo, pero también incorporó coreografías rompedoras con su particular visión y pasión. Ramstein y Marilyn Manson acompañaron desde los altavoces a la virtuosa de la cresta, a la joven que armonizaba compases y movimientos bajo el agua. En general, la tarraconense se salió de la vía de la ambición para conjuntar sus condiciones y talentos hasta colgarse cuatro medallas olímpicas (tres platas y un bronce) y un diploma que todavía la aúpan como la deportista española con más metales.

Todo el trabajo sirvió para aumentar el nivel de sus compañeros y ella misma asesoró al equipo español después de retirarse entre lágrimas en 2013 después de Tarrés fuera despedida tras las quejas del grupo por sus métodos -entre ellas las de la capitana Fuentes-. Actualmente, enseña lo aprendido en varios talleres sobre el arte de bailar en el agua. Nadie mejor que la amante de la meditación para enseñar a las nuevas generaciones lo que ella desarrolló con maestría para colgarse cuatro medallas olímpicas. Ahora puede revelar el secreto de su éxito: «¡Cómo hacer que los pelos de los espectadores se pongan de punta!».