Herminio Menéndez, en plena competición. / efe

Leyendas españolas

El primer doblete en el río

Pionero del piragüismo, Herminio Menéndez hizo escuela y sentó las bases de los éxitos actuales

CRISTIAN REINO

Antes de que nacieran David Cal, Carlos Pérez o Saúl Craviotto, campeones olímpicos y actuales figuras del piragüismo nacional, otro español, Herminio Menéndez (Candás, 1953) ya había puesto un par de picas en el olimpismo. Fue en los Juegos de Montreal, donde junto a Misioné, Celorrio y Díaz Flor, logró la medalla de plata de K-4 1.000 metros. Cuatro años después, en Moscú, el equipo español decidió disolver el cuarteto para formar dos K-2, con Menéndez integrado en ambos. En K-2 500, con Guillermo Del Riego, ganó la medalla de plata y en K-2 1.000 metros, con Ramos Misioné, la medalla de bronce.

En 1980, cuando España acudía a los Juegos casi de mera comparsa, Menéndez tenía tres preseas, lo que le convirtió en el primer español en conseguir más de una medalla olímpica. Una gesta para la época y que ahora está al alcance de un buen puñado de deportistas nacionales, pero que en el despertar español en los Juegos se convirtió en toda una hazaña.

A pesar de que fue campeón mundial, nunca logró el oro olímpico, por culpa de 25 centésimas, que apartaron al bote español de la gloria. «La lástima fue que nos despistamos en los últimos 100 metros. Teníamos un final muy rápido, pero el barco se desniveló. Había que ir muy bien compenetrados, pero no lo hicimos y se descompensó», declaró en su día sobre la final de Montreal 76. Cuatro años después, volvió a quedarse a un escalón del triunfo, pero en aquella ocasión la foto finish no fue la culpable, sino la política de uso generalizado de sustancias dopantes que practicaban los países del Este europeo. «Iban chutados hasta las trancas», confesó en otra ocasión. «No había análisis de anabolizantes, pero estaba claro que los usaban. ¿Nosotros? Remábamos a puro huevo. Ahora se ha descubierto todo. Nos privaron de muchas medallas», relató.

Tras su retirada, después de los Juegos de Los Ángeles de 1984, se dedicó a la gestión deportiva en el equipo directivo del Consejo Superior de Deportes, donde trabajó en la organización del equipo español para los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Colgó lo remos, pasó a los despachos del mundo del deporte y, teniendo en cuenta que conoció unos cuantos, podría decirse que su éxito fue aún mayor que en el agua. «Mi mayor ilusión es que me sigáis considerando como Herminio el candasín y no como un triunfador de los Juegos Olímpicos; porque, la verdad, es que en mí no cambió nada», declaró en el recibimiento que le tributó su pueblo tras el éxito de Moscú. A partir de ahí, hizo un poco de todo. CSD, COE, director general del Sporting y del Sevilla, presidente interino del Sporting, miembro de la candidatura olímpica de Sevilla y representante de futbolistas, como Baptista o Portillo. Él fue el responsable de que Stan Collymore firmara por el Oviedo y apareció implicado en una investigación abierta por la RFEF sobre una presunta compra de partidos que finalmente (como ocurre siempre) se archivó.