Akanji cabecea entre Azpilicueta y Pau Torres y abre el marcador en La Romareda. / Reuters

Liga de Naciones

España tropieza con una roca y deberá ganar en Portugal

La Roja, blanda en defensa e inoperante en ataque, no estuvo a la altura del excepcional ambiente en Zaragoza y cayó ante Suiza generando dudas

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Zaragoza

Una noche que en las gradas de La Romareda fue una fiesta se tornó sobre el césped maño en un episodio para olvidar. España perdió ante Suiza en su propio feudo por primera vez en su historia y cedió a Portugal el liderato en la Liga de Naciones. Nada excesivamente grave y que no pueda resolver con una victoria en tierras lusas, pero que arrojó conclusiones preocupantes con el Mundial a la vista. Sobró endeblez defensiva y faltó profundidad y acierto en la circulación. La reacción llegó tarde tras una primera parte para el olvido, de las peores que se le recuerdan al conjunto de Luis Enrique, incapaz de superar a su rival desde la circulación de balón por su imprecisión y desbordado físicamente.

Y eso que el duelo llegó precedido de un gran ambiente, propio de partido grande en Zaragoza, que no albergaba un encuentro de la selección española desde el ya lejano en el tiempo 2003. No funcionó de partida el once con los seis jugadores azulgranas en la convocatoria y la sorpresa de Asensio como falso '9', prueba sobrada de la confianza que Luis Enrique deposita en el balear a pesar de su falta de continuidad en el Real Madrid de Ancelotti. Al jugador blanco ni se le vio en los primeros 45 minutos aunque un detalle suyo acabase siendo importante en la reanudación.

España se armó de paciencia desde el inicio para, fiel a su estilo, ir erosionando la muralla helvética a través de la circulación de balón. Un guion parecido a episodios anteriores en estos duelos siempre tan igualados. Ya lo había advertido Luis Enrique en la previa. Enfrente un bloque sólido, una auténtica roca, con dos líneas de cuatro y cinco hombres en fase defensiva y Embolo como verso libre.

1 España

Unai Simón, Azpilicueta (Soler, min. 87), Eric García, Pau Torres, Jordi Alba, Gavi, Busquets, Pedri (Marcos Llorente, min. 70), Ferran Torres (Yéremy Pino, min. 63), Asensio (Borja Iglesias, min. 63) y Sarabia (Nico Williams, min. 63).

2 Suiza

Sommer, Widmer, Akanji, Elvedi, Ricardo Rodríguez (Steffen, min. 46), Freuler, Xhaka, Sow (Zakaria, min. 68), Shaqiri (Ndoye, min. 68), Vargas (Aebischer, min. 79) y Embolo (Seferovic, min. 86).

  • Goles: 0-1: min. 21, Akanji. 1-1: min. 55, Jordi Alba. 1-2: min. 59, Embolo.

  • Árbitro: Clément Turpin (Francia). Amonestó al suizo Akankji.

  • Incidencias: Partido de la quinta jornada en el grupo B de la Liga de Naciones disputado en La Romareda (Zaragoza) ante 31.188 espectadores.

Más allá del toque de balón por el centro, en ocasiones estéril ante rivales muy replegados, España entendió pronto que debía aprovechar la profundidad por las bandas de Ferran o Sarabia o las incorporaciones al ataque de Jordi Alba. Otra cosa es que lo llevase a cabo correctamente. Respiraba tranquila la selección con su dominio del encuentro pero esta Suiza de cemento cuenta con un elemento difícilmente descifrable en la zona de enganche: Shaqiri. El jugador de origen albanokosovar habilitó a Embolo con un gran último pase pero el delantero no estuvo lo suficientemente rápido para terminar de hacer buena la inspiración de su compañero.

La acción dio paso a unos buenos minutos de Suiza, que avisó con un cabezazo alto de Sow, un disparo lejano de Xhaka blocado por Unai Simón y sobre todo con un mano a mano de Embolo ante el portero del Athletic que éste desbarató antes de que se anulase la acción por fuera de juego. Lo cierto es que España ofrecía malas sensaciones y este paisaje general se trasladó al marcador a balón parado. Akanji impuso su exuberante físico para firmar con la testa el 0-1 y arrojar agua fría sobre la excelente atmósfera de La Romareda.

Necesitaba el sopapo España para meter una marcha más a un encuentro que definitivamente se le había ido de las manos. Pareció reaccionar con un remate mordido de Sarabia, el más activo de los españoles, pero no estaba preciso el conjunto de Luis Enrique, sin tino al borde del área rival. Si ya resulta difícil de partida superar el entramado helvético, con el resultado en contra la empresa era ya harto complicada y reclamaba una versión mucho mejor.

Pasaban los minutos y lo cierto es que Suiza acumulaba méritos en forma de saques de esquina. Preocupante panorama para una decepcionante España, inferior en el aspecto físico, algo previsible, pero también incapaz de imponerse desde el juego posicional, no tan esperado. El desequilibrante Shaqiri puso el epílogo a una primera parte para olvidar, obligando a la estirada de Unai Simón, y los de rojo se fueron a los vestuarios con mucho trabajo por hacer.

La pausa le devolvió la iniciativa a España, que metió al combinado helvético en su propio terreno con una posesión un tanto estéril, eso sí. Faltaba desatascar el encuentro y ahí entró en juego la calidad. No había hasta entonces señales de Asensio, pero la zurda del mallorquín apareció en el momento preciso para conducir y ceder el balón para la incorporación de Jordi Alba, que descerrajó la puerta suiza para delirio de la afición zaragozana.

Alegría efímera

Lo más complicado parecía hecho pero la alegría duró lo mínimo, hasta que Embolo aprovechó otra vez la preocupante endeblez de la defensa española para poner de nuevo en ventaja a Suiza. El segundo tanto visitante fue un auténtico mazazo. Se descompuso por momentos el equipo español, con más dudas atrás y un error de Unai Simón que el propio guardameta acabó solventando sobre la misma línea.

Luis Enrique agitó el árbol y La Roja llamó a rebato la opción que le quedaba para evitar el naufragio con 20 minutos de juego por delante. El físico Marcos Llorente, el vertical Yéremy Pino y los debutantes Nico Williams y Borja Iglesias a escena. Una propuesta muy diferente a la inicial que al menos le dio a España toda la verticalidad de la que había carecido durante gran parte del encuentro. Así, a ramalazos, La Roja trató de lograr el mal menor del empate hasta el último minuto. Fue un quiero y no puedo. Sommer se convirtió en una pesadilla y le negó el gol a España una y otra vez. No estaba la noche para alegrías pese a la predisposición del público para que así fuera.

El partido comenzó torcido y acabó de igual forma. Ahora, España sigue dependiendo de sí misma en la Liga de Naciones, esa el la mejor noticia, pero está obligada a ganar a Portugal en Braga para lograr el pase a la final a cuatro y lo que es peor, emborrona el cuaderno de notas y genera serias dudas en la antesala del Mundial de Catar, la cita de la que verdaderamente todo el mundo está pendiente.