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Mundial Qatar 2022

Japón no cambia de planes aunque le maten

Los nipones repiten la misma estrategia que contra Alemania y acaban haciéndose el harakiri contra Costa Rica

Pío García
PÍO GARCÍA Enviado especial. Doha

El señor Moriyasu tiene un plan y no hay quien lo mueva de ahí. Da igual que enfrente esté Alemania o que esté Costa Rica, quizá la selección más tierna, algodonosa e inofensiva de todas las que han desembarcado en Qatar. Al señor Morisayu, entrenador de Japón, no le gusta tener la pelota, al menos en la primera parte. Prefiere quedarse agazapado, oculto en la retaguardia, observando cautamente los movimientos de su enemigo, aunque de vez en cuando, si se presenta la ocasión, lance a sus lebreles por las bandas para que persigan el balón a velocidad endiablada. El problema sucede cuando el rival, como este domingo Costa Rica, bastante tiene con guardar cierto orden en el campo para disimular sus desconchones.

0 Japón

Gonda; Yamane (Mitoma, m.62), Itakura, Yoshida, Nagatomo (H. Ito, m.46); Endo, Morita, Doan (J. Ito, m. 67), Kamada, Soma (Minamino, m.82); Ueda (Asano, m. 46)

1 Costa Rica

Navas; Waston, Calvo, Duarte, Oviedo; Fuller, Borges (Salas, m.89), Tejeda, Torres (Aguilera, m.65); Contreras (Bennette, m.65) y Campbell (Chacón, m.90+4)

  • Gol 0-1. Keysher Fuller, m.81

  • Árbitro Michael Oliver (Inglaterra). Amonestó a Contreras, Yamane, Borges, Calvo, Itakura y Endo.

Los mejores futbolistas ticos están enfilando la decadencia y su peso no alcanza ni para dominar los partidos ni para acercarse con peligro al área rival. Keylor Navas vive el banquillo del Paris Saint-Germain, el exdeportivista Celso Borges ha regresado a su país para disfrutar de una jubilación anticipada y el exquisito Bryan Ruiz, la Comadreja, centrocampista de arte y pellizco, que estira sus últimos días de fútbol en el equipo de su barrio, el Alajuelense, hoy ni siquiera ha saltado al campo. Entre los tres suman 106 años. Pocos mimbres para fabricar una selección competitiva, encomendada casi por completo a Joel Campbell, un hombre de poderosa estampa que ha ido incumpliendo, una a una, todas las promesas que despertó en su juventud.

La levedad de la selección costarricense no despertó, sin embargo, el apetito de Japón, país que cultiva desde milenios el arte de la paciencia. Durante 45 minutos sus jugadores se dedicaron a la vida contemplativa, salvo alguna carrera ocasional para desentumecer músculos, y solo después del descanso decidieron, con las salidas de Ito y Asano, meter una marcha más y lanzarse sobre la meta de Keylor Navas. Los japoneses ocuparon el área rival, lo que tampoco tenía mucho mérito, pero algo les falló.

En el primer minuto fue Keylor, que recordó sus buenos tiempos con un paradón a disparo de Morita, pero luego fueron los propios japoneses los que no encontraron salidas en el laberinto. Confiaban los nipones en que Costa Rica no parecía tener ninguna posibilidad de llegar a la meta de Gonda. Sí, eso parecía.

De manera inexplicable

Pero, de manera inexplicable, llegaron. Una vez. A Yeltsin Tejeda le cayó un balón en la frontal del área, vio a Keyser Fuller a su derecha y se lo cedió. El toque sutil de Fuller superó a Gonda, que solo pudo rozar la pelota con los dedos. Los japoneses se quedaron atónitos, estupefactos, como pidiendo explicaciones al universo. El plan del señor Moriyasu, ese plan que les permitió ganar a los todopoderosos alemanes, de pronto se les había chafado frente a una de las selecciones más débiles del torneo, a la que España metió siete en su debut.

Los japoneses siguieron insistiendo porque los súbditos del emperador a la paciencia unen la perseverancia, pero entonces se encontraron con Keylor Navas. En los últimos minutos, el portero del PSG desempolvó sus reflejos de gato para atajar un disparo franco de Kamada y resolver el barullo posterior en el área. Los demás esfuerzos nipones acabaron conduciéndoles a la melancolía. Costa Rica celebró el triunfo con la alegría de una reivindicación, aunque su futuro, como el del todo el grupo E, sea muy incierto. A la espera de lo que suceda esta tarde en el Alemania-España, da la sensación de que Japón, que se medirá con los de Luis Enrique en la última jornada, acaba de meterse en un buen lío. El señor Moriyasu quizá piense ahora que, a veces, es bueno cambiar de planes.