Zidane y Koeman se saludan antes del clásico de la primera vuelta en el Camp Nou. / lLUIS GENÉ / AFP

Clásico

Un clásico en lo más alto de la montaña rusa

Real Madrid y Barça cruzan sus caminos con un duelo trascendental por la Liga en sus mejores momentos de un curso plagado de altibajos

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Madrid

El clásico que medirá mañana a Real Madrid y Barça en la jornada 30 de Liga, dando continuidad a la centenaria historia de la más grande rivalidad del fútbol español, es diferente y paradójico. La distinción reside en un escenario inédito, lo que resulta curioso en un enfrentamiento con semejante solera, pues el Alfredo Di Stéfano acogerá por primera vez el choque entre blancos y azulgranas. La paradoja está en que parece un duelo trascendental por la Liga entre dos equipos que llegan en su mejor momento del curso pero sin que ninguno de ellos sea el líder de la competición.

Ambos divisan ya a tiro de un partido al Atlético, después de la caída en puntuación y sensaciones del conjunto colchonero en la segunda vuelta liguera. Lo hacen al amparo de dos muy buenas rachas de resultados, excelente en el caso del Barça. El conjunto de Ronald Koeman, cuyo entorno llegó a asumir por momentos que se trataba de una temporada casi perdida, de mera transición, tiene a un solo punto la cabeza de la tabla, después de acumular 51 de los últimos 57 puntos en juego y no conocer la derrota en el torneo de la regularidad desde el tropiezo en Cádiz del 5 de diciembre. Son ya 19 jornadas, toda una vuelta, con 16 triunfos y tres empates. Números de récord.

Teniendo en cuenta que el Barça también tiene a la vista la final de la Copa del Rey del próximo 17 de abril frente al Athletic en Sevilla, la situación en la ciudad condal es ahora mismo idílica, casi inimaginable durante buena parte del curso. Y es que la campaña comenzó en el Camp Nou entre el desconcierto que provocó aquel burofax de Messi y el amago del astro argentino con salir del club a las bravas y la sensación de que se trataba de un curso de transición, para comenzar a construir algo nuevo. La irrupción de un futbolista como Ansu Fati y los buenos resultados del comienzo, incluida una victoria de prestigio ante la Juventus en Turín, animaron algo a la parroquia culé. Sin embargo, luego llegó el golpe de realidad, con el equipo lejos de las primeras plazas de Liga y condenado a la segunda posición de su grupo en Champions y por tanto a un cruce de octavos frente al temible París Saint-Germain.

Como en una montaña rusa, el comienzo de 2021 llevó a Can Barça vientos de optimismo, con el inicio de la buena dinámica en Liga que aún conserva y con la final de la Supercopa de España. La cita podía suponer el primer título de la era Koeman y un espaldarazo al proyecto en mitad de la tremenda inestabilidad institucional que alcanzó el culmen con la salida de Bartomeu y su detención por el 'Barçagate', pero acabó en fracaso después de claudicar ante el Athletic en La Cartuja.

El tremendo golpe del PSG en el Camp Nou, con un 1-4 que dejaba vista para sentencia la eliminación azulgrana en Champions, un decepcionante empate liguero ante el Cádiz en casa y la derrota 2-0 en Pizjuán frente al Sevilla en la ida de las semifinales de la Copa del Rey parecían dar al traste con cualquier opción y sumir en la depresión definitiva al Barça. Desde lo más bajo otra vez creció el conjunto catalán, aupado por la efervescencia de Pedri, la mejor versión de Messi, el desequilibrio de Alba por la banda izquierda o un exitoso esquema de tres centrales y carrileros, para llegar menos de dos meses después a la situación actual, otra vez en la cima en cuanto a sensaciones.

Zidane, un superviviente

Esta dinámica de dientes de sierra la conoce también de sobra el Madrid de Zidane. Cuántas veces se dio por liquidado al francés en el banquillo blanco y cuántas veces resurgió como salvador aupado por una guardia pretoriana que va con él hasta el final. Ya desde el comienzo el conjunto madridista se mostró irregular, sumando resultados en Liga y revolcones como el del Cádiz o el Alavés en el Di Stéfano. En Champions paseó por la cornisa, cerca de despeñarse por vez primera en una fase de grupos, pero acabó reaccionando a tiempo para lograr el primer puesto de grupo. Desde aquel duro viaje de vuelta desde Kiev, donde la derrota ante el Shakhtar dejó su continuidad en seria duda, Zidane recuperó el rumbo en la máxima competición continental y se mantuvo en la pelea por la Liga.

Ya en 2021, adiós a dos competiciones casi del tirón, con la derrota en la semifinal de Supercopa frente al Athletic y el descalabro contra el Alcoyano en los dieciseisavos de Copa, que dejaron de nuevo más que discutido a Zidane. Sin embargo, al amparo de la ilusión por la Champions, donde ya está cerca de las semifinales, el Madrid también ha conseguido recortar distancia con el Atlético hasta los tres puntos ahora mismo, después de 23 de los últimos 27 puntos en juego, basados en siete triunfos y dos empates desde la derrota en casa ante el Levante del pasado 30 de enero. Otra vez en lo alto de la montaña rusa.