Busquets pelea por la pelota con Brozovic.

El fútbol refleja un estado de ánimo

Jon Aspiazu
JON ASPIAZU

España se clasificó para los cuartos de final después de un intenso partido, con innumerables alternativas. El marcador final reflejó la superioridad del combinado nacional. Luis Enrique volvió a modificar el once titular, incluso después de la balsámica victoria contra Eslovaquia. Gerard Moreno y Jordi Alba cedieron sus puestos a Ferran Torres y Gayà. Dos retoques significativos que no influyeron en el credo del seleccionador. Una apuesta firme por elaborar el fútbol desde la defensa, controlar el ritmo del partido y presionar con intensidad para recuperar el balón con diligencia.

Croacia, como todos los rivales hasta el momento, mostró demasiado respeto por el potencial de la selección española. Se pertrechó en la defensa, posiblemente su línea más imperfecta, y concedió dos ocasiones clarísimas. Pero el error de Unai Simón varió el rumbo del partido. Y el fútbol, que refleja en muchas ocasiones un estado de ánimo, se inclinó hacia los croatas. Cualquier jugada puede alterar el signo del partido. Desapareció el complejo de inferioridad, y el liderazgo de Modric, las enérgicas conducciones de Kovacic y la verticalidad de los dos extremos pusieron en jaque a la selección. España estuvo contra las cuerdas durante quince minutos. Hasta que el gol de Sarabia serenó el espíritu de la selección.

En el inicio de la segunda parte los croatas estiraron sus líneas y buscaron apretar la salida del juego. Entonces España encontró la fluidez necesaria para romper la presión. Una excelente jugada colectiva iniciada por el portero alavés puso en ventaja al equipo de Luis Enrique. Simón se desquitó con una parada a bocajarro y Ferran marcó el tercer gol, que parecía definitivo.

Los cambios ofensivos a la desesperada de Dalic espolearon a los croatas. España no pudo ni supo aguantar las embestidas del rival y se llegó a la prórroga. Unai Simón volvió a redimirse con una gran parada y fue clave en la victoria. Los croatas, cansados y descompensados tácticamente con las sustituciones, volvieron a naufragar en la defensa. Morata encontró la recompensa a su trabajo con un gran gol y Oyarzabal sentenció.