Sergio Busquets, durante el amistoso que midió a España con Portugal. / EP

Análisis

El positivo de Busquets prolonga el mal fario de La Roja

La colonia de Cañizares, el 'caso Torbe' o el despido de Lopetegui pusieron contra las cuerdas a la selección española antes de otras grandes citas internacionales

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

A una semana de debutar en la Eurocopa multisede frente a Suecia, la selección española se ha visto convulsionada por el positivo de Sergio Busquets por coronavirus. El centrocampista del Barça tuvo que abandonar la concentración del combinado que dirige Luis Enrique en un vehículo medicalizado, tal y como marca el protocolo, para situarse en régimen de aislamiento, poniendo patas arriba el plan de trabajo establecido por la Federación para preparar el torneo. El miedo a que el contagio del capitán se extienda a otros compañeros con los que ha compartido charlas, comidas y abrazos en los últimos días impera en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, prolongando el mal fario que parece perseguir a La Roja, que ya en el pasado se vio sacudida por contratiempos de diverso signo en puertas de otras grandes citas internacionales

La colonia de Cañizares

Inmersa en la preparación del Mundial de Corea y Japón 2002, del que terminaría viéndose apeada en cuartos de final con el infame arbitraje del egipcio Gamal Al-Ghandour ante una de las anfitrionas, la selección española sufrió un inesperado sobresalto cuando a Santiago Cañizares se le cayó un bote de colonia sobre el pie derecho durante la concentración previa que el combinado español estaba llevando a cabo en Jerez de la Frontera. El frasco se hizo añicos al chocar contra el suelo, con la mala suerte de que le seccionó el tendón y le impidió acudir al campeonato.

El por entonces guardameta del Valencia estaba llamado a ser el titular, pero el desafortunado revés entregó las llaves del arco español a un jovencísimo Iker Casillas, que venía de proclamarse campeón de Europa con el Real Madrid en Glasgow, concediendo además plaza en la cita asiática a Koke Contreras, cancerbero del Málaga al que José Antonio Camacho tuvo que llamar de urgencia para suplir a Cañizares. «Aquello fue brujería», relataría con el correr de los años el de Puertollano en 'El Larguero' de la Cadena Ser sobre un episodio esperpéntico como pocos.

Santi Cañizares agarra el balón durante un partido de la selección española. / Valery Hache (Afp)

El 'caso Torbe'

España acudió a la Eurocopa de 2016 organizada en Francia con el objetivo de defender el título conquistado cuatro años antes tras golear a Italia en la final disputada en el Olímpico de Kiev. Aunque el combinado que venía de completar un periplo glorioso amarrando dos Europeos y un Mundial en el lapso de cuatro años inolvidables mostraba ya signos de agotamiento, Vicente del Bosque confiaba en mantener la pujanza competitiva de un bloque que, en vísperas del estreno frente a la República Checa, sufrió un auténtico seísmo cuando trascendió que una testigo protegida del 'caso Torbe' había implicado a Iker Muniain y David de Gea en un presunto caso de abuso de menores y explotación sexual.

El guardameta del Manchester United compareció en rueda de prensa para mostrar su estupefacción y negar los hechos de que se le acusaban, algo que terminarían confirmando los tribunales. «Soy el primer sorprendido con esta noticia. Es una mentira y una falsedad», proclamó en plena concentración de La Roja en Saint-Martin-de-Ré. Del Bosque respaldó al portero y mantuvo su decisión de que fuese titular durante todo el torneo, pero el enorme ruido generado afectó a la selección, que sucumbió en octavos frente a Italia, y fue el primer episodio dentro de esa especie de maldición que parece perseguir al madrileño cada vez que defiende la casaca nacional.

David De Gea, durante una concentración de la selección española.

La crisis de Krasnodar

Sin duda el episodio más rocambolesco de cuantos ha experimentado la selección española se produjo a 48 horas de su puesta de largo en el Mundial de Rusia 2018. Con los integrantes del combinado nacional concentrados en Krasnodar, el fichaje de Julen Lopetegui por el Real Madrid dinamitó la preparación de la Copa del Mundo y terminaría siendo determinante en el mal papel desempeñado por La Roja en tierras de los antiguos zares.

Luis Rubiales se sintió traicionado por el guipuzcoano y tomó la drástica decisión de destituirle, sin que diesen fruto los reiterados intentos del vestuario, liderado por el capitán Sergio Ramos, de que el presidente de la Federación reculase y mantuviese en el cargo a un técnico que no había conocido la derrota en los 20 partidos disputados a su vera, con catorce victorias y seis empates como balance. Fernando Hierro, por entonces director deportivo de la FEF, fue nombrado seleccionador interino, pero el daño estaba hecho y La Roja naufragó con estrépito en octavos ante Rusia.

Fernando Hierro da indicaciones en un entrenamiento de la selección tras el despido de Julen Lopetegui. / Pierre-Philippe Marcou (Afp)