España, entre signos de interrogación

El de Luis Enrique es un equipo joven y con talento, pero sin la piel dura de los grandes competidores

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

A lo largo de su historia, la selección española ha llegado a los grandes torneos con perfiles muy variopintos y expectativas bien diferentes. Lo ha hecho a hurtadillas, sin apenas esperanzas de pasar la fase de grupos, destinada a hundirse en los cuartos de final, con grandes ilusiones de entrar en los salones de la aristocracia, como aspirante al título, como temible campeona a la que todos quieren destronar... Pues bien, se podría decir que España llega a esta Eurocopa con un perfil nuevo, de estreno, convertida en lo que no ha sido nunca: una incógnita absoluta, un equipo entre signos de interrogación, tan capaz de lo mejor y de lo peor que cualquiera de ambas cosas parecerían igual de razonables.

De hecho, esta incertidumbre sobre su verdadero potencial es el sello más reconocible del equipo de Luis Enrique. Basta con hacer un poco de memoria sobre el pasado reciente: la misma selección que en noviembre asombró goleando por 6-0 a Alemania en La Cartuja con un fútbol espectacular, en marzo sufrió y decepcionó ante Grecia, Kosovo y Georgia con un juego plomizo y apagado, una cansina secuela de lo visto en Rusia hace tres años. Hasta el punto de que, tras vencer en Tiflis con un gol de Dani Olmo en el minuto 92, el seleccionador reconoció sentirse «muy preocupado» de cara al partido contra Kosovo.

Lo cierto es que todos los análisis que se hagan en estos días previos a la Euro ayudan a apuntalar ese gran interrogante que flota sobre España, que a estas alturas no tiene ni siquiera un once titular más o menos reconocible. De hecho, hasta la figura del portero, tradicionalmente un pilar inmutable, es dudosa ya que Unai Simón no ha terminado de asentarse. Por otro lado, se detecta en el bloque de jugadores una cierta blandura, típica de un grupo demasiado tierno, sin la piel dura de los grandes competidores. 'La roja' no sólo es el equipo más joven de entre los favoritos sino que ha perdido casi por completo el valor de la experiencia. Descartado Sergio Ramos, sólo Busquets y Jordi Alba permanecen como supervivientes de la España campeona de 2012. Y a ninguno de ambos se le pueden atribuir las virtudes de un líder natural, del típico referente al que los jóvenes reclutas miran cuando empiezan a caer las bombas en la trinchera.

A la selección le falta ese poso competitivo. De los convocados por Julen Lopetegui para el Mundial de Rusia únicamente seis futbolistas están entrenando estos días en Las Rozas. Aparte de los ya citados Busquets y Jordi Alba, hablamos de De Gea, Azpilicueta, Koke y Thiago. Por otro lado, hay cinco jugadores que se estrenan como internacionales en un gran torneo: Diego Llorente, Pedri, Traoré, Sarabia y Robert Sánchez. Esta composición de la convocatoria hace inevitable que la Eurocopa sea vista por muchos -quién sabe si también incluso por el propio Luis Enrique- no ya como un experimento, un lujo que España no se puede permitir, pero sí como una prueba para el futuro. Es como si el verdadero objetivo de este grupo fuese el Mundial de Catar 2022.

Talento

Un interrogante, sin embargo, siempre plantea la posibilidad de una respuesta optimista. En el caso de la selección, el optimismo está avalado por algo que en el fútbol siempre es una razón de peso: el talento. España dispone de un gran número de futbolistas de primer nivel. Varios de ellos se cuentan entre las mejores promesas del fútbol europeo y otros son figuras indiscutibles en clubes de primer nivel continental. Atendiendo sólo a la calidad individual, pocas selecciones tienen el nivel y el potencial de España. Probablemente, sólo Francia e Inglaterra, por este orden las dos grandes favoritas en las apuestas. La cuestión pendiente, por supuesto, es hacer un equipo serio y contundente con esa suma dispersa de talentos individuales. Esta es la gran responsabilidad de Luis Enrique en el que también será su bautismo con la selección en un gran torneo. Con todo lo que ello significa.

A diferencia de Francia, Portugal y Alemania, que se harán trizas en el grupo F, España tiene tres rivales asequibles como Suecia, Polonia y Eslovaquia. No se trata de que sean presas fáciles -no suele haberlas en los grandes campeonatos y basta con recordar el Mundial de Rusia-, pero son selecciones inferiores que pueden permitir al equipo nacional ganar confianza y animarse; es decir, hacer el rodaje que necesita para poder hacer algo importante en esta Euro aplazada y con tal lío de sedes y de legislación anti-Covid que los aficionados no saben ni a qué atenerse. Te dicen que hay un partido de madrugada en Madagascar y te lo crees. Y es que nada como unos buenos resultados para que una selección joven y con talento despeje de la mejor manera posible el interrogante que pesa sobre ella.