Juan Santana, Cubas, durante la entrevista en las inmediaciones de Las Canteras. / PEDRO REYES

El corazón gigantesco del gran Cubas

Juan Santana constituye un ejemplo de generosidad y dedicación altruista sin igual para el auge y promoción de la lucha canaria

PEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria

En todos los deportes hay personajes que se desviven por el suyo de manera discreta, en la trastienda, haciendo una extraordinaria labor de promoción y ayuda que jamás se verá reconocida ni recompensada. Ese es el caso de Juan Santana Cubas, conocido por Cubas en el vernáculo deporte. A sus 70 años, enfermo, con problemas de movilidad, siempre acompañado por sus muletas, dialogar con él, cerca de Las Canteras, es como abrir una enciclopedia. Fue con un auténtico conseguidor, que aprovechó su relación con personas de influencia, por un lado, y su don de gente por otro, para favorecer siempre a su querida lucha canaria y a los luchadores.

Compaginaba su labor de luchador y directivo con la de fotógrafo, siendo su material cedido a los diferentes medios de comunicación de las diferentes épocas. Con CANARIAS7 estuvo desde el nacimiento de este periódico y su primera foto se publicaba el 17 de octubre de 1982 en este medio, mes en que salía a la calle el rotativo.

« Empecé en la lucha a los 11 años, en el Rumbo y ahí, siendo juvenil, colaboré con otros luchadores como Miguel Ángel Tejera a la creación del Guanarteme. La foto de la reunión para ello la hice yo. El dinero para comenzar esta aventura se lo pedí a Julio Caubín, que en aquella época era el director de Mutua Guanarteme y conseguí para los equipajes, chándales y la revisión médica. Esto lo sabía Pepe Reyes, el presidente», comenta con orgullo al amparo de un café con leche.

La Palma, Tenerife...

También en la isla de la Palma dejó su huella. «Por tema laboral tuve que ir a La Palma y allí entrenaba en el Aridane, en el campo de futbol, pero, como había mucha gente, nos reunimos varios luchadores, recuerdo al Manchero, a Miguel El Piernas, a Misael y algunos más y fundamos el Tendiña de Las Manchas. Como no había dinero tampoco, me fui a la capital, a un banco, ahora no recuerdo el nombre, y hablé con su director. Al principio me dijo que no, pero insistí diciéndole que los luchadores íbamos descalzos y que era un cabeza cuadrada. Al final accedió a ayudarnos, me pidió un presupuesto y nos dieron más de 300.000 pesetas».

De vuelta a la capital grancanaria estuvo inmerso y ayudando en la fundación de equipos como el Gran Canaria, el Guaguas, el Aldea de San Nicolás y en la reaparición del Doramas, además de colaborar con Tomás El Bombero en Lomo de los Frailes para que se le hiciera un terrero de lucha.

«Elías Castro, que era consejero de Transporte, ayudó al Guaguas con los equipajes y algo más. En La Aldea, después del terrero, hicimos el equipo de lucha con la base, infantiles y juveniles, que al principio no competían, solo amistosas. Para la primera luchada del San Nicolas, busqué dinero para irnos a Fuerteventura y los llevé con algunos luchadores del Gáldar, pero antes hablé con el presidente y me dijo que no había problemas, que podía llevarme los que quisiera. Estaban encantados con el viaje. Luchamos en Gran Tarahal. Sacamos cantera en la zona y estaban muy contentos».

Aquí no acabó su periplo con equipos. «Junto a Juan Santana Saavedra, Cinturita de Oro, refloté el Doramas, que antes era filial del Rumbo, pero ya había desaparecido. Camurrita fue el entrenador y yo el presidente. También luché en Jandía».

Su labor la compaginaba como fotógrafo de prensa, colaborando con todos los medios de la época y acabando en CANARIAS7.

También en Tenerife tuvo su influencia Cubas, pues intervino para que se construyeran varios terreros. «En Tenerife había tres grandes escuelas de lucha, de donde salían gran parte de los luchadores: la de Taco, la de Tegueste y la de Valle Guerra. En un mitin en el Estadio Insular, donde vino Felipe González, hablé con el consejero de Cultura, Felipe Pérez Moreno, y le comenté las penurias que pasaban los deportistas que mantienen la cultura canaria, que no tenían por qué luchar en serrín, sin vestuarios, duchándose con una manguera. A las dos semanas ya había un arquitecto y dos aparejadores haciendo el proyecto de los terreros de lucha para esas localidades, aunque el alcalde de La Laguna quería que se construyera en el casco urbano y Pérez Moreno le respondió que era en Valle Guerra o no se hacía. Honorio, el Chaval, o Marcos Galván padre lo sabían y este último me dijo que la lucha canaria jamás me podría pagar lo que hacía por ella, que me tenían que hacer un monumento».

Todo esto se fraguó meses atrás, de una romería con La Viejita y otros grandes luchadores, donde para ellos Cubas era como una mascota por su juventud. Después de algunos vinos de más, les prometió que se haría un terrero en Valle Guerra y lo acabó cumpliendo.

Iniciativa internacional

Otro episodio de la intermediación de Cubas fue la primera visita de coreanos para luchar en la isla, los de la Universidad de Seúl en 1988. «Estaba en el López Socas con el Doramas y vi a varios coreanos en la grada, por lo que me acerqué a ellos y me comentaron que les gustaría venir a luchar aquí contra nosotros, si estábamos dispuestos. Les dije que encantado y me fui a la federación a decírselo al presidente, Antonio Mayor. Se armó un revuelo porque algunos decían, en una reunión celebrada en el hotel Iberia, que cómo iban a luchar con el equipejo del Doramas en un tema internacional, que lo hicieran con otro conjunto de la capital más importante. Por suerte, los coreanos se opusieron y comentaron que solo lucharían donde yo les dijera y así lo hicieron. Como estuvieron once días, se enfrentaron en la capital con un combinado y también lo hicieron en Ingenio. Llamé a su presidente, Paco Alfonso, se lo propuse y sin problemas. Se preparó una luchada en el pabellón cubierto. Vinieron con el Ministro de Cultura, con la televisión más importante del país y con un grupo de empresarios, algunos muy poderosos. Al final, el ministro me regaló una medalla por lo que había hecho, que tenía su cajita, pero se perdió con el tiempo».

El don de gente de Cubas, apareció para llevar la lucha a TVE. «Un día me encontré a Santiago Betancor Brito, al que ayudé a entrar en el Eco de Canarias cuando lo vi en una luchada tomando notas y yo era fotógrafo. Hablé con Ayala y así empezó a escribir de lucha. También se lo comenté más tarde a García Alcalde para que se lo llevara para La Provincia cuando ya se veía que iba a cerrar el periódico. Estaba con Kiko Ledgar, el presentador del ¡1,2,3 responda otra vez!, el programa más famoso de la televisión en la historia de España. Ledgar quería hacer algo de Canarias y Santiago le dijo que para ello tenía que hablar conmigo, que era la persona idónea y que le ayudaría. Yo en esa época entrenaba al Tirma, en el club Victoria con Chago Morales, y se lo comenté a las luchadoras. Su respuesta fue que estaba loco, por lo que se lo propuse después a las chicas del Agüimes y accedieron a ello. Además de luchar, había que llevar otras manifestaciones de la cultura canaria. Kiko me pidió que fuera yo a Madrid con ellas que lo iba a pasar muy bien, pero le dije que, si iba, como me gustaba mucho las fiestas, no regresaría aquí y, por eso, las acompañó Carlos Cabrera en mi lugar».

Mara González como madrina

La famosa periodista y comunicadora Mara González fue la madrina del Guanarteme en 1972. « Mara era para mí como una hermana. Trabajábamos en el bar Casablanca del Parque Santa Catalina y cuando me enteré que en radio Las Palmas estaban buscando una locutora, la propuse y así empezó. Cuando le pedí que fuera la madrina del Guanarteme, que hacía su primera luchada oficial en Gáldar, aceptó encantada».

Cubas tambiñen intervino en que muchos luchadores lograran empleos. «Yo como disfrutaba era enseñando o ayudando a los luchadores, por eso pude lograr que muchos de ellos, sin ninguna titulación o preparación, tuvieran un empleo. Así era feliz».

Al final, las enfermedades y el cansancio de estar metido en muchos frentes le hizo abandonar la lucha a finales de los noventa del siglo pasado, pero no sin dos recuerdos especiales al Faro de Maspalomas y Jesús Gómez. «El Faro me consideraba su amigo y poco antes de morir, lo fui a visitar y se levantó de la cama para despedirme en la puerta porque así se despedía a los amigos. Recuerdo que estando en Madrid en el hospital, su hija me dijo que él se bebía varios litros de leche al día y tuve que llamar allí para que se lo dieran. Por su parte, Jesús Gómez no solo es el mejor presidente que ha tenido la lucha canaria, sino que me ayudó cuando estaba en paro con una compensación económica y eso no lo olvidaré jamás».

En la actualidad, sus problemas físicos le impiden ir a los terreros a vivir como testigo en primera persona el deporte que marcó su vida. «Veo la lucha por televisión, pero hay mucha diferencia con la de antes».

La historia no solo la escriben los grandes puntales sino otras personas que, en un segundo plano y gracias a su intervención, posibilitaron el progreso de la lucha canaria. Su labor así lo atestigua. La propia lucha le debe un reconocimiento, ahora que todavía vive. No se puede olvidar de esta manera a quien lo dio todo por el vernáculo deporte, lo engrandeció y logró en la trastienda lo que otros no pudieron.