Boro Domínguez y Juan Espino, ayer en Altavista durante el encuentro que mantuvieron. / C7

Confidencias y admiración compartida de dos grandes campeones: Boro Domínguez y El Guapo

El célebre boxeador de los años cincuenta y la actual estrella de la UFC han forjado una entrañable relación personal pese a la diferencia generacional

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Ya figuran en la historia del deporte canario por todo lo que le han brindado a la tierra que les vio nacer.Boro Domínguez, conocido como El Caballero del Ring, fue campeón de España de boxeo y dignificó su deporte con unos valores que le eternizaron. En el célebre Combate del Siglo, año 1956 y ante 12.000 espectadores en el Estadio Insular, prefirió alzar los brazos a su adversario, el Chato Saavedra, a seguir compitiendo al sufrir unos dolores que le impedían pelear en condiciones. Todo un monumento a la deportividad. De Juan Espino, El Guapo, hace tiempo que se agotaron los calificativos para poder contextualizar sus gestas en los deportes de contacto. Primero fue un luchador de leyenda y que se hizo gigante en los terreros, con especial relevancia en sus tiempos en el Almogarén de Valsequillo. Fue el punto de partida de una carrera que diversificó hasta llevarle por el planeta practicando toda clase de modalidades y convirtiéndose en embajador mundial de Gran Canaria. Son tantos sus títulos y distinciones que ni él mismo acierta a acotarlas. Por lo pronto, ahora compite en la UFC como una de sus grandes estrellas, toda una oda a la superación de la que siempre ha hecho su modo de vida.

Presentados Boro y Juan, Juan y Boro, resulta entrañable la amistad que han forjado pese a la brecha generacional. Uno cumplirá en mayo 88 años, que ya es decir. Y El Guapo celebró hace poco los 41. Esa diferencia no es obstáculo para que ambos hagan apología de la admiración y el respeto que se tienen, como exhiben con orgullo.

« Juan es un ejemplo para la juventud por haber dedicado su vida al deporte e ir siempre derribando barreras. Lleva muchísimo tiempo al máximo nivel, ha recorrido infinidad de países representando a Gran Canaria y nunca ha perdido la humildad y el buen corazón que le caracteriza. Representa esa nobleza, honradez y cercanía que tenemos los deportistas de la vieja escuela, siempre responsabilizados con lo que significamos para la afición. Yo lo viví hace mucho tiempo ya, cuando salía cada día en los periódicos y me paraban por la calle», rememora con dulce nostalgia Boro en las cercanías de su domicilio en Altavista, lugar elegido para el encuentro.

Por su parte, Juan Espino, al que le emocionan los elogios de una figura que conoce por referencias («no pude disfrutar de sus peleas pero sé que Boro fue el mejor cuando estaba en plenitud»), se queda con la faceta personal de alguien a quien tiene en altísima consideración: « Las palabras de Boro hacia mí son de gran valor porque hablamos de una persona que lo ha vivido todo y que no necesita regalar frases bonitas a nadie. Siempre tiene consejos sinceros, sé que todo lo que me dice es por mi bien y supone un honor tener su amistad y la posibilidad de hablar con él. Tiene una vitalidad enorme y saco aprendizaje de muchas de las cosas que me dice porque su experiencia, tanto en el deporte como en la vida, está a la vista de todos. Triunfó como boxeador, como empresario y como padre de familia y persona. Es un diez en todos los sentidos».