Tadel Pogacar celebra su victoria en el Tour de Francia 2020. / reuters

Resumen 2020

Eslovenia reina en el año más loco del ciclismo

El joven Pogacar se coronó en el Tour con una cronoescalada final para la historia, en un 2020 de explosión de nuevos talentos

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Madrid

Ya había comenzado la temporada, con algunas de las pruebas más madrugadoras, cuando la covid-19 irrumpió en el mundo del ciclismo, amenazando con dar al traste con todo el calendario para el año 2020, un cataclismo de dimensiones bíblicas en un deporte basado en los patrocinios y con problemas estructurales evidentes en el caso concreto español. Cuando el abismo parecía a la vuelta de la esquina, con todo el deporte mundial parado durante semanas e incluso meses, el Tour de Francia, ese gigante del ciclismo mundial, dio el paso al frente que se esperaba y se mantuvo firme ante viento y marea. La disposición de la ronda gala a sacar adelante su edición en este fatídico 2020, impulsó también a los organizadores de Vuelta a España y Giro de Italia, decididos a mantener el pulso a pesar de las dificultades, con burbuja, mascarillas, medidas estrictas y renunciando a los clásicos ánimos de la afición, especialmente en las grandes cimas.

El inicio del Tour 2020 llegó con una sensación inédita en casi una década, la de que el Ineos de Egan Bernal, vigente ganador, no comenzaba la ronda gala como el mejor equipo. El tremendo potencial del Jumbo-Visma de Primoz Roglic y Tom Dumoulin quedó reflejado en una carrera que parecía estar destinada para la victoria del esloveno. Sin embargo, un joven compatriota estaba dispuesto a discutirlo. Tadej Pogacar y el Emiratos Árabes aguantaron el pulso al binomio Roglic-Jumbo hasta la penúltima etapa, aunque el guión seguía fiel a lo previsto.

Después de once jornadas consecutivas luciendo el maillot amarillo, Roglic llegaba a la cronoescalada con final en La Planche des Belles Filles con una ventaja de 57 segundos, margen más que suficiente para un especialista, aunque fuera contra otro. Sin embargo, y en un episodio que ya forma parte de la historia del ciclismo, el joven Pogacar voló sobre el asfalto, para a un inhumano ritmo de casi 40 kilómetros por hora, superar en 1 minuto y 55 segundos a su rival, antes de coronarse en los Campos Elíseos de París y convertirse en el tercer ciclista más joven en hacerlo. Al amarillo unió el maillot de lunares al mejor en la montaña, el blanco de los jóvenes y hasta tres triunfos de etapa, un balance mayúsculo para una gran figura e increíble en un ciclista de 21 años que afrontaba la segunda grande de su carrera después del tercer puesto en la Vuelta a España 2019. El ciclismo español se llevó el cuarto puesto de Mikel Landa y el quinto de Enric Mas, con Movistar como ganador de la clasificación por equipos por tercera edición consecutiva.

Con semejante botín en el zurrón no es de extrañar que Pogacar cediese el foco del resto de la temporada a otros ciclistas, como Julian Alaphilippe, sensación en el Tour de 2019, líder de la Grande Boucle en las primeras etapas y el hombre que se vistió de arcoiris en el Mundial en Ruta de Imola a finales de septiembre. El francés, un gran clasicómano, se impuso a Wout van Aert y Marc Hirschi, que ya habían sido dos de las sensaciones del Tour y confirmaron sus grandes momentos de forma con la plata y el bronce mundialistas.

Contra el crono, el italiano Filippo Ganna se coronó en casa, antes de ofrecer una auténtica exhibición en el Giro de Italia, llevándose las tres etapas contrarreloj de una ronda marcada por la sorpresa y la emoción propias de una carrera sin apenas grandes nombres. El portugués Joao Almeida alcanzó la maglia rosa en la tercera etapa y la mantuvo durante más de dos semanas, cediendo a falta de tres jornadas, con un final totalmente loco en el que el británico de Ineos Teo Geoghegan Hart y el australiano de Sunweb Jai Hindley llegaron a la crono final con el mismo tiempo y que se resolvió en favor del primero, desquitando a su equipo de la decepción con Bernal en el Tour y del abandono de Geraint Thomas a las primeras de cambio.

Resurrección de Roglic

Roglic se rehízo del drama sufrido en el Tour arrebatándole la Lieja-Bastoña-Lieja a Alaphilippe sobre la misma línea de meta, ya que el francés se precipitó en la celebración, antes de afrontar la defensa del título en la Vuelta. En cuanto al resto de monumentos del ciclismo, las más selectas entre las clásicas, Van Aert se llevó la Milán-San Remo; Van der Poel el Tour de Flandes; Fuglsang un Giro de Lombardía marcado por la terrible caída del joven y talentoso Remco Evenepoel, que apuntaba muy alto en la temporada hasta el accidente que le produjo una fractura de pelvis; y se quedó sin disputar la París-Roubaix, 'El infierno del norte'.

La Vuelta a España cerró esta vez la temporada, nada y más y nada menos que entre finales de octubre y principios de noviembre, algo inédito, pero lo hizo con un gran sabor de boca. Por su cartel inicial, por una organización que se saldó sin positivos por covid entre los miembros del pelotón y por el espectáculo que deparó desde las primeras etapas. Richard Carapaz y Roglic se repartieron el jersey rojo de líder a lo largo de 18 etapas, pues se renunció finalmente a las tres primeras de salida en Países Bajos. El esloveno fue el más regular, con hasta cuatro triunfos de etapa y el maillot verde, y las bonificaciones le permitieron resistir el empuje del combativo ecuatoriano en la montaña.

El británico Hugh Carthy fue la revelación con un podio y el triunfo en la legendaria cima del Angliru, huérfana de sus animosos aficionados, y Madrid coronó a Roglic y su capacidad para levantarse tras la derrota. Fue el epílogo al año más loco del ciclismo, que deja la conclusión de que solo Roglic aguanta ante una generación de corredores que superan por poco la veintena y que amenazan con inscribir sus nombres con letras de oro en la historia de un deporte que aguantó en pie ante la adversidad.