Araujo controla el balón en el partido de la jornada pasada ante el Cartagena, en el que fue cambiado al descanso. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Araujo es la asignatura pendiente de Mel: seis goles, lesiones e incidencias desde 2019

El técnico no ha podido disfrutar de la mejor versión del argentino, a quien se empeña en recuperar pese a que no termina de romper

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Entre el papel emergente de Mujica, la aparición definitiva que se espera de Jesé, el paso adelante de Maikel Mesa y la celebrada vuelta de Pejiño, en el frente ofensivo de la UD hay un nombre que preocupa por el bajón experimentado y la necesidad que se tiene de rescatarlo: Araujo. El Chino, cambiado al descanso el pasado fin de semana ante el Cartagena, acumula cinco jornadas consecutivas sin marcar y un único tanto en sus últimos nueve encuentros, parámetros muy alejados de las expectativas. Pepe Mel jamás ha reculado en sus consideraciones hacia él, al que ha ensalzado siempre con generosidad, además de empeñarse en recuperar para la causa pese a que el argentino no ha terminado de romper bajo sus órdenes.

En el tramo de la campaña 2018-19 en el que coincidieron, apenas aportó una diana en los siete partidos en los participó. El saldo de la temporada pasada, más testimonial aún: tras recuperarse de una grave lesión y acumular 171 minutos en cuatro encuentros, sin goles, quiso volver a Grecia, como así fue, en el mercado invernal de 2020. Su gesto de querer emigrar, cuando aún dolía la orfandad de Viera, obligado a retornar a China, no fue comprendido por todos. Este verano regresó sin la certeza de quedarse. Mel insistió en retenerle y no contempló su salida, aunque todo se torció a las primeras de cambio y de la manera más inesperada posible: Araujo se contagió de coronavirus en pleno agosto, viendo interrumpida su preparación estival y dilatando su puesta en escena en la competición (se perdió la jornada inaugural y fue suplente en las tres posteriores al no estar en condiciones plenas). Desde entonces, ha tenido picos y valles, con actuaciones de relieve (doblete ante el Almería en la primera vuelta y el gol ganador en Mallorca como mejores exponentes) con otras menos afortunadas. Y siempre con la rémora de no alcanzar un tono físico óptimo.

De hecho, lleva tres encuentros sin completar todos los minutos en el campo y su influencia en el resto ha sido invisible. Al propio Araujo se le ha visto más entre gestos de resignación y cara de circunstancias que con su sonrisa característica. En el partido del pasado fin de semana, hasta podría decirse que lo pasó mal, a juzgar por las palabras del propio Mel: «Araujo me dijo en el descanso que estaba muy cansado, condicionado por la tarjeta. No estaba bien. Y decidimos cambiarlo. Es de agradecer que diga que no está al ciento por ciento».

El año pasado emigró a Grecia tras varios meses en el dique seco, gesto que no gustó, y este curso lo arrancó con covid-19

Fue una lectura comprensiva del entrenador, consciente de que debía proteger a su delantero de mayores críticas tras un día en el que, como así se reconoció, no le salieron las cosas como pretendía. El factor psicológico que tanto domina y utiliza el preparador madrileño también es aplicable en ocasiones poco propicias. Y él, que conoce la presión con la que carga Araujo para poder estar a la altura de lo que se espera de su figura, héroe del ascenso a Primera de 2015, mejor salario de todos y que quiere recuperar lustre y cartel.

Que Araujo siga siendo uno de los intocables en la UD se debe, precisamente, a la insistencia de Mel en empoderarlo y mantenerle el rol de esencial en su pizarra. Nadie pone en duda de que en Castalia partirá desde la foto inicial. Quizás lo necesita más que nunca y así lo escenifique cuando, de nuevo, vea puerta y pueda hacer el saludo militar.