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Fernando García de Cortázar en su despacho de la Universidad de Deusto. maika Salguero
«Nos hemos tragado la leyenda negra sin ningún espíritu crítico»

«Nos hemos tragado la leyenda negra sin ningún espíritu crítico»

Fernando García de Cortázar recorre enclaves cruciales para nuestra idiosincrasia en 'Paisajes de la Historia de España'. El historiador y catedrático viaja en su nuevo libro de Ampurias a Ermua, pasando por Santiago de Compostela, El Escorial, Toledo o Salamanca

Martes, 21 de diciembre 2021, 16:18

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En 'Paisajes de la Historia de España' (Espasa), Fernando García de Cortázar (Bilbao, 79 años) propone un apasionante viaje por medio centenar de lugares significativos de nuestro pasado y determinantes de nuestro presente. Su vasto conocimiento de nuestra historia le permite abordarla desde dispares puntos de vista. Es el septuagésimo tercer libro de este jesuita, catedrático de Historia Contemporánea en Deusto y director de la Fundación Vocento.

-¿El paisaje es una buena base para divulgar la historia?

-Sí. El paisaje es historia, conserva las huellas del pasado, evoca la crónica de un país, de una nación, nos habla de lo que hemos amado y odiado, creado y destruido. De lo que soñamos y se ha desvanecido. He querido contar la nuestra a través de medio centenar de lugares.

-¿Cómo los eligió?

-Todos contienen la memoria de una época o un momento. Hay ciudades con un peso abrumador en nuestra historia, como Santiago de Compostela o Cádiz; monumentos que son la crónica o el resumen de un tiempo, como El Escorial; y lugares de capacidad evocadora más humilde aunque no menos poderosa, como el monasterio de Suso, hoy apenas una ermita, que recuerda los albores del castellano.

-¿Es un error juzgar el pasado con los ojos del presente?

-Más que un error. Es un acto de ignorancia. Ningún personaje de la historia resiste la aplicación de las normas morales de nuestro tiempo, porque la historia la hacen personas sujetas a los valores de su época.

-¿Qué le parece que se derriben las estatuas de Colón?

-Quienes las derriban no son doctores en historia preocupados por mejorar el presente, sino ignorantes y energúmenos, hijos de la demagogia más burda y agresiva. Es un claro síntoma de una enfermedad que padece Occidente: la tiranía de la penitencia, el masoquismo expiatorio que no pierde ocasión para pedir perdón por los pecados del Viejo Continente. Europa contra sí misma. No hay duda de que Europa ha creado auténticos monstruos, pero también ha concebido las teorías que permiten pensar y destruirlos.

«Europa ha creado auténticos monstruos, pero también ha concebido las teorías que permiten pensar y destruirlos»

-¿Qué decir a quienes exigen pedir perdón por los abusos del pasado?

-Decir hoy que la población indígena de América sufre las consecuencias de la conquista española es tan disparatado como que un soriano culpe a los romanos de todos sus males.

-Dice que desconocer la historia es como carecer de derechos civiles.

-La historia cumple una misión esencial: iluminar el pasado, sustituir mitos, leyendas y falsedades por conocimiento. Nos enseña que la identidad es un proceso: España, como Francia o Gran Bretaña, es lo que ha sido a través de su historia. Por eso desconocerla es como carecer de derechos civiles.

-¿Por qué patriotismo y patriota son palabras tan denostadas en España?

-Nos hemos tragado la leyenda negra sin ningún espíritu crítico. Somos la única nación europea que parece avergonzarse de sí misma, la única incapaz de aceptar con naturalidad su pasado o de tener una visión positiva de su historia. Hay que recordar que hay muchas cosas que recordar. Un país que ha dado a Cervantes y a Lope de Vega, a Velázquez y a Goya, a Francisco de Vitoria, a Unamuno, a Tomás Luis de Victoria y a Manuel de Falla puede y debe sentirse orgulloso de su pasado. No se trata de sacar pecho ni de vivir de glorias pasadas, pero sí de dejar de ver nuestro pasado con los anteojos de la leyenda negra, de habitar con el corazón nuestra herencia.

-Muchos españoles ven el descubrimiento y la conquista de América como un puro y simple genocidio.

-La de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas. El heroísmo y la abyección fueron igualmente notorias en ella. Pero sólo quien ignore la complejidad de la naturaleza humana puede escandalizarse de estas ambigüedades y contradicciones. La epopeya americana contó con una autocrítica que no se produjo nunca antes en la historia. Ni la Grecia de Alejandro Magno ni la Roma de Julio César se plantearon nunca si sus procedimientos eran o no justos.

-La expresión 'Estado español' no le agrada. Es un pequeño Frankenstein que nos ha colado el nacionalismo, dice.

-Esa expresión no tiene otra razón de ser que impugnar la existencia de la nación española. Y reconozco, con tristeza, que ha tenido éxito: se utiliza hasta en los telediarios. España no es una mera agregación de sus regiones. Es, desde hace siglos, una destacada comunidad política de vida e intereses, una experiencia colectiva como Francia e Inglaterra, y desde el siglo XIX, con el liberalismo gaditano, una gran nación.

«Desconocer la historia es como carecer de derechos civiles, y juzgar el pasado con ojos del presente, un acto de ignorancia»

-¿Qué supone ser español hoy?

-Ser ciudadano de una nación plural, dinámica y vigorosa; hijo de una larga tradición, de un prolongado hermanamiento, de un deseo claramente expresado de continuar la vida en común; supone ser heredero de un enriquecedor proceso de mestizaje y de un ímpetu cultural desarrollado a lo largo de los siglos. Europa, el mundo, serían peores, más incompletos o injustos, sin las grandes aportaciones hispanas, sin las Escuela de traductores de Toledo, el pensar recio de la Escuela de Salamanca, el empuje explorador de los siglos XV y XVI, las grandes expediciones científicas del XVIII, preocupadas por la botánica y la medicina.

-Ningún libro, dice, explica mejor la dictadura de Franco que el Valle de los Caídos, al que dedica un capítulo. ¿Qué se debe hacer con este monumento?

-Es el símbolo de una época. Creo que hay que conservarlo. Aunque no sabría muy bien cómo, le quitaría cualquier elemento de exaltación del régimen franquista, que ahora suscita una división artificial entre los españoles.

-De escoger uno solo de lo paisajes que recorre, ¿cuál sería?

-Santiago de Compostela en la época del maestro Mateo. Siempre me pregunté qué sentían los peregrinos medievales cuando, tras larguísimas jornadas de camino, tropezaban con el Pórtico de la Gloria, verdadera Divina Comedia en piedra, porque, como la obra de Dante, compendia todo el saber teológico de su tiempo a través de un lenguaje increíblemente bello y siempre vivo.

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