Tequila en una imagen promocional incluida en el documental de Álvaro Longoria.

Tequila: demasiado sexo, drogas y rock and roll

Un documental revisita la carrera del grupo hispano-argentino, que puso a bailar a la España de la Transición y acabó separándose tras cuatro discos por culpa de los egos y las drogas

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI San Sebastián

Duraron cuatro discos, pusieron a bailar a todo un país que se sacudía la caspa del franquismo y cumplieron su sueño de ser como sus admirados Rolling Stones. 'Tequila. Sexo, drogas y rock and roll' reivindica el legado y el carácter pionero de una banda que forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones de españoles. Como se escucha en el documental de Álvaro Longoria presentado en el Festival de San Sebastián, no hay una sola boda en nuestro país donde no suene '¡Salta!', el éxito que grabaron cuando estaban a punto de separarse. Eran unos críos «demasiado jóvenes, con demasiado éxito, demasiadas drogas y demasiadas mujeres», certifica el promotor de conciertos Gay Mercader, que les acompañó en su fulminante ascensión al éxito pero acabó harto de sus egos.

Se escucha 'Rock and roll en la plaza del pueblo' en los primeros compases de filme y la moviola se pone en marcha. Amigos desde niños, procedentes de familias burguesas significadas políticamente, Alejo Stivel y Ariel Rot llegaron a Madrid en 1976 huyendo de la dictadura militar en Argentina. Una noche ven tocar a Julián Infante (guitarra), Felipe Lipe (bajo) y Manolo Iglesias (batería), invitándoles a formar un grupo que, dos años después, sacaría su primer disco. El título, 'Matrícula de honor', recordaba que hacía mucho que ya no pisaban un colegio. Lo de «vamos a tocar un rock and roll en la plaza del pueblo», apunta Miguel Ríos en el documental, «resumía perfectamente lo que ocurría en este país». De cantar jotas a moverse lascivamente como Mick Jagger.

Vídeo. Tequila canta 'Dime que me quieres'.

Tequila era un grupo diferente por muchas razones. Estaba formado por españoles y argentinos, rompió el cliché de que el rock no se podía cantar en español, resucitó el fenómeno fan a niveles nunca vistos y abrió la puerta a un sinfín de formaciones. En los politizados años de la Transición su único mensaje era el descaro y la diversión. «Rockeros: el que no esté colocado que se coloque y al rollo», promulgaba el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. Y vaya si se colocaron.

Sin abogados, sin asesores, aquellos críos que todavía no habían cumplido veinte años firmaron un contrato leonino con la compañía Zafiro por cinco discos. Cedieron sin saberlo el 50% de los derechos de autor. En los conciertos las chicas les lanzaban sujetadores. Aquellas estrellas portada en el Superpop vivieron demasiado deprisa. Manolo Iglesias murió de sida en 1994, la misma enfermedad que se llevó a Julián Infante seis años más tarde.

La llegada del 'dealer'

«La gente nos quiso mucho y vendimos muchos discos, no fuimos unos artistas malditos que hoy se reivindican», apunta Alejo Stivel sentado en el hall del hotel María Cristina en San Sebastián junto a Ariel Rot, su amigo desde que tenían once años. «Tampoco fuimos precisamente un grupo 'one hit wonder' (de un solo éxito)», añade Rot. «Este documental es un sándwich con mucha chicha dentro, pasaron muchas cosas en estos cuarenta años». En el filme, que llegará a los cines este otoño, Felipe Lipe se sincera sobre las drogas. Era el más golfo del grupo, «acompañado de una chica para comer y otra cenar». «Nos metíamos unas rayas y acabábamos en la cama», describe el bajista, que hoy vive de una pensión. «Hasta que un día vino Alejo con una papelina de heroína y nos jodió la vida, porque nos enganchamos todos».

Vídeo. Llegada del equipo del documental al Festival de San Sebastián.

«Las drogas ocuparon un lugar importante. Éramos muy felices fumando nuestros porritos, había un punto de inocencia. Pero después entró la heroína, no solo en Tequila, sino en la sociedad. La fama y el dinero ayudaban. Y contribuyó al deterioro personal de cada uno de los miembros del grupo», recuerda Ariel Rot. «Nos mirábamos musicalmente en unos ídolos que tenían estas prácticas: los Stones, John Lennon, Iggy Pop, Bowie... Pensábamos que si ellos lo hacían y eran estrellas mundiales no tenía que ser tan malo», apunta Stivel.

«Los fans pasan, las canciones quedan»

ariel rot

«Nos mirábamos musicalmente en unos ídolos que tomaban drogas: los Stones, John Lennon, Iggy Pop, Bowie...»

alejo stivel

La actriz Cecilia Roth, hermana de Ariel y testigo de fiestas y pasotes, recuerda la llegada del 'dealer' como uno de los peores momentos de aquellos años irrepetibles. Los chanchullos de la industria musical que sufrió Tequila, en la que José Luis Uribarri y Los 40 Principales no salen muy bien parados, darían para otro documental. «Engañar a un músico es muy fácil. No me torturo, pero sigo pagándolo, porque aquellos contratos duran para siempre», confiesa ArielRot, que después formó Los Rodríguez. Por su parte, Alejo Stivel, reputadísimo productor musical, no se tortura al respecto: «Ya sabías que el reparto no era equitativo, pero menos mal que lo aceptamos, porque si no, no hubiéramos podido lograr lo que logramos».

Álvaro Longoria, Ariel Rot y Alejo Stivel en San Sebastián.

'Tequila. Sexo, drogas y rock and roll' alterna imágenes de archivo con testimonios de Miguel Ríos, Ramoncín, Benjamín Prado, Jesús Ordovás, Cecilia Roth, Miguel Ángel Arenas 'Capi' y Gay Mercader, entre otros. Recupera actuaciones en el mítico 'Aplauso' y el concierto de 2018 en el Wizink Center, que anticipaba su despedida tres años más tarde tras su reunificación y en el que tocaron con Fito, M-Clan y Dani Martín, entre otros.

A Tequila les envidiaban porque tocaban mejor que los grupos de la Movida, se deja entrever en el documental. «La película cuenta cómo se fragua el éxito y que consecuencias tiene», remarca el director Álvaro Longoria. «Las fans pasan, las canciones quedan», concluye Ariel Rot ante las risas de Alejo Stivel. Juran que siguen siendo amigos. «Estamos haciendo el paripé para promocionar la película», sonríen.