Máximo Huerta, con su novela 'Adiós, pequeño' (Planeta), este miércoles en el HotelThe Lumm, en la capital grancanaria . / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

«El silencio y no decirlo todo ha mantenido en pie a muchas familias»

El ganador del Premio de Novela Fernando Lara 2022 presenta este jueves 'Adiós, pequeño' en la Biblioteca Pública del Estado de la capital grancanaria

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

El escritor, periodista y efímero ministro de Cultura, el valenciano Máximo Huerta, presenta su exitosa nueva novela, 'Adiós, pequeño' (Planeta), a partir de las 19.30 horas, en la Biblioteca Pública del Estado de la capital grancanaria.

-¿Cuál es el origen de 'Adiós, pequeño', libro al que ha dedicado tres años de escritura y que tiene mucho de su propia vida e infancia?

-Esta es la historia de un matrimonio y detrás de cada uno se esconde una pequeña historia. Es la historia de nuestros padres y abuelos transformada en novela, en una ficción. Cuenta cómo se han tenido que acostumbrar a vivir con una persona a la que apenas conocían. Llegaban al matrimonio como si fueran dos desconocidos. Ahí arranca la novela. Le he dedicado todo el tiempo que he querido, disfrutándola para que llegue directa al corazón. Creo que lo he conseguido, porque es una novela que ha gustado mucho. El 'feedback' con los lectores está siendo maravilloso y es que cuando haces las cosas desde el corazón sí que llegan.

«A veces las verdaderas historias no hay que buscarlas lejos, están en el rellano del edificio»

-¿Le costó mirar hacia atrás y rememorar su existencia con un enfoque literario y ficticio?

-No. Escribir es disfrutar. Buscas información allí donde necesitas para escribir todo el edificio y tu novela. Hay novelas que ya están escritas, que están dentro de ti y solo tienes que traducirlas. Algunas las tienes que buscar en el París de los años veinte, en el Berlín de los 50 o el Nueva York de los 40. Sin embargo, a mí me interesan más las historias de los que nunca han sido protagonistas, de esa España invisible, que son los hombres y mujeres que se tuvieron que casar incluso con desconocidos.

-¿Podemos entender también 'Adiós, pequeño' como la radiografía social de una época?

-Es un retrato de España desde los abuelos que nacieron en 1913 y hasta 1937. Retrata cómo hemos sido en el terreno familiar. Cuánto han pesado los silencios, qué importantes han sido los secretos y que gracias a los silencios y los secretos se han mantenido las familias firmes.

-¿Supuso para usted una cierta catarsis o liberación la escritura de esta novela?

-No. He escrito una novela para que los lectores la disfruten. Al principio no pensé en escribirla, porque creía que no interesaría la vida de esas personas tan invisibles, pero sin embargo todos somos protagonistas de nuestras propias historias. Y a veces las verdaderas historias no hay que buscarlas lejos, sino que están en el rellano de nuestro edificio. Muy cerca.

-¿Testó la idea de la novela en su entorno cercano y familiar?

-No. A mis 51 años no tengo que testar nada.

-¿Y cómo ha sentado?

-Ha gustado mucho en la familia y fuera de la familia. Es una novela que habla del cariño y de cómo tenemos que mantener los recuerdos. También de lo que se esconde detrás de nuestras vidas. Creo que es un regalo que se quede ahí. Cada lector ve en gran medida a su propia familia. Es una forma de convertirla en frascos de cristal para siempre.

Máximo Huerta, este miércoles, en la capital grancanaria. / cober servicios audiovisuales

- Lo mencionaba usted antes y en la novela queda muy clara la importancia de los silencios. ¿Considera que eso se ha perdido un poco en la actualidad?

-Me interesaban los silencios que han servido para que las familias fueran felices. Esta es la historia de un matrimonio que ha intentado ser feliz a su pesar. Me interesa el silencio como protección. Las casas a veces han sido hogar y a veces prisión. Ese silencio dentro de la misma casa o al que había que optar para que nadie en la calle se enterase de lo que pasaba me ha parecido muy literario. El silencio ha mantenido en pie a muchas familias, el no decirlo todo. En muchos pueblos también. De todas formas no me creo que ahora se lo cuenten todo.

-Las redes sociales son otra cosa...

-Así es. Vivimos una vida muy dispersa, con muchos impulsos, pero yo estoy a favor de una mayor lentitud y de disfrutar de la vida de manera más tranquila.

-¿Una mayor reflexión?

-Sí. Sin prisas, no las entiendo. No tengo prisa porque pase nada.

- Así se genera una perspectiva.

-La perspectiva es necesaria, sí. Incluso para escribir esta novela. Tener la perspectiva de los años, para poder mirar sin juzgar a una familia y convertirlos en personajes. Necesitas una perspectiva y más libros antes que este.

-¿Cada libro tiene su momento?

-Cada libro es un ensayo del siguiente, para el que viene después. Eso no quiere decir que sea una prueba.

-¿El enfoque literario de 'Adiós, pequeño' lo tuvo claro desde el principio o se definió a medida que escribía?

-Es una novela que no medité tanto como otras. Dejaba que fluyera más desde el corazón y las tripas. Las tripas y el corazón han mandado en esta historia. Fue muy orgánica su escritura, desde el sofá de casa y teniendo a mano la mejor Biblioteca Nacional, que es mi madre. Ella representa a tantas madres de este país que pasaron a convivir con hombres que pasaron a ser maridos y padres a los que apenas conocían.

-La frase inicial, muy impactante, ¿apareció en cuanto comenzó la escritura del libro?

-La novela arrancó desde un principio con ese «mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido». Me preguntaba con esa frase qué habría sido de nuestras madres y abuelas si no hubieran tenido que dejar de ser mujeres libres. Si por el contrario hubieran decidido seguir con sus vidas, manteniendo su libertad. Muchas tuvieron que ser solo madres y abuelas. Nos lo deberíamos preguntar todos. Ni siquiera muchos han preguntado a sus madres qué les gustaba ser de mayor cuando eran niñas o jóvenes. Igual después de esta novela comienzan a ver a sus madres como mujeres independientes, que fueron jóvenes, que bailaron, soñaron y tuvieron sus frustraciones. Con esa frase no hablo de que no hubiese amor. Es una forma de decir qué habría sido de ellas...

-¿De sus novelas es la que más defiende a la mujer?

-En todas hay un peso familiar importante y donde las mujeres toman un peso destacado. Pero en esta es cierto que hay una reivindicación de las mujeres que perdieron su libertad en brazos de su marido.

-Sigue pasando.

-Sí. Y ahora hay mucho machismo entre la juventud, que imita no el papel de los padres sino el de los abuelos.

-Estamos involucionando.

-Sí y convirtiendo el amor romántico en un modelo a seguir.

-¿Cómo se combate?

-Con educación, con lecturas. Una lectora me dijo que esta novela tendría que estar en todos los institutos. Me parece un piropazo.

-¿Enterró su parte periodística?

-Tengo un programa de entrevistas en la televisión valenciana. No echo en falta hacer más periodismo porque nosotros mismos, los periodistas, hemos conseguido perder el prestigio.

-¿Si la política vuelve a tocar en su puerta, le abriría?

-He guardado la ropa de invierno, llevo la de verano.