Imagen de archivo de una biblioteca del archipélago canario. / C7

Un sabor «agridulce» entre libros

El primer estudio y análisis de campo de las bibliotecas canarias arroja un panorama desigual y con mucho que mejorar

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Las bibliotecas canarias presentan un panorama muy desigual, pero la tónica general es que no se encuentran tan mal como algunas que sí que lo están. Eso sí, el margen de mejora es enorme y más aún si se aspira a que se ajuste a los parámetros que marca la Ley, aprobada en marzo de 2019 en el Parlamento regional. Esta es la principal conclusión que se desprende del 'Estudio de la situación de las bibliotecas y la lectura en las Islas Canarias', que firma Alicia Sellés Carot y que se desarrolló por encargo de la viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.

Se trata, apunta las fuentes consultadas, del primer estudio y análisis de campo profesional desarrollado para analizar la realidad de las bibliotecas en el archipiélago. A partir del mismo también se ha confeccionado un mapa por islas que retrata las fortalezas y debilidades detectadas en cada municipio y que la viceconsejería está haciendo llegar a los siete cabildos para que los revisen y hagan sus aportaciones.

El objetivo es confeccionar, apuntan las mismas fuentes, un ambicioso plan de desarrollo de estos enclaves y de fomento de la lectura a largo plazo, cuyos resultados se espera conseguir pasadas unas cuantas legislaturas. Algo novedoso dentro de una política local, insular y regional marcada por el cortoplacismo y donde no se suele ver más allá de cuatro años.

«El estudio se centra en tres cuestiones fundamentales: Las bibliotecas, la relación y visión de la ciudadanía con las bibliotecas y las prácticas lectoras de la ciudadanía», puntualiza el texto al que ha tenido acceso este periódico.

« Los datos obtenidos y el análisis realizado nos ofrece un panorama que se intuía en muchos aspectos y que nos deja un sabor agridulce. En las islas tenemos bibliotecas muy bien dotadas, con una visión moderna y centrada en las personas y sus necesidades, preferencias e intereses, con una proyección muy interesante pero también tenemos bibliotecas con infraestructuras y recursos que no se corresponden ni a los mínimos deseables», apunta al comienzo de sus resultados el estudio de la profesional Alicia Sellés Carot. Conviene recordar que desde hace meses, por ejemplo, el municipio grancanario de Ingenio tiene sus bibliotecas públicas cerradas, salvo un servicio mínimo en Carrizal.

Entre los aspectos que este análisis considera «muy mejorables» figuran aspectos como «la diversidad y actualización de las colecciones, las acciones y servicios de alfabetización informacional y digital de la ciudadanía, las colaboraciones con agentes no bibliotecarios de forma estable y planificada». La otra cara de la moneda es que se han detectado «muchos ejemplos incipientes y referentes en proyectos de atención a las necesidades especiales, a visibilizar y fomentar la lectura con actividades en espacios públicos, proyectos de innovación y memoria, un número creciente de clubes de lectura o la propia Biblioteca de Canarias como el referente del servicio digital de la red que hay que empezar a dotar y posicionar».

Precisamente, la falta de inversión pública en infraestructuras, personal y dotaciones es uno de los puntos que el sector reclama para su modernización.

Sobre las colecciones, el estudio destaca que «la ratio documento/habitante no llega al 1,5; que no es habitual el trabajo con materiales no librarios o no son considerados como colección; que sólo 19 bibliotecas cuentan con colecciones para colectivos con necesidades especiales (y con muy pocos ejemplares); y la colección local o fondo canario solo se encuentra en 53 bibliotecas, con dimensiones muy desiguales, pero raramente representa más del 10% de la colección», entre otros aspectos.

En lo referente a los servicios, se apunta que «la ratio préstamo/habitante no llega al 0,5; las actividades programadas son literarias (50%) y culturales (33%); se declaran 98 clubes de lectura en la islas (42 de ellos de nueva creación), pero se concentran en la mitad de las bibliotecas; existe una escasa actividad formativa y la que existe se centra en visitas escolares y el uso y manejo de la biblioteca; en general, no se planifican ni se diseñan servicios a colectivos con necesidades especiales; y los servicios digitales que ofrecen son los de la región, la gran mayoría no cuenta con una web propia ni con perfiles en redes sociales para el desarrollo de sus funciones 'online'».

Escasa profesionalización y espacios que en algunos casos «no son dignos»

Para la elaboración de este estudio se incluyó la voz directa de los profesionales que ejercen en las bibliotecas de las islas. Se destacan dos cuestiones fundamentales: «escasa profesionalización de los servicios» y la existencia de «espacios no adaptados ni preparados (no dignos)».

Se hace hincapié en que «el número de bibliotecarios y bibliotecarias profesionales de las islas no ha superado los 74 en los últimos cinco años (el estudio se circunscribe a 2019), lo que da una ratio de profesional por biblioteca inferior a uno». En cambio, «prácticamente todas las bibliotecas de la red cuentan con, al menos, un auxiliar, siendo la categoría de personal más frecuente en las bibliotecas».

La falta de personal y un debate sobre la cualificación del mismo fue uno de los caballos de batalla más importantes. «Se considera que el personal que hay, aunque tenga una calificación de auxiliar de biblioteca, no está preparado para el trabajo en una biblioteca», dice el estudio, tanto en cuestiones como servicios especiales y de innovación como en los básicos que establece la Ley.

Según los profesionales, el escaso número de profesionales formados nace de la «no existencia de estudios universitarios de Información y Documentación (o de Biblioteconomía y Documentación en el plan previo a Bolonia)». También a que «la formación especializada es prácticamente una opción personal y, por supuesto, muchos de ellos/ellas son autodidactas».

Denunciaron los profesionales que no se cuente con «un plan de formación completo, especializado y coordinado». Además, la existencia de un solo trabajador en muchas de las bibliotecas provoca que si se potencia su formación con cursos específicos se tendrá que cerrar el servicio ya que no se cuenta con un sustituto.

Sobre la situación laboral, se identifican tres puntos básicos: «un escaso movimiento en la convocatoria de oposiciones; calificación baja, es decir, el personal está calificado como auxiliar realizando funciones de técnicos; externalización en empresas municipales que no están especializadas».

Escasa profesionalización y espacios que en algunos casos «no son dignos»

Para la elaboración de este estudio se incluyó la voz directa de los profesionales que ejercen en las bibliotecas de las islas. Se destacan dos cuestiones fundamentales: «escasa profesionalización de los servicios» y la existencia de «espacios no adaptados ni preparados (no dignos)».

Se hace hincapié en que «el número de bibliotecarios y bibliotecarias profesionales de las islas no ha superado los 74 en los últimos cinco años (el estudio se circunscribe a 2019), lo que da una ratio de profesional por biblioteca inferior a uno». En cambio, «prácticamente todas las bibliotecas de la red cuentan con, al menos, un auxiliar, siendo la categoría de personal más frecuente en las bibliotecas».

La falta de personal y un debate sobre la cualificación del mismo fue uno de los caballos de batalla más importantes. «Se considera que el personal que hay, aunque tenga una calificación de auxiliar de biblioteca, no está preparado para el trabajo en una biblioteca», dice el estudio, tanto en cuestiones como servicios especiales y de innovación como en los básicos que establece la Ley.

Según los profesionales, el escaso número de profesionales formados nace de la «no existencia de estudios universitarios de Información y Documentación (o de Biblioteconomía y Documentación en el plan previo a Bolonia)». También a que «la formación especializada es prácticamente una opción personal y, por supuesto, muchos de ellos/ellas son autodidactas».

Denunciaron los profesionales que no se cuente con «un plan de formación completo, especializado y coordinado». Además, la existencia de un solo trabajador en muchas de las bibliotecas provoca que si se potencia su formación con cursos específicos se tendrá que cerrar el servicio ya que no se cuenta con un sustituto.

Sobre la situación laboral, se identifican tres puntos básicos: «un escaso movimiento en la convocatoria de oposiciones; calificación baja, es decir, el personal está calificado como auxiliar realizando funciones de técnicos; externalización en empresas municipales que no están especializadas».