Leon Degrelle (derecha), vestido de oficial de la Legión Valona.

El refugio de los fanáticos hitlerianos

'Nazis en la Costa del Sol'. Miembros de las SS y otros seguidores acérrimos del líder alemán encontraron acomodo en el sur de España tras la guerra

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁN Madrid

Wolfgang Jugler era un jubilado más llegado desde el norte de Europa a Marbella. Una persona que después de trabajar durante décadas, decide trasladarse a la costa malagueña en busca de tranquilidad y de un clima mucho más benigno que el de su tierra austriaca. Una forma de ser y de actuar normal, aunque solo de cara al exterior. En el interior de su apartamento, Jugler mostraba su verdadera cara. Colgado de la pared, había una imagen de Adolf Hitler. Su casa era un homenaje constante a la nacionalsocialismo y a las Waffen SS, el cuerpo al que perteneció.

Este apacible jubilado nacido en Salzburgo en 1922 fue uno de los miembros de la escolta del líder nazi y escapó de los aliados hacia lugares donde las autoridades no le iban a molestar. Murió en 2011 y fue «el último ario», como lo define José Manuel Portero en 'Nazis en la Costa del Sol' (Almuzara), un libro donde repasa aquellos seguidores acérrimos del Führer que vivieron tranquilamente en la provincia malagueña o estuvieron de paso antes de acomodarse en otro país.

Ese fue el caso de Aribert Heim, el Doctor Muerte o el Carnicero de Mathausen, que se dedicó a experimentar con presos del campo de concentración. Entre sus víctimas hubo republicanos españoles. Tras pasar por el campo austriaco y el frente finlandés, Heim es trasladado a un campo de desnazificación. «Allí recibían nuevas lecciones sociales y eran liberados. Heim no fue reconocido como un sádico criminal de guerra», apunta Portero.

Se instala en Baden-Baden, se casa y tiene tres hijos. Todo iba bien para él hasta que recibe un chivatazo. Van a buscarle. Es 1962. Huye a Francia y Barcelona, donde es ayudado por la red Odessa para viajar a Sudamérica._Después decide instalarse en España. O puede que no. Su hijo Rüdigen aseguró que su padre murió en 1992, el día que terminaban los Juegos de Barcelona, en El Cairo por un cáncer de colon y bajo el nombre de Tarek Farid Husein._Heim se convirtió, según esta teoría, al islam y trabajó como médico para la Policía cairota. En esa huida, el autor destaca el papel que tuvo Otto Skorzeny para ayudar a su compatriota a desaparecer del mapa y no ser encontrado por el Mossad –el ejemplo de lo que le pasó a Adolf Eichmann estaba presente– y de otros cazanazis.

Skorzeny fue coronel y jefe de los comandos de la Waffen SS, el encargado de la Operación Greif –una acción de bandera falsa en las Ardenas– o de la Operación Roble: la misión de rescate de Benito Mussolini del Gran Sasso. Este vienés entró en España andando por la frontera de Irún con un salvoconducto expedido en el consulado español de Fráncfort. «Encontraron el apoyo del régimen franquista en todo momento», apunta el autor. Skorzeny se instala en España, trabaja como representante de empresas alemanas y bajo una identidad falsa, aunque poco a poco fue sacando a la luz su verdadero nombre. Murió en 1975 en Madrid.

Características comunes

Portero señala que es complicado saber cuántos nazis se instalaron en España, aunque recalca que no todos fueron criminales de guerra. «Tenían dos características comunes: negaron saber lo que sucedía en los campos de concentración, cuando sí lo sabían, y nunca renegaron de su afiliación al nacionalsocialismo», apunta el escritor, que destaca que además de la Costa del Sol, estos alemanes se instalaron en la Costa Brava,_Denia y Cádiz. «El buen tiempo era uno de los motivos, claro. El otro aspecto era el ambiente favorable que encontraron en España», señala Portero. Entre esos apoyos estaba José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo (1941-1957) y uno de los impulsores urbanísticos de la zona.

Una de las figuras más reconocibles que se instaló en España fue Léon Degrelle, nazi belga y fundador de la Legión Valona. Llegó a España a bordo de un Henkell-111 que se estrelló en la playa de La Concha y fue reclamado por su país como criminal de guerra. Nunca fue entregado._Siempre estuvo protegido por el régimen franquista. «Incluso se le proporcionó la nacionalidad y un nombre nuevo: José León Ramírez», indica el autor. El número de su_DNI era el 25761922.

Degrelle, que fue condenado a muerte 'in absentia', aseguraba que Hitler le dijo que era el hijo que nunca había tenido. Gracias a Hans Hoffmann –consul honorario en Málaga– vivió tranquilamente en la Costa del Sol hasta su muerte (1994) y sin esconder nunca su afiliación política._El historiador Erik Norling calcula que unos 15.000 jóvenes europeos simpatizantes del nazismo estuvieron en contacto con Degrelle durante estos años, escuchando sus discursos de odio.