De izquierda a derecha, Iván Figueira, Francisco Corujo,Magdalena Padilla, Fernando Campero y Andrea Gens. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

El quinteto canario de 'Adriana Lecouvreur'

Ópera. Magdalena Padilla, Iván Figueira, Francisco Corujo, Fernando Campero y Andrea Gens forman parte del elenco del montaje que desde hoy se representa en el Auditorio Alfredo Kraus.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Tres grancanarios, un lanzaroteño y un tinerfeño. Así se desgrana el quinteto de cantantes canarios que forma parte del elenco de 'Adriana Lecouvreur', segundo título de la temporada de ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus, que se estrena esta noche, a partir de las 19.00 horas, y se repite siempre con el mismo horario el jueves y el sábado, en el Auditorio que lleva el nombre del tenor isleño más universal en el paseo de Las Canteras.

Ulises Jaén, director artístico de los Amigos Canarios de la ópera (ACO) reitera en sus comparecencias públicas que la presencia de voces isleñas en los repartos de las distintas óperas de la temporada que organiza esta asociación se ha convertido en una seña de identidad. Pero esta presencia no es una apuesta nacionalista vacua. «Están porque son grandes cantantes y además, son canarios», subraya constantemente Ulises Jaén.

'Adriana Lecouvreur' se ha significado especialmente por contar con cinco voces profesionales isleñas, un número alto y no tan habitual. Andrea Gens, Magdalena Padilla, Iván Figueira y Fernando Campero dan vida al cuarteto de comediantes de la ópera parisina que figura en esta obra del 'verismo' italiano de Francesco Cilea. Francisco Corujo, por su parte, encarna al abate de esta propuesta escénica cuyo libreto firma Arturo Colautti y que vio la luz, en Milán, en 1902.

Este quinteto de artistas se muestra muy ilusionado por tener la oportunidad de formar parte esta producción de ACO, a pesar de las dificultades que entraña trabajar en plena lucha contra la pandemia de la Covid-19. Sin ir más lejos, para este reportaje, solo se quitaron unos segundos la mascarilla para las fotografías, siempre al aire libre y respetando estrictamente la distancia. Un reflejo de cómo se han desarrollado los ensayos de las tres funciones que arrancan esta tarde.

«Contamos con dificultades como no poder ni siquiera rozarnos o tocarnos, pero buscamos otras fórmulas para expresar lo mismo sin hacerlo. Excepto eso, está siendo una experiencia maravillosa, en la que además estoy rodeada de gente a la que conocía. Una parte fuimos compañeros de conservatorio», apunta Magdalena Padilla, que asume el rol de Jouvenot, y que alude a los compañeros de estudio y ahora de escenario Andrea Gens e Iván Figueira.

«Siempre cuesta no interactuar de una forma normal con los compañeros», reconoce Gens, que da vida a Dangeville dentro de este «cuarteto de comediantes» de 'Adriana Lecouvreur'.

«Son roles muy sencillos sin el Covid-19, ya que podríamos llenarlos de gags y de discusiones físicas, que ahora no pueden ser. Contamos además con la incomodidad de la mascarilla para los ensayos, sobre todo en mi caso, que soy una persona muy 'sofocona' y me genera una sensación de ahogo. Pero lo llevamos con sumo cuidado, porque somos los primeros interesados en no ponernos enfermos», señala Iván Figueira, Poisson en esta ópera de Cilea.

El conejero Francisco Corujo, que lleva años afincado en Madrid por su carrera profesional, destaca que tanto ACO como la Fundación Auditorio Teatro de Las Palmas de Gran Canaria «cumplen a rajatabla» con los protocolos sanitarios. «Es muy loable el esfuerzo que ACO hace para sacar adelante esto. Es cierto que España es un pequeño oasis, con respecto a otros lugares del mundo», donde la actividad escénica y musical se suspendió desde marzo de 2020. Pero reconoce que «en nuestro país queda mucho por hacer». «Yo he tenido la suerte de seguir trabajando, pero conozco muchos compañeros que lo están pasando muy mal, porque llevan mucho sin poder trabajar. El sector cultural está muy dañado», dice con pesar.

Magdalena Padilla aporta algunas pinceladas sobre la Jouvenot que le ha tocado en suerte. «Mi rol es una comediante de la Ópera de París. Es un personaje muy divertido, presumido y cuco, que tiene a la vez admiración y recelo hacia Adriana», asegura.

Dangeville, por su parte, es un personaje «más locuelo, enfadón y también con recelo hacia Adriana», hace hincapié la cantante grancanaria Andrea Gens durante el encuentro celebrado en el Auditorio Alfredo Kraus con estos cantantes.

Poisson, que se traduce como pez o pescado, es un «narcisista», aclara Iván Figueira. «Está enamorado de sí mismo. Se cree un gran bailarín y yo lo hago con este físico 'anti-bailarinístico', con el que tengo que hacer creer a la gente que sí que lo soy. Ahí es donde el contacto físico lo habría hecho aún más divertido. No tengo rivalidad con el rol de Adriana. Le tengo admiración de amor, por lo que ella es la primera persona en la que mi rol, más allá de sí mismo, se fijaría», explica este cantante y docente de educación secundaria.

El cuarteto de comediantes se completa con Quinault, que asume el tinerfeño Fernando Campero. «Es un personaje que está en su mundo, obsesionado con mejorar y preocupado porque todo lo que hace no es suficiente. Siempre quiere un mejor resultado y hay momentos en los que se encuentra con algún que otro tropiezo. Sale cuando no le corresponde salir y eso genera discusiones», avanza.

El clérigo de Francisco Corujo tiene una particularidad en esta ópera que el tenor conejero destaca. «Es un personaje curioso. Tradicionalmente, en las óperas los curas los hacen los bajos y los príncipes, los tenores. Aquí es al revés. El cura es para el tenor y el bajo es el príncipe. Es un personaje interesante, porque se mueve durante toda la ópera urdiendo la trama, siempre cerca de los poderosos, que son los que quieren resolver el conflicto en esa compañía de teatro. Es un rol muy interesante, sibilino... siempre se está haciendo el loco, pero es el que ayuda a que todo se destape y salte la bomba», aclara.

Desde hace muchos años, el archipiélago canario es una cantera muy fructífera de voces líricas, variadas y de gran calidad. Corujo señala, como ejemplo, que el mismo día que se desarrolló este encuentro, «en Madrid cantan 'Norma' dos grancanarios, Yolanda Auyanet y Juan Antonio Sanabria; mientras que en el Liceo, con 'Otello', están los tinerfeños Jorge de León y Airam Hernández».

«En una entrevista para el proyecto de fin de carrera que le hice a Víctor Pablo Pérez, él proponía que se hiciera un estudio serio para saber por qué en Canarias hay tantas voces de calidad por metro cuadrado. Yo creo que tiene que ver con la tradición cultural del folclore. En mi caso, nunca he tenido nada que ver con el folclore, pero sí que cuento con folcloristas en la familia y escucharlos ha sido algo muy natural. La gente está muy enganchada a ese mundo. Creo que también influirá el factor climático, cómo hablamos y la forma de vivir», comenta Fernando Campero, que se estrenará con un rol de mucho peso como es Dandini, en 'La Cenerentola', de Rossini, que ACO representará los días 18, 20, 22 y 24 de abril, en esa ocasión en el Teatro Pérez Galdós.

«Tenemos algo los canarios y es que no es extraordinario que un niño cante o toque la guitarra, que el cuñado toque la trompeta u otro instrumento. Como dice Fernando, la tradición musical está muy arraigada en las familias. Y creo que ese arraigo, sobre todo folclórico, genera una predisposición por el buen gusto, por la buena música. Eso no es tan común en otras comunidades autónomas. Creo que Andalucía y Canarias son las que tienen más arraigado ese buen gusto por la música y esa capacidad de distinguir, aunque oigas o te dediques a cosas diferentes», añade Corujo. «Nunca lo hablamos cuando estudiábamos, pero sí que lo pensábamos, porque alrededor siempre había gente que destacaba, con grandes voces y condiciones especiales. Creo que una de las cosas que influye es que aquí comemos mucha leche con gofio!», apunta entre risas generalizadas Magdalena Padilla.

Lo que sí que deja claro Campero, con el apoyo de sus compañeros de reparto, es que las condiciones innatas no aseguran una carrera profesional de éxito. «Hay mucho nivel, pero también mucha gente que lo deja. La gran mayoría se pierde por el camino. Son diez años de estudios si empiezas de cero. Lo dejan por falta de disciplina, de amor a la profesión y falta de fe y expectativas laborales. A la larga, las voces pequeñas, con dificultades y mil historias, son las que salen adelante gracias al estudio y la perseverancia. Muchos vozarrones que te encuentras por ahí fuera triunfando, no están ahí por la voz, sino por todo el esfuerzo, la disciplina y la constancia», defiende.

De ahí que todos coincidan a la hora de poner reticencia a los programas televisivos en los que aparecen menores de edad afrontando repertorios líricos que no son adecuados para «voces blancas», donde predominan arias como el 'Nessum dorma' o el 'O mio babbino caro'.

«Me asusta, porque arruina un talento y con diez años adquieren vicios muy difíciles de superar después», explica Figueira. «Es bonito ese interés por la música clásica, pero de ahí a que los pongan a cantar un repertorio que no es el suyo...», plantea Andrea Gens antes de que Corujo deje claro que está totalmente en contra de los niños en ese tipo de programas «porque no sabes qué hay detrás y puede ser muy peligroso».