Nobel

Una muestra conmemora el Nobel de Saramago

15/10/2018

La Biblioteca Nacional de Portugal, en Lisboa, reúne los rastros de aquella alegría.

O nosso Nobel, nuestro Nobel. Así se sintió en Portugal el galardón por el que José Saramago recibió, más que felicitaciones, palabras de agradecimiento de un pueblo que lo vivió como un premio colectivo, como recuerda 20 años después una exposición en Lisboa.

Tras años entre las listas de favoritos, el 8 de octubre de 1998, cuando estaba a punto de subir a un avión en Fráncfort, Saramago (1922-2010) recibió la noticia de que por fin le habían concedido el Nobel de Literatura.

De allí viajó a Madrid, pasó por Lanzarote y tardó cinco días en ser recibido en la capital de su Portugal natal en medio de una euforia y un orgullo nacional que nunca antes había causado una personalidad de la literatura.

Aquella alegría está plasmada en la exposición Nuestro premio: 20 años del Nobel de José Saramago que se inauguró ayer en la Biblioteca Nacional de Portugal, en Lisboa, en la que se muestran periódicos de la semana del Nobel, cartas y telegramas de felicitación y otros elementos del legado que dejó el escritor.

«La exposición se llama así porque la sensación es de que la gente lo vivió como un premio colectivo. Saramago decía que le llamaba la atención, que la gente más que felicitarle le agradecía, como si él hubiese conquistado algo para todos», relató el periodista brasileño Ricardo Viel, de la Fundación José Saramago, que organiza la muestra junto a la Biblioteca.

El de Saramago sigue siendo el primer y único Nobel de Literatura concedido a un autor lusoparlante, por lo que no es de extrañar que Portugal lo hiciese suyo. «¿El Nobel es nuestro o de él?», escribía el semanario luso O Independente en uno de los recortes de periódico que están expuestos desde ayer en Lisboa, junto a otro de Diário de Notícias que reza Saramago, un nobel portugués.

El escritor no tardó en recibir las felicitaciones de personalidades de la política y la cultura como el expresidente luso Mário Soares, la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner o los escritores Juan José Millás y Juan Marsé, incluidas en la muestra.

Pero también de miles de ciudadanos anónimos que quisieron darle las gracias y que buscaron, por todos los medios, que sus cartas llegasen al escritor.

«Hay muchas cartas de lectores que escribieron a las editoriales de Saramago en España, en Portugal o en Brasil. También a la Asociación de Prensa, al Instituto Camões... O sencillamente ponían Lanzarote y la carta llegaba porque en Correos ya sabían dónde vivía», explicó Viel.

Una de las más curiosas, que ocupa una de las vitrinas, es la que alguien envió al Ayuntamiento de Lisboa, donde un funcionario recogió el sobre y escribió a bolígrafo azul: «Este escritor no trabaja aquí».

«Saramago era un autor que además de lectores tenía seguidores, en una época en la que la palabra seguidor no se usa como hoy (...) La manera en que era acogido en algunos países es poco habitual en personas de la literatura», opinó el brasileño.