Pleamar

Steven Arnold, los pliegues de la cultura ‘queer’

17/11/2018

La Fundación Mapfre Guanarteme de la capital grancanaria inaugura una muestra fotográfica del irreverente artista norteamericano, la segunda que se organiza en España, en el marco de la iniciativa titulada Gran Canaria Foto 2018

La efervescencia psicodélica de los años sesenta en la costa oeste de Los Ángeles y San Francisco se acomodó sobre el sedoso nombre del multicreador Steven Arnold, un artista que se convirtió en un icono en el seno de la cultura queer del último tercio del siglo XX, que desarrolló su exuberante y surrealista universo alrededor de fotografía, el cine, el teatro, la pintura y la escenografía.

Una cuidada selección de sus legendarias imágenes concebidas en blanco y negro se exhibe a partir del próximo día 23 de noviembre en la sala de la Fundación Mapfre, en el marco de la décimo tercera edición de la iniciativa Gran Canaria Foto 2018.

La mencionada muestra denominada Revelations –la segunda ocasión en que la obra de Arnold se exhibe en España– , es posible en la isla gracias a la colaboración prestada al centro del Cabildo, Gran Canaria Espacio Digital, por la galería madrileña Espacio Mínimo de Luis Valverde Espejo y José Martínez Calvo, así como por la Steven Arnold Fundation.

Para nada es usual que el público cercano y atento a los discursos culturales transgresores pueda disfrutar en Canarias de una muestra como Revelations, que reúne piezas realizadas en medio del tumulto cultural de los años 80 y primeros 90 por Arnold y, que además, brinda un tesoro extra: la proyección de una de sus películas más respetadas, Messages, messages, rodada junto a Michael Wiese, en 1968, cuando el fotógrafo era estudiante del Instituto de Arte de San Francisco y que sería su proyecto de graduación, en el que son evidentes tanto las influencias de Dalí y Buñuel como de los expresionistas alemanes. Un dato que corrobora tamaña fortuna: en febrero del año que viene una breve selección de las obras que la conforman podrá contemplarse en la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid.

Visionario atípico. Resulta imposible resumir en pocas líneas la catedral caleidoscópica de arte fantástico, chispeante y fresco que compone la trayectoria del visionario y atípico artista norteamericano de inclinaciones proféticas, fallecido en 1994, con 51 años, en California, diagnosticado de SIDA en 1988 cuando se encontraba en su mejor momento artístico y vital.

Formó parte como actor del grupo de teatro drag The Cockettes con el que realizó la película de culto Luminous Procuress (1972), un viaje iniciático de dos jóvenes en busca de la libertad sexual que vislumbró a Dalí, que pronto lo convierte en su protegido invitándolo a viajar en 1974 a España para estudiar con él y trabajar en el diseño de las instalaciones de la Torre Galatea del Museo Dalí, en Figueres, para cuya inauguración contó con su colaboración. El amigo cercano de Arnold, Kaisik Wong, un destacado defensor del arte portátil, fue quien presentó a Dalí al fotógrafo a finales de 1971 en el Hotel St. Regis de Nueva York.

Otros filmes suyos son: The Liberation of Mannique Mechanique (1967), The Elements y la ya citada Messages, messages, ambas de 1968, Various Incantations of Tibetan Seamstress (1969), Luminous Procuress (1971) y Gomorrah Borealis (1984), cada una de ellas más delirante aun que la anterior.

La película de 24 minutos que se proyecta, coincidiendo con la muestra de Arnold, fue estrenada en el Palace Theatre, una sala de cine china de la zona de North Beach. La cinta se presentó atrayendo a la escena a cientos de cineastas aventureros. Al contemplar el posible reflotamiento de aquel vetusto local, el gerente del teatro pidió a Arnold que pusiera en marcha varias iniciativas de medianoche. Como resultado, el artista lanzó lo que llamó Nocturnal Dream Shows, programas que mezclaban el cine clásico y cortometrajes de vanguardia.

La relación híbrida de creencias místicas y la reinvención sexual no puede separarse del suntuoso sentido del estilo de Arnold. Sus películas son pastiches visuales que se basan en el cine fundacional de Georges Méliès, los decadentes bloques de madera de Aubrey Beardsley, la iconografía egipcia, los mundos de ensueño de Jean Cocteau, el erotismo escabroso de Camille Clovis Trouille, y, por supuesto, Dapper. «El poder de sus trabajos, –declaró el crítico Bill Nichols–, está en su creación de un mundo alternativo, en una nueva forma de ver y vivir que altera la experiencia, incluyendo la experiencia de ver películas».

El rastro de Arnol. El rastro de Arnold es pronunciado y puede hoy advertirse en la estética de otras fulgurantes figuras de nuestro tiempo como Madonna o Lady Gaga, en la esencia del fenómeno drag y en el germen de muchas secuencias de películas como Barbarella, de Roger Vadim, por citar algunos extremos.

La quintaesencia de la transformación con sus excesos y abundantes dosis de irreverencia posee un denso recorrido en el tiempo cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII con el frenesí de los libertinos liderados por Sade, de la que mucho más tarde se aprovechó en los 80 Nan Goldin, que retrató la escena contracultural neoyorquina; el propio Lou Reed, que en su canción Walk on the wild side retrató a la superestrella drag queen de Warhol, Holly Woodlawn; Jeff Koons, el diseñador Rad Hourani y Alexander McQueen, marcas como Versace, Dolce y Gabbana, Givenchy o Hedi Slimane, que basan parte de su filosofía en la androginia.

Arnold lanza con su arte más fuegos artificiales que Robert Mapplethorpe, quien, a mi gusto, sacude al espectador desde otros ámbitos y códigos más sutiles. También sus poliédricas obras recuerdan en alguna ocasión a las compuestas por la pareja Gilbert & George, como es el caso de su pieza titulada Shame.

Pero de su febril espíritu creador, las más brillantes y convincentes obras las logra detrás de la cámara fotográfica: sus conocidos retablos vivientes surrealistas elaborados en blanco y negro donde explora sus visiones sobre la sexualidad, la fantasía y la espiritualidad y que produjo en una antigua fábrica de pretzels de Los Ángeles a la que bautizó como Zanzibar Studios y la actriz transgénero puertorriqueña Holly Woodlawn comparó con Versalles, son apreciados por la crítica que observa tras ellos un «mundo subterráneo del travestismo unisex». En aquella nave se organizaron algunas fiestas legendarias de la época, en buena medida gracias al LSD suministrado a los convocados.

Desde 1982 hasta 1989, Arnold encontró su lugar diseñando, fotografiando y filmando delirantes tableaux-vivants, dejando miles de fotografías y negativos de esos cuadros vivientes inéditos, originales y renovadas recreaciones surrealistas, para cuya ejecución utilizó un sinfín de accesorios, antigüedades y ropa que había coleccionado a lo largo de los años. Cuando ya casi nadie trabajaba el surrealismo en los 80, el artista se obsesionó por plasmar la alienación, el disfraz y la metamorfosis al máximo en sus sofocantes y estridentes fotografías. Primero dibujaba innumerables ideas en bocetos, después preparaba el atrezzo y los decorados para finalmente realizar el mejor disparo, sin necesidad de hacer diferentes tomas, ya que Arnold siempre procuraba con minuciosidad asegurarse de no repetir sus procesos de trabajo. Creó en la puesta en escena de estas fotografías su propia visión del ballet, del espectáculo, de la mitología y la religión construyendo los altares y santuarios de los singulares ritos que dirige y representa. Transformó a sus súbditos, amigos y colaboradores, casi todos desnudos, en dioses y diosas: alados, coronados, levitando... Sus trabajos se mueven constantemente en una interpretación personal de la iconografía clásica y religiosa, en la creación de imágenes en donde volar y flotar tienen una importancia extrema, insistiendo en la figura ideal del ángel, epítome de la forma andrógina.

Arnold exhibió su obra individualmente en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles (MOCA), en la Wave Gallery de Japón, o en el Frankfurter Kunstverein de Alemania.

Asimismo participó en destacadas colectivas como la titulada Joan Quinn Captured, en el Brand Art Center de Los Angeles, o en el Centro Pompidou de Paris con la exposición Los Angeles 1955-1985, celebrada en 2014.

Sus trabajos se encuentran en colecciones tanto públicas como privadas de la importancia del Museum of Modern Art (MOMA) o el Whitney Museum of American Art en New York, la Cinematheque Francaise de Paris, el Museum of Contemporary Art (MOCA) de Los Ángeles y el San Francisco Museum of Modern Art, entre otros.

Su obra está recogida en varias e importantes publicaciones monográficas y en el reciente documental titulado Steven Arnold: Heavenly Bodies, del realizador Vishnu Dass sobre su trabajo y sus influencias desde la década de 1950 hasta principios de la de 1990, narrado por la actriz Anjelica Huston.

Junto a esta exposición que ahora recala en Gran Canaria viaja Luis Valverde, quien oficiará en la inauguración de presentador del arte de Steven Arnold.