Jonas Jonasson, fotografiado hace dos años en Madrid. / Dani Pozo

«Ya no hay paraíso ni en Suecia ni en un mundo que se tambalea»

El novelista, que publica 'Una dulce venganza', alerta sobre cómo el diálogo social y político ha quedado reducido a eslóganes

CÉSAR COCA

Aprendió español en la Universidad para demostrarle a uno de sus profesores, «un fascista, un tipo terrible», que podía hablarlo mejor que él. Un reto notable porque era el único alumno de la titulación que no tenía ningún familiar en España ni había visitado jamás el país. Y la conclusión no fue del todo satisfactoria: cuando estaba en condiciones de comparar sus conocimientos, el profesor murió. Jonas Jonasson (Växjö, 1961) se ríe al recordarlo. Su discurso, como sus novelas, tiene numerosas cargas de profundidad, pero está revestido por un humor que bordea el disparate. Lo ha demostrado desde 'El abuelo que saltó por la ventana y se largó'. Ahora, en 'Una dulce venganza', reúne a una rica heredera, un guerrero masái, un galerista, un publicista... y ya apunta que en la próxima, que tiene muy avanzada, aparecerán Obama y Ban Ki-moon.

-¿Cómo es posible concebir una novela en la que aparezcan personajes tan dispares?

-Se podría decir que colecciono gente que se sale del camino trillado y van por la parte menos explorada de la vida. Son personas a las que conozco.

-¿Conoce a un guerrero masái?

-Sí, soy amigo de varios. Son un pueblo peculiar que construye un pueblo con casas hechas con caca de vaca y arcilla. Como solo les duran tres o cuatro años, tienen que hacer enseguida otro pueblo un poco más allá. Cuando uno de mis amigos vino a verme a Estocolmo y paseábamos por una de sus avenidas dijo que tenía que reconocer que sabemos hacer casas mejor que ellos. Pero en cambio se ríe de mí cuando voy por el campo y me asusto si veo una serpiente. Ellos saben que se retiran si ven que caminas seguro y erguido.

«Un periodista parisino me dijo que era el primer sueco que conocía sin depresión ni ganas de suicidarse»

-¿Cómo inserta a esos personajes en la trama? ¿Lo tiene todo planificado?

-Mis novelas son como una línea de autobús en la que se sabe el origen y el destino y las paradas. Pero en ellas voy metiendo personajes y eso cambia. Me pasó con 'El abuelo'. Allí inventé a un hermano medio tonto de Einstein y tenía que morir en un momento dado, pero me gustó tanto el personaje que lo dejé vivir quince años más. En 'La analfabeta que era un genio de los números', en cambio, maté a otro antes de lo previsto.

Vida literaria

-Hay un 'boom' del 'thriller' sueco. ¿Puede haberlo del humor sueco?

-Espero que sí. En la promoción de mi primer libro, un periodista me dijo en París que era el primer sueco que conocía que no estaba deprimido o al borde del suicidio.

-Enrico Altavilla escribió en los setenta 'Suecia, infierno y paraíso'. Del infierno ya escriben muchos. ¿El paraíso sueco no da para novelas?

-Quizá se deba a que ya no existe. Ni en Suecia ni en el mundo, que se está tambaleando. La conversación inteligente entre personas que intercambian pensamientos se reduce mucho a través de las redes sociales. El diálogo social y político se queda en eslóganes. Eso me asusta, porque ayuda a los populismos de todo signo. Ya ve cómo países que creíamos democráticos, como Hungría o Brasil, están controlando el arte. ¿Qué vendrá después? Tengo que ser optimista pero las cosas no van por el camino correcto. No sé hasta qué punto tienen que empeorar para que haya un cambio.

-Usted tenía la vida resuelta cuando comenzó a escribir, tras la muy ventajosa venta de su empresa. ¿La clave de su éxito está en que no necesitaba tener éxito?

-Creo que está en que esperé hasta los 47 años, ya con experiencia y madurez, para escribir lo que quería.

-¿Se considera un escritor profesional o un 'outsider'?

-Un poco de ambas cosas. Durante años pensaba que estaría contento si la gente me leía por entretenimiento. Pero ahora también me gustaría que el lector sopesara mi compromiso social y político.

«Me gustaría que el lector sopesara mi compromiso social y político

Ambición

-Durante años ha tenido una granja.¿Se le ocurrían historias mientras cuidaba los animales?

-En cualquier sitio. Tengo mucha suerte porque puedo escribir en cualquier momento. Pongo Schubert en mis auriculares y me da igual dónde estoy.

-¿Participa de la vida literaria de su país?

-Durante años he vivido en una isla y no me compensaba hacer un viaje de dos días entre ir y venir para estar una hora en una reunión literaria. Ahora vivo en Estocolmo y tengo algunos amigos escritores. Cuando nos reunimos chismorreamos de otros escritores... pero nunca hablamos de nuestros textos. Sería peligroso porque podríamos terminar escribiendo todos igual.

-Es un declarado admirador de García Márquez. ¿Es casualidad que la última novela del colombiano empiece el día que el protagonista cumple 90 años y la primera suya el día que su personaje cumple 100?

-Es una coincidencia. Pero si alguien encuentra algo que me una a la literatura en español, sin duda es el realismo mágico. No sé si se trasluce algo en mis libros, pero es así.