Di, la niña protagonista del documental. / c7

Crítica de Cine/ 'Children of the Mist'

Novias que son pura mercancía

El documental vietnamita se proyecta dentro de la Sección Oficial del 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

El apego a las tradiciones tiene dos caras. Esas señas de identidad a las que se entrega la población suelen ser costumbres positivas que distinguen al enclave y marcan el carácter de los habitantes. Pero hay ocasiones en las que se trata de formas de entender la vida que tienen un encaje imposible desde el punto de vista natural en pleno siglo XXI.

Entre las comunidades Hmong, en Vietnam, está arraigada una costumbre que pone los pelos de punta. Se trata de lo que denominan como secuestro o robo de la novia. Consiste en obligar a las chicas a casarse con el joven que las ha secuestrado por la fuerza en un descuido de su familia o con aquellos con los que se han ido de forma voluntaria para irse conociendo. Una vez que salen de su propio hogar y entran en el de su secuestrador o prometido... están perdidas. Esta tradición, no reconocida por el gobierno vietnamita pero sí extendidísima entre los Hmong, manda. Queda un resquicio y es que, al menos en el caso que retrata el documental 'Children of the Mist', l a joven tiene la última palabra y puede decir que no al enlace matrimonial. Siempre y cuando sea capaz de aguantar la presión de ambas familias.

Este impactante documental se ha exhibido dentro de la Sección Oficial del 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Cuenta con dos valores incuestionables. Por un lado, está el más evidente, el puramente documental. Su capacidad para dar a conocer esta forma de actuar y retratar la sociedad en la que se lleva a cabo. Esa radiografía no es baladí. Pone al descubierto cuestiones que ayudan –no justifican– a entender estos secuestros o robos de la novia. Los Hmong viven en una pobreza tremenda. En casas destartaladas y sucias en un enclave montañoso húmedo y se intuye que frío. El alcoholismo es escalofriante entre los adultos. Todos beben. Hombres y mujeres hasta perder el tino. Queda un resquicio de esperanza en el hecho de que los jóvenes son escolarizados, aunque muchos, como muestra el filme, a veces no acuden porque sus padres les obligan a participar en las tareas domésticas, agrarias y ganaderas.

El otro gran valor de esta propuesta es la capacidad que ha tenido la cineasta Diem Ha Le para convertirse en una Hmong más y filmar la realidad de la jovencísima protagonista, Di, que cuenta con tan solo 14 primaveras. Su cámara y por tanto el espectador entran a formar parte de su familia y la sociedad. Hasta el punto de asistir en primer plano a cómo resuelven el futuro de la niña las dos familias implicadas. Momento en el que la cineasta fulmina cualquier distancia y se implica. Como le gustaría hacer a todos los espectadores que contemplan añurgados cómo se trata a la joven como si fuera mercancia. Una de las confesiones a cámara de su madre es lapidaria: «Si Di se marcha, ¿quién va a dar de comer a los cerdos cuando yo me emborrache?».