Concierto

Nacho Vegas: «Las lógicas impuestas se deben combatir con música»

18/03/2019

Tras 14 años sin pisar los escenarios grancanarios, el cantautor asturiano regresa a la isla para repasar los hitos musicales de su carrera y presentar su último álbum Violética, donde reivindica la música popular y combativa de Violeta Parra. El músico actuará el viernes 29 de marzo en la capital grancanaria dentro del Monopol Music Festival.

¿Cómo será el concierto? ¿Presentará Violética o las canciones de su repertorio?

— Estamos en un momento en el que la gira está en uno de sus tramos de madurez. Cuando estamos en carretera, siempre estás dándole vueltas al repertorio hasta que das con lo que funcione mejor. Buscas que el concierto sea más emocionante. Como estamos presentando Violética, el disco tiene un lugar predominante, pero a la vez tocamos canciones de todos los álbumes y las pongo en diálogo con las canciones más recientes.

¿Tiene que hacer encaje de bolillos para cerrar una gira, cuando sus músicos son los de León Benavente?

— Sí, pero tenemos la suerte de que somos muy amigos y nos queremos mucho. Nos organizamos muy bien. Tengo que respetar sus tiempos. Cuando venían de una gira extensa, después del segundo disco, fue cuando nos pusimos a trabajar en Violética y estaremos todo año tocando. Hay que organizar el calendario y los tiempos de cada uno. Me siento contento por el éxito que están teniendo, aunque sé que en algún momento tengo que dejar de tocar con ellos por un tiempo.

No actúa en Gran Canaria desde hace 15 años. ¿Qué ha pasado?

— Sí, ni siquiera he ido en otras circunstancias más allá del trabajo. Aquella vez, en 2004, daba conciertos acústicos solo. Me han ofrecido en algún momento ir, pero yo tenía empeño en presentar el proyecto con toda la banda y esperamos a tener las condiciones adecuadas para viajar todos. Por eso he tardado tanto. Estamos lejos y vamos menos a las islas de lo que nos gustaría.

Por el título del disco podría parecer que es un tributo a Violeta Parra, pero incluye temas propios y de otros autores. ¿Por qué ese nombre?

— Violeta Parra está presente en el disco y quería hacerle un guiño en el titulo. Hay algo en su forma de entender la música como folclorista y autora con lo que me identifico: su modo de combinar su mirada íntima con otra que apelaba a lo colectivo, y su empeño en rescatar canciones que representaran al pueblo chileno para devolvérselas al pueblo. Usaba la música vanguardista y la combinaba con canciones tradicionales como El gavilán. Me gusta cómo usaba el lenguaje, cómo cambiaba los acentos, cómo usaba registros populares y otros más cultos. Por eso el título es un homenaje a su Mazúrquica modérnica. En los últimos años he estado imbuido en la vida y en la obra de Violeta Parra. Más allá de las canciones más conocidas, me interesan las que rescató como folclorista para luego recorrer los pueblos de Chile. Se ha hecho presente en mi vida de manera especial, aunque no es un disco homenaje a Violeta Parra es un guiño a la que, para mí, es una de las figuras más importantes de la música popular.

En el disco se rescata la memoria de los hermanos Aurelio y Manuel Caxigal y de Aída de la Fuente. ¿Están muy olvidados? ¿Es un intento de combatir la desmemoria?

— Sí, hay muchas cosas que no nos han contando o que nos las han contado mal. Hay un relato hegemónico y oficial, que suele ser interesado y que oculta la verdad, porque a veces la verdad es molesta e inconveniente. Hay muchas historias olvidadas, como la de los fugados, los maquis que conformaron la resistencia antifranquista en los montes hasta los años 50. En Violética, musico un poema de los hermanos Caxigal que es homenaje a esta resistencia y a estos hombres. Y también a las mujeres, que tienen una historia aún menos contada, eran sus enlaces con el mundo y les subían comida. Es un homenaje a toda esta gente que tiene algo muy emocional porque habla de la vida en el monte y de combatir al fascismo, algo muy vigente hoy en día. En esta canción esas dos cosas son muy poderosas y permiten hablar de forma emocional del desgarro vital, al tiempo que es una denuncia contra el franquismo. Se ha cantado en las giras. Por otro lado está mi recreación de la historia de Aída de la Fuente, la Rosa Roja de Asturias. Ya existían canciones que han recreado su leyenda y quise homenajear a esta figura, un icono revolucionario y feminista. Algo que a los asturianos no toca mucho.

— En su disco habla del fascismo criminal, de los Centros de Internamiento de Emigrantes, de los desahucios, de los bancos e incluye canciones tan subversivas como Maldigo el alto cielo... ¿Qué le impulsó a hacer un disco tan político? ¿Cree que habría que reinventar una canción protesta para el siglo XXI?

— Con ese término te imaginas una canción que te está sermoneando. Pero las canciones que tienen una dimensión social y política más influyente parten de un impulso emocional. Violeta Parra ha sido una maestra. Su canción La carta, dedicada a su hermano, en la que denuncia la represión política, o Arriba quemando el sol, sobre las condiciones de los mineros de la Pampa. En sus canciones habla de su pasión por la vida, incluso con sus decisiones duras. La música popular debe ser permeable al mundo en el que vives. Tenemos la obligación no solo de hablar y cantar desde nuestra intimidad y nuestra experiencia vital, sino que también hay que cuestionar el mundo que te rodea y las lógicas que se imponen en nuestra convivencia para combatirlas con las armas de la música.

— ¿Cree que su posicionamiento político le puede pasar factura o la escena musical es más libre que otras industrias?

— No lo sé. Me han preguntado y he pensado sobre ello. Al final, cuando cantas, de alguna manera siempre te posicionas y ese posicionamiento no siempre apela a mucha gente. Puede que haya mucha gente a la que no le guste lo político. Parece que a veces hay a quien no le gusta mezclar la música y la política. Hay una tradición de música popular que demuestra que van de la mano. Si cantas con honestidad y desde las entrañas, desde aquello que te toca, desde lo más profundo, eso el público lo aprecia. Pero todos los que nos dedicamos a esto estamos sometidos a los caprichos del mercado. Eso pasa factura a cualquiera.

— Sus letras son claras y contundentes, y actualmente la libertad de expresión está muy coartada, ¿no ha tenido problemas judiciales en este sentido?

— No he tenido problemas de este tipo. Es cierto que estamos en un momento alarmante. Realmente debería serlo. Lo que más me preocupa es que en España se están normalizando los atentados contra la libertad de expresión que deberían preocuparnos a todos y todas. Hay músicos perseguidos y que se han tenido exiliar. La música debería ser libre para poder juzgar al poder como crea conveniente y el poder no debería juzgar a la música. La sociedad debería defender la música porque es una expresión de libertad que ejerce como contrapoder. Al final son palabras y versos, no son balas. Es aberrante lo que está ocurriendo. Los músicos deberíamos estar unidos contra esto.

— Su disco une sonidos tradicionales, algunos latinoamericanos y otros de origen asturiano. ¿Qué le ha aportado esta vuelta a las raíces?

— Es algo que hago desde hace años. Me he dado cuenta de que, al hacer música desde muy jovencito, tiras de referentes musicales concretos que tiendes a imitar. Escuchas mucha música en poco tiempo. Pero, cuando lo piensas, vas tirando del hilo y descubres que lo que te gusta viene de algo anterior. y te remontas a diferentes escenas anteriores. La música popular tiene muchas ramificaciones que tienen que ver con saberes compartidos, que son importantes para mirar al futuro. Hay momentos intensos que caben en un concierto de rock, momentos de vanguardia, pero para poder mirar muy lejos, hay que mirar de dónde vienes, percatarse de que la raíz es importante. Es una cosa que no se puede cicatrizar, nos pertenece a todos y tenemos derecho a usarla, reinventarla, manosearla y reivindicarla.

— Parece que su música ha evolucionado. Ya no habla de un naufragio personal sino social, ¿echa en falta más compromiso a través del arte?

— No. Hay autores comprometidos, igual que los ha habido en todas las épocas. Hacer música tiene que ver con los compromisos que cada uno establece en la vida en función de sus prioridades. El compromiso político, personal y con el trabajo pertenecen al mismo universo. En un disco largo hay multiplicidad de maneras de mirar al mundo: canciones que hablan desde lo íntimo, que se cuentan en primera persona y cantar sobre lo colectivo no es excluyente. Quizás ahora hay más denuncia política y antes hablaba más de cosas personales. Son dos mundos que conviven en mi repertorio. Las canciones recientes tiene también esas dos miradas diferentes.

Su disco parece ser muy oportuno para llamar a la gente a rebelarse en un momento de regresión democrática, ¿sospechaba que en España podría surgir un partido de extrema derecha?

— La verdad es que, si mirabas lo que pasaba en Europa, se podía esperar. La extrema derecha ha ido surgiendo y está entre las fuerzas parlamentarias de muchos países. Además, está haciendo que los partidos tradicionales de la derecha asuman el programa político y la ideología extrema derecha para no perder el bloque de votantes de la ultraderecha. Si no ha ocurrido antes es porque aquí hubo un cambio de clima social insólito, que fue el 15M. Fue un cortafuegos, pero funcionó en el momento. El 15M está agotado y ha tomado la vía institucional. Ese clima social de cuando empezó ha desaparecido y la derecha ha aprovechado para virar hacia la ultraderecha, para hacerse fuerte y meterse en diferentes capas sociales de forma transversal, calando con su discurso antimigración, racista, machista, fascista y homófobo que nos debería preocupar. Debería haber una respuesta desde la calle. Creo que la respuesta más contundente será la que se hará desde el feminismo. El 8 de marzo (por el de 2018, la entrevista se realizó antes del de este año) fue especialmente multitudinario y fue una expresión de fuerza en la calle desde el feminismo, cuando la izquierda se preguntaba cómo recuperar la calle. El movimiento dio una lección a muchos hombres en la lucha contra el fascismo. Si hay una respuesta, una vía de cambio, tiene que pasar por el feminismo.

— Su álbum tiene 18 cortes. Esa es una visión romántica del disco. Ahora la gente escucha temas sueltos. ¿Cómo escucha usted la música?

— Soy un poco antiguo para escuchar música. Sigo comprando discos y escuchándolos. Tengo muchos vinilos y cds. Me resisto a escucharla de otro modo aunque uso formatos digitales, pero no quiero cambiar. Hay que reconocer que es mucho más cómodo. No me gusta reivindicar un especial fetichismo con esto del formato físico, pero, bueno, es una especie de placer privado. Nos gusta tener los discos. Lo importante es que la gente escuche música. Nadie saca ya un disco largo. Con la edición digital, cada uno puede hacer su playlist. Eso es bueno. La música se difunde de forma digital por plataformas como Spotify o Youtube, que han venido a sustituir a las grandes multinacionales. Eso es algo positivo

— Pero ¿eso no condiciona al creador a hacer canciones sueltas sin un nexo conceptual?

— El disco que más éxito ha tenido este año entre la crítica y el público es el de Rosalía y es conceptual, y también lo ha ido sacando con singles. Son cosas compatibles. La música grabada es reciente. La música popular se difundió de otra manera, oralmente. Rosalía escribe canciones y cuenta historias, el equivalente del romance. Se puede hacer disco conceptuales aunque cambie la forma de escucharlos.

— ¿Se alegró mucho de que concedieran el año pasado el Premio Nacional de Músicas Actuales a Cristina Rosenvinge? ¿Le sorprendió?

— Me alegré mucho. Le hice llegar mi mensaje de felicitación. Se lo merece.

— Pero no deja de ser sorprendente. Aunque tiene una carrera sólida, no está en primera línea.

— La música que más sensibilidad tiene es la que está en los márgenes del mercado. El público mayoritario obviamente se deja arrastrar por las tendencias del mercado y lo que difunden los medios de comunicación. Por ejemplo, en los años 80, la rumba estaba muy efervescente pero los medios solo reflejaban la movida. La visibilidad no tiene que ver con la calidad de lo que hagas, Hay muchos grandes músicos y músicas que siguen trabajando en condiciones precarias. Por cada músico de los que tenemos algo de visibilidad, hay cientos o miles en condiciones precarias. Reconocer a alguien que no sea de primera línea en lo que tiene que ver circuito comercial premia el mérito de la perseverancia en la música por encima del éxito. Nos obligan a aspirar al éxito, como si fuera una competición y tuvieras que pelearte con tu compañero, pero la cultura es otra cosa; un elemento de cohesión social, debemos eliminar la palabras industria, mercado y consumo y dejar de asociarlas a algo como la cultura.