Entradilla

«Me alimenté de Lady Macbeth para ponerme en su piel»

16/10/2018

La soprano canaria vive con un pie en Moya, donde viene a renovar maletas, y una villa italiana cercana a Brescia, que le recuerda a su pueblo grancanario. Sin embargo, llevada por su voz no para de viajar por el mundo. De hecho, este año presentó su Thaïs en China, y su Nedda de Pagliacci en Omán. El próximo jueves interpretará a Lady Macbeth en el Festival de Verdi Parma.

— Verdi consideraba Macbeth como su mejor obra, ¿usted también?

— Estamos hablando de una obra que ha sido estudiada por grandes filósofos y considerada una de las grandes obras de humanidad. Hablamos de palabras mayores. Tener la oportunidad de interpretar a Verdi y Shakespeare unificándolos, haciendo una simbiosis de ellos, es un gran reto y una gran responsabilidad. Por eso la preparación es extrema. Me siento afortunada de estar en el escenario interpretando una obra de dos grandes.

— Lady Macbeth es mala malísima, ¿se siente a gusto en este rol?

— Va más allá de lo que es el ser humano en la vida real. Es la bruja principal de la trama. De hecho, hace las invocaciones y va al más allá. Para mí es más fácil interpretar papeles extremos, así de fuertes. Me es más fácil que si el papel fuera similar a mi personalidad, pero, tratándose de algo oscuro y diferente a la vida, me atrae mucho y llego a divertirme. En el fondo todos tenemos una parte buena y una parte mala. Basta buscarla y hacerla surgir.

— ¿Cómo es su Lady Macbeth?

— Nace a partir de una preparación absoluta. Fui a la obra de Shakespeare, a releérmela y buscar matices, frases y claves que me dieran mucho más a la hora de hacerla mía. Me formé. Fui a la filmoteca. Me he alimentado de ella para meterme en su piel y volver a representarla. Es un personaje sin piedad, basado en la ambición y que llega a los extremos de la invocación, de ser la artífice de toda la trama. Maneja a su marido Macbeth para que se lleve a cabo la premonición de las brujas. La verdadera asesina es ella, la malvada. Además, es un personaje que Verdi nos ha puesto en bandeja a las sopranos. Todo tiene un por qué. Cuando llega el rey al palacio y sabe que lo van a matar, Verdi pone una escala de dos octavas para mostrar su ímpetu a través del canto. Esa adrenalina que la persona malvada puede sentir con el acto que está a punto de presenciar, y así muchas cosas filatos: sotto voce, declamados de la palabra... La italianidad, en su más pura esencia, la encontramos en Macbeth, es complicado y extremista vocalmente, pero si se estudia la obra con la lupa, una se da cuenta de que Verdi lo pone bastante fácil. Todo está escrito a la perfección para la comodidad vocal.

— Es un reto cantar en el Festival Verdi. ¿Ya ha estado antes?

— Tuve la suerte hace años de cantar en Parma Un giorno di regno. La acogida fue muy buena. Era bastante más joven. Ahora vuelvo siendo más consciente de lo que significa cantar Verdi en Parma y, además, hacerlo con la obra por excelencia para el maestro. Es una responsabilidad mayor. El público es uno de los más formados en cuanto a Verdi. Eso requiere controlar la emoción que eso implica. Cada vez que uno canta ya hay un respeto y un publico que merece que dé lo mejor de sí. Pero canto en su casa sabiendo que el amado Verdi nació en esa ciudad y afrontando a un público de este calibre, acostumbrado a todo, que van a notar el mínimo detalle. La voy a hacer con devoción. Mucha preparación a mis espaldas no basta. Hay que seguir rascando y ver a dónde nos puede llevar nuestra voz. Espero que sea una noche mágica.

¿Cree que tendrá el mismo éxito que obtuvo con Plácido Domingo?

—Superar esas funciones no sé si será posible. Era mi primera vez en Viena con ese papel. Los Macbeth requieren una simbiosis especial. Son dos personajes que forman uno, con Plácido sucedió: llegamos a fundirnos. Había mucha tensión de la buena. Cuando todo fluye, uno da la energía al otro. Surge la simbiosis y la fusión cuando uno logra eso, fue una suerte tenerlo como partner. Cuando estás ahí no es fácil y que surja la magia tampoco lo es. Hay compañeros con los que surge y otros con los que no, aún siendo grandes artistas. Fue mágico.