El timple y el cavaquinho conversan

17/02/2019

A primera vista parecen hermanos, pero los profesionales que los dominan tienen claro que el timple y el cavaquinho portugués tienen diferencias considerables. Eso ha convertido en un reto el proceso de gestación de Sostiene Pereira, el álbum que han grabado en los estudios La Rampa, en Santa Lucía de Tirajana, el timplista majorero Althay Páez y el compositor, productor, musicólogo y virtuoso del cavaquinho Júlio Pereira.

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«Los temas del disco son composiciones de Júlio Pereira para el cavaquinho. Él utiliza afinaciones alternativas y abiertas. Las toco con el timple y como buen instrumento agudo, tiene sus pros y contras. He tenido que trabajar mucho, porque el timple tiene unas afinaciones diferentes. Soy de los que piensan que el timple tiene siempre que ser timple. Hay músicos que quieren rasgar un piano para que se parezca a una guitarra. Yo me niego a esas cosas, el timple tiene sus peculiaridades y yo las respeto. Está muy bien buscar afinaciones alternativas, pero eso también hace que se pierda la esencia y la naturaleza del instrumento», explica el timplista majorero, de 32 años.

Júlio Pereira comparte que, a pesar de que ambos instrumentos parecen «guitarras de pequeñas dimensiones» y comparten «algunas características», el timple y el cavaquinho son muy distintos.

«Por ejemplo, el cavaquinho tiene cuerdas de acero y es más pequeño. Las del timple son de nailon y el cavaquinho genera un sonido más agudo», apunta este referente de la música portuguesa, que preside un museo dedicado en su país para la defensa de este instrumento popular.

Pereira asegura que conoce el timple desde hace años. «Lo toqué por primera vez, con José Afonso, en los años ochenta. Althay es un joven que lo toca muy bien», subraya en castellano.

El artista majorero subraya que este álbum le ha permitido participar en un proceso creativo muy enriquecedor. «Hemos tenido que llevar nuestro instrumento a sus composiciones. Júlio me ha ayudado mucho, me ha abierto mucho la cabeza. Me ha enseñado nuevos ritmos y formas de tocar que son propias de Portugal. A él le ha sorprendido mucho el espectro sonoro del timple y cómo podemos tocar tan bajito y de repente sonar tan alto», rememora sobre el proceso de grabación de este álbum, que confía que se comience a comercializar durante la próxima primavera.

La gestación de Sostiene Pereira ha sido compleja. Primero, por la logística. «La banda de músicos que me acompaña [Jonay González Mesa, a la guitarra, Johnny Olivares (percusiones) y Jairo Cabrera (todos los vientos)] estaba en Tenerife, yo, en Fuerteventura, y Júlio, en Portugal. Primero comenzamos a trabajar vía sky y facebook. Así nos comunicábamos. Cuando ya lo tuve controlado, me fui viendo con los músicos de aquí, tanto en Fuerteventura como en Tenerife cada vez que podíamos. Fue difícil cuadrar las agendas. Con Júlio ya trabajamos en La Rampa, en Vecindario», explica.

A la hora de trasladar las creaciones cavaquinhas de Pereira al timple, Páez no trabajó con partituras.

«Yo escuchaba sus temas y lo transcribía al timple. Júlio a veces me decía que veía notas que estaban mal en mis transcripciones, pero es lo que el timple exige. Eso siempre genera dificultades, ya que es como si coges una poesía y le cambias una palabra o una frase. A veces le tenía que explicar que no sentía lo que me decía, que mi terreno era otro. Él ha sido muy generoso y llegamos a un consenso», dice entre risas sobre los diez temas instrumentales que conforman el álbum.

Prefiere no adelantar muchos detalles del contenido del disco, aunque sí desvela que habrá un guiño vocal protagonizado por Olga Cerpa, ya que Althay llegó hasta Júlio Pereira gracias a ella y a Manolo González, que firma la producción artística.

«Manolo y Olga aparecieron en 1996 en mi estudio de Lisboa y me invitaron a que les produjera La rosa de los vientos. Acepté y después les produje dos discos más. Son mis amigos y dos personas que tienen una preocupación constante por la cultura de Canarias», dice este defensor del cavaquinho, un instrumento que tiene tres tipos distintos.