La escritora Espido Freire visita Gran Canaria esta semana. / C7

«La mayor parte de las neuras de escritores son postureo»

La autora más joven en ganar el Planeta visita el jueves, a las 19.00 horas, la Casa-Museo Pérez Galdós para hablar de su producción literariaEspido Freire Escritora

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

María Laura Espido Freire era una niña de doce años que estudiaba bel canto, animada por su hermana, profesora de piano. Luego fue una jovencita de 16 que viajaba por toda Europa realizando giras en las que acompañaba al tenor José Carreras. En sus ratos libres escribía y dibujaba. Después, fue una estudiante de Filología inglesa y escribió 'Irlanda', brillante debut literario con 23 años. Ya era Espido Freire, nueva promesa de la literatura española que se coronó poco después como la ganadora más joven del Premio Planeta con 'Melocotones helados'. «Yo con los nuevos narradores tengo poco en común, salvo la edad», decía entonces. Han pasado más de 20 años y sigue huyendo de todo lo que huela a encasillamiento. «Intelectuales de mi generación hay muy pocos», confiesa sin sonrojarse. No es fácil concertar una cita con Espido Freire, aunque sea telefónica. Ella misma reconoce que convive con gatos porque son los únicos que pueden seguir su ritmo de vida. «Adoptar una vaca desahuciada es complicado, aunque estoy segura de que se podría hacer», afirma. Dirige un máster de creación literaria, es actriz, colabora con los principales medios de prensa nacionales, graba podcasts y audiolibros y adora a Jane Austin y Mary Shelley.

-¿Existe algún vínculo personal de Espido Freire con el archipiélago canario?

-El vínculo que tengo es únicamente la pasión por el paisaje y por la gente. Esto me llevó a que una mis novelas, 'Soria Moria', se ubicara precisamente en las Canarias. No tengo vínculo familiar ni de orígenes, pero lo cierto es que soy una auténtica entusiasta de las islas. Me falta conocer La Gomera y El Hierro. Siento mucho cariño por La Palma, donde pasé además un verano y fui muy feliz. Quizás ahora sea la isla que necesite todo el amor.

-¿Es Galdós una figura que ocupe algún lugar en su universo literario?

-En mi caso es uno de los autores más relevantes, de una influencia mayor. Conozco bastante bien su obra, aunque yo soy filóloga inglesa. Ha sido una referencia constante desde que soy adolescente. Entiendo mejor y con mayor hondura su obra conforme me voy haciendo mayor. Sobre todo, según entiendo las dificultades, desde los 'Episodios Nacionales' hasta otro tipo de novela 'cuasi enciclopédica' de la época, como puede ser 'Fortunata y Jacinta'.

-¿Cuál es su posición sobre el feminismo?

-Yo soy feminista desde que tengo uso de razón del término, entonces me parece que es lo único coherente que se puede ser. Soy mujer y, por lo tanto, ¿cómo no voy a abogar por la igualdad de hombres y mujeres?

-Ha confesado no creer en neuras de escritores ni en la tortura del oficio. ¿Escribir es entonces como respirar para usted?

-Los escritores tienen neuras, pero la mayoría no tendría por qué tenerlas. La mayor parte de las neuras de escritores son postureo. Los traumas que yo pueda tener tendrán o no incidencia en mi literatura. Pero la literatura es una obra que tiene mucho de elaboración, no es una vivencia. Más que en el trabajo creo en la creación. Y la creación no es la plasmación inmediata de una vivencia, eso es el testimonio. Sin despreciar la importancia del testimonio, la literatura es otra cosa, es un artificio, es algo que se construye. Escribir no es un esfuerzo en mi caso particularmente doloroso, pero sí lo es en cuanto a la búsqueda de la novedad, de lo que pueda ser relevante para el lector, en crear un lenguaje o un universo propio.

-Ha escrito su primer audiolibro 'Las crónicas de Villa Diodati'. ¿Ha nacido un nuevo género literario?

-No creo que sea un género literario, sino más bien un ejercicio literario, muy encaminado a un objetivo. Se encuentra a medio camino entre el guion, la representación teatral y, en algunos sentidos, el monólogo. Es un subgénero híbrido que a mí me apetecía probar -es la primera vez que lo hago-. Tiene dificultades únicas y diferenciadas de los otros géneros que he tratado y el tema me apasiona. Me podía centrar exclusivamente en la técnica, porque la historia ya la conocía muy bien.

-¿Qué dificultades técnicas presenta la redacción de un audiolibro?

-Que la mayor parte de los autores pensamos en ser leídos, no en ser escuchados. Por lo tanto, la propia fonética tiene rimas internas que en el momento en el que hablas saltas inmediatamente al oído del oyente. También son diferentes el ritmo y las descripciones. En el libro, siempre puedes volver atrás si algo no está bien claro, si hay algún guiño, tienes rápidamente que evocar a través de la atmósfera dónde y cómo está esa persona. Si fuera visual, esto te permitiría ahorrarte detalles. Es diferente y nuevo. Las dificultades específicas a mí siempre me fascinan, la verdad.

-¿Se postula como defensora de la literatura que pasa por el filtro de las nuevas tecnologías?

-Las tecnologías nos van a servir para muchas cosas, entre ellas, también la literatura. Pero la función principal de las nuevas tecnologías no es la literaria. La literaria hasta ahora ha estado casi siempre anclada al papel. Veremos si eso cambia o no. Lo que ocurre es que ahora podemos complementarlo a través, por ejemplo, de la didáctica, de la divulgación de la literatura. Podemos dar a conocer temas, libros, autores vivos o muertos de una forma diferente. Podemos generar interés, compartir nuestras aficiones. Pero sobre todo podemos abrir puertas nuevas a creadores muy jovencitos, que no teníamos nosotras cuando estábamos creciendo. Simplemente, el paso de escribir a mano a escribir a máquina fue muy relevante para que más gente escribiera.

-¿Quiere decir que se escribe diferente en función del medio, del soporte?

-Más que una configuración del cerebro, lo es del proceso de la información, que es diferente. Tienes que entender el lenguaje de cada soporte. Puede ser visual, auditivo y puede ser que no entiendas el concepto del medio. Para los muy mayores, ese salto se dio con la televisión y el cine.

-¿Cómo escribe Espido Freire?

-Lo cierto es que escribo muy poco a mano, me resulta muy poco práctico. Sí corrijo a mano. Escribo con el ordenador. Pero corregir es muy complicado y necesito hacerlo en papel. Para corregir, necesitas anticiparte a la palabra, por lo tanto, tu mente la corrige. Por eso hay tantas erratas en los 'tuits'. Aunque son dos frases, las erratas se nos cuelan.

-También ha apostado por Instagram como red social de cabecera, cuando los intelectuales de su generación se lanzaban a opinar en Twitter.

-Bueno, intelectuales de mi generación hay muy pocos (ríe). Yo estoy encantada. De hecho, como ha ocurrido con otras decisiones que he tomado, literarias o estéticas, al principio muchas veces choca. También porque yo antes era muy joven en un terreno literario muy envejecido. En cambio, ahora que voy siendo más mayor hay otros más jóvenes que optan por soluciones diferentes.

-Ha tenido una mirada sensible a enfermedades relacionadas con la salud mental, como la depresión o los trastornos de alimentación. Su experiencia personal debe haber sido determinante en ese sentido...

-Sí. Ha sido determinante y, sobre todo, me da la impresión de que es un deber que tenemos que llevar a cabo los adultos y que muchas veces dejamos en manos de otros. Los propios adultos muchas veces no somos coherentes. Mandamos mensajes contradictorios. Por eso, como sociedad debemos mantener una postura coherente y constante. Y eso es lo que nos falla. Les pedimos a los niños que hagan cosas que nosotros no hacemos.