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Pedro Flores, con un ejemplar de 'Los poetas feroces cuentan lobos para dormir', en la avenida de Mesa y López, en la tarde de este jueves. COBER

«El poeta del siglo XXI tiene que ser carroñero»

El grancanario Pedro Flores presenta mañana sábado, en la librería Agapea, 'Los poetas feroces cuentan lobos para dormir' (Cálamo)

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 17 de febrero 2023, 01:00

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El jurado del 6º Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique cayó rendido a los pies de un poemario cimentado a partir de una cuidada e irónica reflexión sobre la poesía, su escritura, el peso de los clásicos y el paso del tiempo. Pedro Flores (Las Palmas de Gran Canaria, 1968) fue el ganador con 'Los poetas feroces cuentan lobos para dormir' de ese galardón, organizado por la Diputación de Palencia en colaboración con el Ayuntamiento de Paredes de Nava, que además de incluir una dotación de 6.000 euros conllevaba su publicación a cargo de la editorial Cálamo.

Su autor presenta este volumen este sábado, a partir de las 18.00 horas, en la librería Agapea (calle José Franchy Roca, nº 13), junto a Alfredo Mesa.

Pedro Flores reconoce que el libro es un compendio «de obsesiones propias». «Un poeta necesita una obsesión y las mías vienen siendo el poema dentro del poema y la poesía dentro de la poesía. La mayoría de los poemas son una visita o una revisita a las historias, los acontecimientos y las vidas de muchos autores que tuvieron una vida feroz y una muerte aún más feroz», confiesa quien también el otoño pasado se hizo con el Premio Generación del 27 con su libro 'Los gorriones contrarrevolucionarios (y otros poemas)'.

'Los poetas feroces cuentan lobos para dormir', que a su vez es el primer verso del poema 'Nocturno y extinción' del propio volumen, apuesta de forma velada por «una reflexión sobre la poesía sobre el mismo campo de operaciones, así como sobre el paso del tiempo y la flexibilización del tiempo». «Y es que jugar con el tiempo es muy rentable para la poesía y es una cuestión que siempre tengo muy presente», confiesa Pedro Flores.

Autores a los que admira y que encajan en su concepción de «feroces» como Poe, Mallarmé, Dylan Thomas y por supuesto su admirado Vallejo, entre otros, desfilan por unos poemas que reflexionan sobre el género a la vez que retratan con una gran carga irónica un fenómeno muy extendido, sobre todo a raíz del 'boom' de internet y las redes sociales. «Hay una crítica no descarnada, velada, a los poetas que no leen poesía, que nacen en la pura indigencia. Vivimos en unos tiempos de indigencia poética. No me molesta que esa poesía se venda. Pero con el apelativo de poesía se llama a cosas que no tienen recorrido poético. Y sin recorrido, no se puede dialogar con el pasado y así es imposible. Al menos, el conocimiento de la tradición nos vale para jugar con ella y ser irreverente», defiende.

«Vivimos en una sociedad que no le da importancia a la poesía, porque no la tiene. Se admite como poesía literaria cosas que son meras exposiciones sentimentales. No me molesta. Tiene su origen en ciertas corrientes poéticas anteriores, que son más cultas y leídas, que se anclaban mucho ahí. La poesía de la experiencia de los años 80 puede ser madre de esta poesía inconsistente actual. Todos hemos empezado a escribir y hemos tenido nuestras primeras tentativas. Pero ahora muchos nacen ya con la idea del final y sin el recorrido previo. Quieren que sus ensayos ya sean aciertos», argumenta.

Respeto por el legado poético

El poema 'Hora de dormir' es una de las reflexiones más claras sobre la importancia que atribuye Flores a las generaciones de poetas precedentes. «Para dormir cuento hienas», dice su último verso. «Las hienas tienen que ver con que el poeta del siglo XXI tiene que ser carroñero, porque nos han dejado poco espacio para la originalidad y por eso hay que conocer bien la tradición. La forma de recolocar la poesía y las diferentes tradiciones llevan a estilos nuevos. No tenemos nada que inventar, lo que podemos es remezclar, comer carroña y a partir de esos retales construir una voz propia», afirma.

El poeta grancanario Pedro Flores. cober

La poesía como un vehículo para «entrampar» al lector

Pedro Flores no esconde el objetivo que, desde su óptica, ha de tener la poesía. «Mi objetivo es joder al lector y entrampar. La poesía es el arte de disfrazar, no es desnudar la palabra. Consiste en vestir aquello que todos sentimos y teorizamos, pero lo disfrazamos. Me gusta la poesía que entrampa al lector y que lo lleva a situaciones insospechadas mediante unas perspectivas que solo el poeta tiene. Me gusta el engaño al lector, no la mentira», señala.

A la hora de escribir, el autor de volúmenes como 'Coser para la calle' o 'Salir rana' reconoce que intenta «apresar un cierto espíritu común para todo el poemario». «Muchas veces el origen de los poemas es nebuloso. En los libros no se trata de ser monotemático ni uniforme, pero sí que creo que tienen que tener un cierto hilo conductor. Al final, creo que una cierta mística es la que origina la poesía y los poemas y de ese espíritu es del que tiras», dice.

El también ganador de premios como el José Hierro, Tomás Morales o Flor de la Jara, entre otros, reconoce que lograr el Jorge Manrique supuso de nuevo «una gran sorpresa». «Con los premios hay mucha hipocresía. Mucha gente dice que su poesía es demasiado excelsa y que los premios son para los poetas mercenarios y vanales. Lo dicen porque no se los ganan. Habrá premios sospechosos. Pero te puedo decir que no tengo padrinos, no tengo capacidad alguna para controlar a los jurados y a mí, sobre todo fuera de las islas, no me conoce nadie», subraya.

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