El cineasta laosiano, en la capital grancanaria. / lpafilmfestival

Kiyé Simon Luang trae desde Laos una reflexión estética y nostálgica sobre su vida y su país

'Goodbye Mr Wong', que compite en la Sección Oficial de esta 20ª edición, es la primera película laosiana que se exhibe en este certamen

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Con una mirada nostálgica hacia el pasado de su país y hacia el propio arte cinematográfico, el cine de Laos se ha hecho un hueco en la historia del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria gracias a la película 'Goodbye Mr Wong', la primera de esta nacionalidad que se exhibe en este marco y que integra la Sección Oficial a concurso de esta 20ª edición.

El cineasta laosiano Kiyé Simon Luang, de los pocos participantes del apartado de referencia del festival que se ha podido desplazar hasta la isla por la pandemia de la Covid-19, reconoce que su largometraje es un ejemplo del renacer que ha experimentado el cine en su país en los últimos años.

«En Laos, el cine paró en los años 80. Estuvimos 30 años sin producción. En el año 2.000 comenzó un renacimiento, aunque más bien podríamos decir que fue un nacimiento. Este cine supone volver a los orígenes, ya que se han perdido 30 años de memoria», apunta con pesar un cineasta que en 1976, un mes después de la cruenta revolución política experimentada por su país, se fue del mismo y tras pasar por un campo de refugiados en Tailandia se estableció en París, donde reside y ejerce hasta hoy.

«Tengo el proyecto de volver a mi país natal. Mi proyecto de cine consiste en ese viaje de retorno. Esta película, 'Goodbye Mr Wong', navega entre dos culturas, la francesa y la laosiana, y es un balance de mi propia historia y de la de mi país», señala.

Hasta el momento, Kiyé Simon Luang ha realizado tres películas, en un país en el que explica que apenas existen medios y solo hay dos salas de cine abiertas.

La ficción de esta tercera, marcada por una fotografía luminosa y cuidada hasta el último detalle y una acción repleta de simbología que se escapa a los ojos de los espectadores occidentales, cuenta la historia de France, una bellísima laosiana que, a orillas del lago Nam Ngum, es objeto de deseo por parte de un millonario chino y de un vecino. A ese enclave llega un francés en busca de su esposa, que lo abandonó un año antes.

Este director apunta que habitualmente trabaja con actores no profesionales y que filma en celuloide, no en digital. La primera película la realizó en Súper 8 y las dos siguientes en Súper 16, aclara sobre una elección «técnica y estética».

Los motivos

«La razón técnica es que en mi país estamos más acostumbrados a trabajar con cámaras de celuloide. Al rodar en un lago, la cámara se ponía en modo vigilia cada noche. La primera vez nos asustamos, porque teníamos que rodar de noche las escenas más complicadas. Probamos a secarla con un secador de mano y se activó a los diez minutos. Cada noche lo repetíamos», comenta entre risas, a la vez que añade que para visionar lo rodado tenía que esperar dos semanas, ya que enviaban el celuloide a unos laboratorios de París y posteriormente, vía 'email', su productor le decía si estaba todo correcto.

La razón estética de optar por el celuloide se debe a la «sensibilidad del paisaje de Laos». «Hay mucho polvo, porque las carreteras no están asfaltadas. Con el viento, se levanta una tierra rojiza, que hace que hasta los árboles tengan ese tono. Ese polvo genera una visión similar a la del granulado del celuloide. Además, utilizarlo es una manera de reflejar esa vuelta a los orígenes. En Laos ruedo con celuloide, si rodara algo en París, lo haría en digital», añade.

No duda en reconocer que «cada vez que hago una película sueño con volver definitivamente Laos», porque entiende que da un paso más para que esa aspiración se haga realidad.