Una escena de 'La inmortalidad',que se estrena mañana en Gran Canaria. / C7

Juventud, divino tesoro pasajero

Teatro. La compañía Delirium Teatro representa este sábado, a las 20.00 horas, 'La inmortalidad', del dramaturgo palmero Antonio Tabares, en el Centro Insular de Deportes de la capital grancanaria, dentro del Mapas Fest.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Piensas que ya lo sabes todo. Que los sueños y anhelos se van a cumplir. Que el aprendizaje académico y vital al que te enfrentas cada día te va a permitir afrontar con solvencia todos los varapalos que puedan llegar en un futuro cercano y lejano. Ya se han recibido algunos palos, pero la vitalidad propia de la edad hace que se superen con rapidez. Porque eres joven, te crees inmortal y si pones empeño, el mundo acabará rendido a tus pies. Los ideales políticos comienzan a calar en tu pensamiento y la rebeldía aflora por todos los poros.

Esta realidad juvenil sale a flote durante el desarrollo del montaje teatral 'La inmortalidad', del dramaturgo palmero Antonio Tabares, que este sábado se representa, a partir de las 20.00 horas, en el Centro Insular de Deportes (CID) de la capital grancanaria, dentro del Mapas Fest.

En este evento tuvo su puesta de largo el pasado día 3 en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, en Tenerife. Un enclave que no es baladí, ya que esta historia de ficción de Antonio Tabares transcurre en la década de los 70, precisamente en la institución educativa lagunera.

«La empecé a escribir antes de venir a trabajar a La Laguna», confiesa Antonio Tabares, que ejerce como periodista en esta ciudad tinerfeña desde hace unos años. «En La Laguna terminé de darle forma, pero con independencia de que la obra se ubique en un tiempo y en un lugar concreto, como es La Laguna de los años 76 y 77, 'La inmortalidad' habla de lo que significa ser joven. Es una etapa de la vida muy decisiva, en la que parece que te vas a comer el mundo, donde todos tus sueños se pueden cumplir. Pero al mismo tiempo, los jóvenes están llenos de incertidumbres, inseguridades y debilidades», explica el dramaturgo isleño.

La Transición

Reconoce Tabares que «cualquiera que haya pasado por la universidad» se verá reflejado en esta obra. Durante el desarrollo de 'La inmortalidad' afloran la vida en los pisos de estudiantes, en la propia universidad y la existencia en plena «Transición, un tiempo tan convulso como prometedor», señala el autor de textos tan celebrados como 'La punta del iceberg' y 'Canarias', entre otros.

«No es fácil definir esta obra. Entran muchas cosas en juego, muchos sentimientos. Nos remueve en el asiento porque refleja lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser o no ser. Muchos de los que vivieron los años sesenta y vieron los ensayos entraron en 'shock', porque ven su vida reflejada, gracias a ese viejo anhelo del teatro de ser un espejo de la realidad», explica Severiano García, director del montaje y responsable de Delirium Teatro, compañía que encabeza junto a Soraya González del Rosario.

Una escena de 'La inmortalidad', escrita por Antonio Tabares y dirigida por Severiano García. / c7

«'La inmortalidad' refleja amores y desamores que siempre son eternos, así como muchos conflictos emocionales. Antonio Tabares los maneja muy bien, les da un punto de ternura y encanto, porque es un espectáculo que está encantado. Puede parecer en algunos momentos una comedia de situaciones aparentemente ingenua que te envuelve, pero después incluye varios giros de guion que te dejan sorprendido. Así propone un viaje emocional al conflicto, que provoca al espectador una montaña rusa de sentimientos», añade el director de la obra.

Ideario como autor

Antonio Tabares reconoce que cuando escribe sus textos tiene un objetivo claro. « Si la obra me conmueve a mí, creo que también conmoverá a otros. Soy el primer lector y espectador de mis obras», aclara. Partiendo de esa filosofía, es fácil de entender que desde su punto de vista 'La inmortalidad' no va dirigida expresamente ni a un público juvenil ni a uno maduro que pasó hace años por esa juventud veinteañera.

«Las historias que se narran tienen muchos puntos en común con todos nosotros, porque se refleja una época de la vida en la que parece que todo es posible, donde pensamos que la muerte no entra en nuestros planes. El propio título hace referencia a ese estado de ensoñación en el que se vive en ese periodo de la vida», argumenta Tabares.

Aunque reitera que la obra es «puramente de ficción», sí que hay dos muertes reales que la encuadra. «Está ambientada en un periodo histórico que se enmarca entre la muerte del joven poeta Félix Francisco Casanova, que murió en enero de 1976, y el asesinato de Javier Francisco Quesada, en diciembre del 77. Fueron dos muertes muy llamativas. La de Félix Francisco llena de misterio romántico y la de Quesada tan trágica», subraya el dramaturgo.

«En la obra está el gusto y el placer por el joven poeta que murió y que se convierte casi en un hilo conductor. Es un reflejo del amor a la escritura. La obra se convierte por momentos en un canto a la juventud a través de Félix Francisco Casanova y como una lección de inmortalidad, ya que como autor consiguió serlo», añade Severiano García.

Distintas fuentes

Para dar vida a las andanzas de este grupo ficticio de jóvenes universitarios de La Laguna en los años 70, Antonio Tabares tiró de la memoria que le rodea. «No estudié en La Laguna, pero mis hermanos y muchos amigos, sí. No sé hasta qué punto imaginas mucho a partir de lo que escuchas y te cuentan. La Transición siempre me ha parecido un periodo muy rico en historias y que ha sido poco tratado hasta el momento. Parece que hace falta más perspectiva, pero seguimos hablando de historias de la Guerra Civil y la postguerra, mientras que de la Transición han pasado ya casi 50 años. Va siendo hora de reflejarla, porque es una parte de nuestra historia muy rica», reconoce.

Tres de los intérpretes del montaje, en una escena. / c7

A estas consultas y entrevistas realizadas para sacar ideas para este proyecto, el autor palmero le sumó su propia observación. «Al estar en La Laguna viviendo, he hecho una tarea de oteador de los jóvenes que me encuentro en la calle, de mis propios hijos que van alcanzando ya esa misma edad. Me resulta muy satisfactorio que los jóvenes que han visto la obra se identifiquen y se reconozcan en las historias que viven los protagonistas. Muchos jóvenes harán un viaje de descubrimiento que les permitirá ver que sus padres no eran tan distintos a ellos. Mientras que los que ya tenemos una edad nos identificaremos con aquella época juvenil, sin nostalgias impostadas», comenta.

«Los jóvenes que ya han acudido a ver 'La inmortalidad' salen con ganas de pelear y unirse a algo. Tienen un sentimiento de convulsión al ver las luchas políticas que se describen y poder comprobar que en algunas cosas no ha cambiado nada, mientras que en otras sí, que gracias a aquellos cambios y muertes vivimos ahora un tiempo de libertades. Los movimientos estudiantiles de aquellos años estaban unidos a los obreros y sí que sirvieron para muchas cosas», defiende Severiano García.

Quinteto de jóvenes protagonistas

El quinteto protagonista está integrado por: Silvia Criado, Delia Hernández, Abel Moral, Daniel Sanjinés y Javier Socorro.

«El montaje tiene un doble riesgo. Apostar por un reparto tan joven siempre es arriesgado. Algunos actores incluso nunca habían actuado antes, pero tengo que reconocer que están espléndidos. Lo sacan adelante con un sobresaliente. Se han sentido muy identificados con los propios personajes y se dejan la piel», destaca Antonio Tabares.

El director tinerfeño reconoce también el peligro que entrañaba esa juventud. «Fue complicado encontrar a los cinco jóvenes. Hacer casting siempre es difícil y si encima es en busca de jóvenes, aún más. No abundan los jóvenes intérpretes en las islas. Cualquier joven tiene que pensar en irse fuera, porque aquí no hay trabajo suficiente y unas posibilidades aceptables a corto plazo. Hay que buscarlos con mucho esmero y dedicarles tiempo, porque uno de los puntos fuerte de Delirium Teatro es el trabajo actoral. Apostamos por gente que entienda el teatro con una visión similar a la nuestra. No nos vale cualquiera. Entender lo que nosotros queremos necesita un periodo de adaptación y la inexperiencia también juega su papel. Pero han puesto tantas ganas que incluso nos hemos retroalimentado», dice García.

El otro riesgo al que alude Tabares es que no se trata de una «obra corta». «Sobrepasa de largo la hora y media y cada vez el público está menos acostumbrado a estar ese tiempo sin ver el móvil. Pero la obra tiene un ritmo frenético, los actores llevan a los espectadores del cuello y se pasa sin solución de continuidad de momentos tensos a otros dramáticos, oníricos y hasta humorísticos. No hay que olvidar que la juventud es una etapa de la vida en la que te ríes y lloras mucho», asegura sobre un montaje que ya tiene fijada paradas en el Teatro Leal y en La Palma, lo que confían en que sean los primeros pasos de una amplia gira por las islas durante los próximos meses.

El circuito regional sigue sin funcionar

Tanto Antonio Tabares como Severiano García coinciden en que se trata de un terreno muy mejorable. «El circuito regional canario sigue siendo una entelequia. No es normal que a una compañía de Gran Canaria le cueste dios y ayuda actuar en Tenerife u otra isla, y viceversa. Es una base que hay que asentar antes que cualquier otra cosa», apunta el palmero.

«Seguimos sin un circuito regional que funcione. Los montajes tienen que girar de una forma estable por las dos provincias y no como ahora, sobreviviendo a duras penas. Delirium es de las compañías que más trabaja y hacemos solo una media de 35 funciones al año y con una sola obra, una media de 35 funciones en cuatro años. Es poquísimo», denuncia Severiano García.