La artista visual catalana Rosa Brugat. / C7

«Intento ofrecer otras miradas artísticas que a veces incomodan»

La artista visual catalana exhibe en la Casa de Colón el proyecto denominado 'Los Sueños de Fátima'.

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

Rosa Brugat (La Junquera, Gerona, 1956) es una artista visual que investiga el sentido social y antropológico de las personas, en particular de las mujeres, y que defiende el trabajo de campo antes de emprender una obra artística. Estas son las premisas que ha seguido al pie de la letra para crear 'Los sueños de Fátima', una iniciativa visual compuesta por varias instalaciones y una muestra fotográfica que refleja la dureza de la vida de los habitantes bereberes del desierto del Sáhara a través los ojos de una niña, Fátima, que integra la muestra que acoge la Casa de Colón, antes de que emprenda una gira por el resto de España.

-¿Se considera una rebelde?

-Sí, tengo la necesidad de hacer algo por todo lo que no me parece justo y lo hago de la manera que se me da mejor, que es a través del arte. No seguir al rebaño a veces crea conflictos.

LA EXPOSICIÓN

-Es usted una artista multidisciplinar (vídeo-arte, fotografía, performance, instalaciones...), pero su obra siempre está marcada por un gran contenido social. ¿Es imprescindible la conciencia social en sus proyectos o es solo el arte por el arte?

-Es muy importante el contenido social precisamente para crear conciencia social, quiero expresar mi punto de vista sobre el tema en que estoy trabajando en cada momento y transmitirlo siempre de manera personal.

-Sus proyectos artísticos no dejan nunca indiferente. ¿Cree que es porque nos enseñan lo que no queremos ver?

-Supongo que sí. Intento dar otras miradas artísticas que a veces pueden incomodar. Por lo general, a la gente no le gusta pensar, se esconde. No solo no les interesa, sino que intentan tapar lo que no les gusta. Quizás es porque nos han inculcado que debemos ser felices y que tenemos que serlo. Por eso, todo lo que no nos gusta lo escondemos.

-La exposición que presenta en la Casa de Colón es fruto de su experiencia en el Sáhara. ¿Cómo entra en contacto con la vida de esta comunidad que sobrevive en pleno desierto?

-Ya había realizado varios viajes a Marruecos, pero no conocía el Sáhara, que siembre encontré fascinante. Tenía ganas de ver las noches estrelladas del desierto y conocer sus gentes, fotografiar sus puestas de sol y sus amaneceres. De hecho, llevaba en mi mochila el uniforme de criada 'Chacha' (que es un proyecto en progreso, que ideé, precisamente, para señalar principalmente las diferencias de clases en lo social, político, clero...) Encontré a unos chicos fotógrafos que estaban planificando el recorrido que me interesaba y me apunté.

-¿Qué va a encontrar el espectador en 'Los sueños de Fátima'? ¿Quién es Fátima?

-En este proyecto intento transmitir lo que viví allí, lo feliz que se puede ser con poco y, cómo pueden influir en su vida los escasos turistas que pasan por allí desde que no pasa el París-Dakar. Fátima es uno de estos niños de la aldea, que se me pegó y me acompañaba por todas partes, invitándome incluso a su casa a tomar té (la casa era lo que podríamos decir una choza). Era una niña muy vivaracha, que debía tener unos nueve años, pero tenía ya una gran madurez.

-Las Islas Canarias tienen una conexión muy especial con el Sáhara Occidental, territorio en permanente conflicto. ¿Cuál es su visión personal de la situación desde el terreno?

-La parte en la que estuvimos está muy cerca del Sáhara Occidental y aunque es un territorio de Marruecos, vimos muchas banderas saharauis y también oí algún comentario acerca de su deseo de ser un pueblo libre. Mi opinión a este respecto es que quizá un referéndum podría ayudar en la situación, aunque veo muy improbable que se logre hacer, como no sea con mediación internacional.

-La exposición 'Los sueños de Fátima' presenta un lado oscuro del Rally París-Dakar, el enorme impacto que crea en el entorno, por no hablar de los accidentes que ha provocado. ¿Qué reivindicación lleva implícita su obra en este sentido?

-Principalmente reivindico los impactos emocionales que puedan surgir de estas invasiones. Sí que es verdad que estos eventos llevan dinero, pero el precio a pagar es alto: accidentes, contaminación, destrucción del paisaje... Se crean incluso infraestructuras que luego se abandonan. Nosotros tuvimos la oportunidad de hospedarnos en uno de los hoteles abiertos con motivo del Rally y estaba en unas condiciones lamentables, casi en estado de ruina.

-'Los Sueños de Fátima' es un proyecto multidisciplinar que se presenta por primera vez en Canarias. ¿Qué proyección piensa que pueda tener esta iniciativa a partir de ahora?

-La intención es mover la exposición, después de su estreno en Canarias, por la Península y si se pudiera llevar una parte a la escuela de Fátima, en el Sáhara, acompañado de unos talleres o algo parecido, sería genial.

-En lo que se refiere a proyectos anteriores, usted ha abordado, por ejemplo, el desconocido mundo de la prostitución masculina en el documental '100/hora'. ¿Se trata de desmontar tópicos?

-En primer lugar, quiero dejar claro que yo soy abolicionista. Este proyecto lo hice para que se hablara de la prostitución en general, y de los gigolós en particular. Los hombres prostituidos son como un tabú, no se habla de ellos y menos de las mujeres que los usan. Se ha escrito y hablado muchísimo sobre las prostitutas, pero poquísimo de los gigolós. El vídeo aborda, en ese sentido, las diferencias entre sexos en cuanto a la prostitución.

-'Chacha' es una performance que lleva desarrollando varios años. En ella Rosa, la artista, vestida como una criada clásica, recorre diferentes lugares, desde Senegal a ferias de arte contemporáneo, haciendo visible un oficio que muchas veces negamos ver. ¿Cuál es el objetivo?

-'Chacha' es un personaje que he creado para señalar las injusticias sociales con las mujeres a través del arte. En el ámbito artístico, por ejemplo, las mujeres expuestas siempre son minoría. También ocurre en la iglesia, donde no podemos ser papa, por ejemplo. Lo mismo ocurre en la política. Hay muchos sitios en los que encontramos el techo de cristal. Cuando llevé el proyecto a Senegal reivindicaba la igualdad entre blancos y africanos, siendo yo su sirviente.

-Hay que hacer visible lo invisible...

-Sí, creo que es un deber del artista.

-La cuestión de género siempre aparece de una u otra manera en su obra. ¿Sólo una mujer puede transmitir el alma femenina a través del arte?

-Sí, supongo que sí. La mirada de un hombre siempre será distinta, es un punto de vista diferente, sin duda. Esto no quiere decir que yo haga solo proyectos de género, me interesan mucho también otros temas como la antropología y las humanidades sociales y, sobre todo, investigar sobre ello.