Un grupo de visitantes observa la restauración del cuadro, que se hizo de cara al público. / R. C.

El hombre de armas decapitado

Dos restauradoras del Museo Thyssen han devuelto los colores originales al 'Joven caballero en un paisaje', cuyo tonos aparecían apagados por una capa de barniz

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Mucho se ha hablado de quién era este caballero de afilado rostro y apostura elegante. ¿Quién podía ser este personaje que domina la escena y agarra una espada con mirada melancólica? Unos lo tomaban por santo. Otro por duque. Ni unos ni otro llevaban razón. La hipótesis más plausible es que a este hombre que desprende galanura a chorros le tocase en suerte un destino fatal. Defensor de la plaza de Venecia, fue capturado y decapitado por los turcos. Estamos, según la versión ofrecida en 2017, ante el capitán Marco Gabriel, cuya divisa, «antes morir que deshonrado», hace sospechar que pertenece a la orden del Armiño. Hasta hace poco su figura presentaba un tono un tanto apagado, hasta que una esmerada restauración ha hecho que su porte luzca con más prestancia si cabe.

Restaurar un cuadro depara a veces agradables sorpresas. Es lo que le ha ocurrido al Museo Thyssen Bornemisza con la limpieza del 'Joven caballero en un paisaje', de Vittore Carpaccio (1505), obra que durante un tiempo estuvo atribuida a Alberto Durero. Los colores del lienzo estaban amarilleados y desvaídos por la oxidación del barniz, mientras que las perspectivas aparecían aplanadas. Tras la retirada de la película protectora, los blancos son ahora más luminosos, el cielo se reviste de un azul más intenso y los edificios han recobrado los tonos rosas propios de la arquitectura veneciana. Hasta la armadura que luce el protagonista exhibe una textura más metálica.

El lienzo, cuya restauración se ha hecho de cara al público, se puede ver en la pinacoteca dentro de las actividades organizadas con motivo del centenario del nacimiento del barón Thyssen-Bornemisza. Para dar mayor resalte a la tela, la sala donde se expone está envuelta en una luz tenue que evoca la de una capilla.

Marco Gabriel era un militar destacado en la defensa de la plaza fortificada de Modone, uno de los puertos estratégicos de Venecia, donde fue apresado y ajusticiado por los turcos, según la versión del experto Augusto Gentili. Esta hipótesis explicaría la existencia de la ciudad amurallada que aparece en la pintura y la fortaleza derruida a la izquierda de la composición, de la que sale la sobresale la figura ecuestre.

Las restauradoras Susana Pérez y Alejandra Martos se encontraron con que la capa de pintura era muy fina, con lo que hubo que extremar el cuidado, La tela en sí también era muy delgada, aunque contaba con otra de refuerzo que se decidió preservar. Las cuatro esquinas sufrían desgarraduras que hubo que reparar con injertos de telas similares. Uno de los aspectos más problemáticos a que tuvieron que hacer frente es que el cuadro fue restaurado en 1957, operación que se hizo de una forma bastante agresiva y que hizo que se desprendieran partículas de pintura. Ello obligó a que las restauradoras cubrieran con acuarela las minúsculas pérdidas. La reparación apenas es perceptible para el ojo humano y sólo se aprecia con el uso de un microscopio.